Tuesday, January 19, 2021

ARCE Y LA ECONOMÍA BOLIVIANA

 

Si algo tienen en común los gobiernos neoliberales en la región, es que la eficiencia ha demostrado ser un ingrediente más de su propaganda y uno menos de su gestión.
Bolivia no ha sido la excepción, y apenas 11 meses de gestión económica de Áñez bastaron para dañar la estabilidad de la economía con mejor desempeño del continente de la última década y para empobrecer las familias. La caída del PIB de Bolivia en 2020 superará el 8%, un registro que si bien no destaca en contraste con sus vecinos, sobresale porque es el único país que en plena pandemia, en lugar de estimular la economía, ¡tomó medidas de ajuste!. El estudio realizado por el CEPR (Economic policy responses to a pandemic: Developing the Covid-19 economic stimulus index) muestra que Bolivia está entre los países de América Latina que menos impulso fiscal dedicaron para enfrentar la crisis generada por la pandemia: menos del 0.5% del PIB (frente al 2% promedio global). En este breve y destructivo ciclo de neoliberalismo, Bolivia generó más de un 1 millón de nuevos pobres durante la (indi)gestión de Áñez.
La contundente victoria electoral del MAS en octubre sentó las bases para que a partir de noviembre, con el nuevo Gobierno, comenzara a suministrarse el antídoto. En tan solo dos meses, Luis Arce se puso manos a la obra y llevó a cabo un amplio despliegue de políticas económicas, que se podrían agrupar en tres ejes: 1) humanitarias (para los más necesitados), 2) ordenar la casa y 3) volver a crecer:
Humanitarias
Lanzamiento del Bono contra el hambre, equivalente a unos 140 dólares entregados mensualmente entre diciembre y marzo, que constituye un suplemento directo a la vena de los más necesitados para enfrentar la urgencia social.
Nuevo régimen de reintegro del IVA, que devuelve un 5% del precio neto a quienes tengan salarios por debajo de los 1.250 dólares, medida que mejora el ingreso de las clases medias y bajas.
Aumento de 3,4% en los ingresos de los jubilados para 2020.
Disminución del precio de los alimentos gracias al restablecimiento del Certificado de abastecimiento interno para la soja, de tal forma que la industria deberá destinar un mínimo de 15% de harina solvente a precio justo al mercado interno.
Ordenadoras
Final de la fiesta de 11 meses de contrabando: intensificación de la supervisión aduanera, crecimiento notable del número de decomisos y detenciones de funcionarios amañados.
Abrogación de decretos de Áñez perjudiciales para los intereses del público, tales como: a) decreto que autorizaba el uso de semillas transgénicas; b) decreto que difería el Impuesto a las Utilidades de las Empresas UIE, la rebaja de la base imponible del impuesto a las transacciones; c) decreto que permitía la libre exportación agropecuaria, de pollo y carne, y eliminaba el requisito del certificado de abastecimiento interno; d) decreto que extendía la explotación del registro mercantil sin respetar debidos procesos; e) decreto que habilitaba la importación de vehículos usados, que daña el medioambiente, la balanza comercial, envejece el parque automotor y deteriora los ingresos fiscales.
Desactivó juicios de arbitraje internacional por incumplimiento de pagos con la firma Dopprlmayr, la empresa austríaca proveedora de Mi Teleférico por deudas no canceladas durante el Gobierno de facto.
Emisión del Bono Navideño, para incentivar el ahorro de pequeños ahorristas.
Extensión del Alícuota Adicional del 25% de la alícuota al Impuesto a las Utilidades (AA-IUE) si su rentabilidad supera el 6%, que hasta ahora sólo afectaba a los bancos y otras empresas financieras.
Sanción del impuesto a las grandes fortunas, que logrará que unas 150 familias contribuyan al esfuerzo común de sacar el país adelante.
Volver a crecer
Se ordenó la capitalización del 100% de los beneficios de 2020 de la banca y otras entidades financieras, con el objetivo de fortalecer el sistema financiero, aumentar la solidez de los bancos y expandir el crédito (ya que no podrá ser distribuido como dividendos).
Reprogramación y refinanciamiento automático de créditos cuyas cuotas vencieron durante la pandemia, que serán diferidas sin penalidades ni recargas.
Creación y reglamentación de dos fideicomisos para la reactivar la industria nacional y el combate al contrabando que atenta contra la producción nacional, especialmente de textiles, que resurgió durante el gobierno de Áñez.
Créditos de fomento agrario al 3% anual de interés.
Reactivación de la construcción del tren metropolitano cochabambino (más de 17 millones de dólares de inversión).
Reactivación de la planta procesadora de banano de Unabeni.
Más de 5 millones de dólares invertidos en BOA, empresa que estaba en proceso de desguace para venderla a precio de saldo (abandono de rutas rentables, retraso pagos tributarios y del mantenimiento de las aeronaves).
130 millones de dólares destinados a créditos para reactivar la industria nacionales, al 5% de interés y hasta 10 años de plazo, con el principal propósito de sustituir importaciones de bienes finales e intermedios.
Reactivación de plantas y proyectos productivos paralizados, en particular la industria del litio y la planta de urea paralizados por problemas técnicos, sospechosos de haber sido plantados para facilitar la apropiación privada a precio de saldo.
El Arce-presidente no ha dejado de ser Arce-economista. El conjunto de acciones tomadas en este corto periodo de tiempo tiene un objetivo claro: que Bolivia retome la senda de una economía eficiente y con rostro humano, y que se logre a la mayor brevedad posible. Y, por ahora, va en el camino correcto.
Celag Org. De Argentina (https://bit.ly/35WkeU2)
 
 
 
 
 
NO AL ENCIERRO. LA ESTRATEGIA DE ARCE EN BOLIVIA
 
L´ Antidiplomático de Italia (https://bit.ly/2XVTzCp)
 
Cierre de emergencia. Nos enteramos de esta fea palabra importada del idioma inglés con el estallido de la pandemia. Para algunos, parece haberse convertido en una religión real. El confinamiento, con sabor medieval, como única medida posible para frenar la propagación del nuevo coronavirus responsable de la pandemia del covid-19. 
Hay quienes, en cambio, creen que existen otras alternativas a los cierres prolongados. El presidente boliviano Luis Arce, por ejemplo, cree que "confrontar no significa bloquear a los bolivianos en sus hogares en una estricta cuarentena, resistir no significa que los militares y la policía, en lugar de defender a la población, deban defenderla del coronavirus". 
El presidente tiene ideas claras sobre cómo detener el virus en Bolivia. Según Arce, la masiva campaña de prueba iniciada en el país andino permitirá a Bolivia superar los efectos nocivos del bloqueo total decretado el año pasado por el gobierno golpista para remediar la incapacidad de los golpistas del libre mercado para enfrentar mejor el estallido de la pandemia. 
“Queremos identificar a la mayor cantidad de personas que tienen el coronavirus, pero no dejarlas morir, queremos que a través de nuestros gobiernos subnacionales se las ponga en aislamiento, las podemos curar, podemos solucionar su problema antes de que pase lo peor”, explicó Arce ofreciendo una solución muy racional al problema que puede permitir que Bolivia reinicie con total seguridad. 
Luego, Arce agregó que las pruebas masivas ayudan a brindar una respuesta rápida y efectiva contra el coronavirus con el apoyo de los servicios de salud departamentales y municipales, los trabajadores de la salud y la propia población.
"A fines de este mes se espera que llegue un primer lote de vacunas que inocularemos a nuestros hermanos médicos (...), nuestras enfermeras, el personal de limpieza y nos preocuparemos por todos", agregó el mandatario. .
En dos meses de gestión, el actual gobierno ha garantizado el suministro de al menos 2,2 millones de pruebas diagnósticas, según fuentes oficiales.
El objetivo es inmunizar al cien por cien de la población vacunable mayor de 18 años de forma voluntaria y progresiva.
El gobierno golpista de facto de Jeanine Áñez, que abandonó el escenario a principios de noviembre pasado, ha llevado a Bolivia a las negociaciones para la compra de vacunas tres o cuatro meses atrás de otros países, dijo el mandatario.
Por eso "queremos detectar para curar y aislar, y no llegar a las condiciones extremas que nos ha hecho vivir el gobierno de facto, esa es la estrategia", dijo Arce.
En resumen, un claro ejemplo de una estrategia diferente proviene de Bolivia. Frente al virus, pero al mismo tiempo conviviendo con él permitiendo que el país se reinicie, la gente vuelva a sus vidas. Sentido común que en nuestras latitudes parece ser un bien escaso. 
 
 
 
 
 
"AGUANTAR Y RESISTIR": EL GOBIERNO BOLIVIANO SIN PLAN PARA ENFRENTAR LA PANDEMIA
 
El Gobierno boliviano de Luis Arce afirmó que para enfrentar el nuevo rebrote del covid-19 hay que “aguantar y resistir”. Las 20 medidas de Arce son una improvisación pragmática y demagógica ante la ausencia de un plan integral. Colapso del sistema de salud.
 
Izquierda Diario de Argentina (https://bit.ly/36b6aXd)
 
Tras la reunión de gabinete ampliado del pasado viernes, el presidente boliviano Luis Arce Catacora, mediante Decreto Supremo 4451, estableció 20 medidas para paliar la crisis sanitaria que se encuentra en una fase alta y muy crítica en el país. Arce identifica al modelo neoliberal como el causante de la inacción de su Gobierno en estos meses, en sus palabras “el neoliberalismo aún se encuentra en las instituciones del Estado”.
Las 20 medidas del decreto 4451 buscan que las gobernaciones y alcaldías dispongan de dinero para realizar acciones que contengan el covid-19, pero bajo un estricto control estatal. Más de una alcaldía y gobernación, controladas por los golpistas, ya se quejaron sobre el control que quiere ejercer el Gobierno de esos recursos señalando que no son tan “libres”. Esta confrontación de Gobierno, alcaldías y gobernaciones departamentales se reducen a una discusión administrativa de quien se hace cargo de la pandemia. Una discusión absolutamente aberrante cuando día a día los contagios van en aumento y nadie define una acción concreta.
Otro cálculo nefasto por parte de los golpistas, como el ex senador Oscar Ortíz (un directo representante de la agroindustria) y el legislador de Unidad Demócrata (UD) Amílcar Barral, es postergar las elecciones subnacionales (regionales) en 60 o 90 días, elecciones que oficialmente se tienen que realizar en marzo. La pandemia es el motivo con el que buscan mantenerse en los cargos públicos aquellos que fueron sostenedores de la gestión desastrosa del golpismo.
Al 16 de enero los contagios van en escalada. Datos oficiales del ministerio de Salud reportan un promedio de 1500 a 2000 contagios diarios a nivel nacional. Con un promedio nacional de letalidad del 5% en un momento donde no se pueden encontrar unidades de terapia intensiva y donde nuevamente la gente empieza a morir en las calles como lo vimos durante la primera ola de la pandemia.
No existe un plan integral para enfrentar la crisis sanitaria. El Gobierno de Arce sede a los empresarios que tienen sed de ganancias que no quieren cuarentena rígida y tampoco exige las medidas de bioseguridad en los distintos lugares de trabajo. Miles de trabajadores y trabajadoras se encuentran expuestos al contagio sin ningún tipo de garantía de salud para su labor. Tímidamente el Gobierno está repartiendo kits de medicamentos solo a ciertos sectores. Al igual que en la primera ola hoy las empresas farmacéuticas, los laboratorios y las clínicas privadas están volviendo hacer grandes negocios con la desgracia de la población en general.
El Gobierno tampoco tiene un plan económico definido pese haber sembrado mucha expectativa en la población sobre la recuperación de la economía. Un ejemplo de ello es el actual conflicto con el sector de transporte donde los bancos se niegan a aceptar un nuevo diferimiento de pago de intereses y capital para los créditos que fueron otorgados a este sector. Ante esta negativa los transportistas han anunciando un nuevo paro de 48 horas para este martes y miércoles.
Pese a que Luis Arce acusa al Gobierno de facto de Jeanine Áñez de haber detenido proyectos energéticos del Estado, el acuerdo o conciliación con los terratenientes, banqueros y empresarios aún no se vislumbra.
En este escenario y de cara a las subnacionales se expresan las fisuras internas en el MAS que vienen desde el golpe de Estado. Las divisiones internas van desde sectores que piden renovación y ven en ella la “oportunidad” para ocupar cargos en el Estado, son una camada de jóvenes profesionales reformistas tecnócratas que apuestan a la eficiencia del Estado y las empresas estatales. Otro sector lo comanda Evo Morales con los seguidores de la gestión de 14 años que amparados en amistad y clientelismo están propugnando un cargo público. El otro sector es el que con “sillazos” de por medio no está de acuerdo con el dedazo del caudillo Evo Morales, pero son el sector burocrático de los movimientos sociales y sindicales que se acostumbraron a vivir del Estado. Ejemplos los tenemos en la COB (Central Obrera Boliviana), COD (Central Obrera Departamental) y la CORes (Centrales Obreras Regionales), y sectores de dirigentes campesinos burocratizados. Todos estos sectores miran de manera utilitaria a los que lucharon contra el golpe de Estado.
Los disidentes del MAS o que rompieron con el partido por estas elecciones subnacionales como Eva Copa, intentan mostrarse como una renovación que dio la cara en el golpe de Estado. Efectivamente dieron la cara, pero aparecieron para conciliar y dar legalidad al golpismo.
Eva Copa en estas elecciones subnacionales es candidata a alcaldesa para la ciudad de El Alto, no se presenta con el MAS sino con la Alianza Jallalla que encabeza Felipe Quispe Huanca, conocido como el Mallku, quien a pesar de tener un discurso radical indianista y que a diferencia de Eva Copa y el MAS, enfrentó al golpismo, hoy cede a la reivindicación de símbolos y valores religiosos cristianos que fueron simbología contundente de quienes perpetraron el golpe, además de no contar con un proyecto político alternativo al capitalismo semicolonial.
Ideológica y políticamente el MAS está en crisis; el supuesto horizonte socialista ya lo había venido descartando -al conciliar y negociar sistemáticamente con la burguesía del país a costa y en desmedro de los intereses del pueblo trabajador-, para llevar adelante el proyecto de un capitalismo andino como había teorizado el ex vicepresidente, Álvaro García Linera. A la vez que el sector indígena fue reduciéndose a su mínima expresión en la primera gestión del MAS y hoy es representado por el vicepresidente David Choquehuanca, expresión del ala más conciliadora y de derecha del movimiento indígena. El indigenismo intenta ser reformulado en una versión 2.0 pero objetivamente el peso de este sector en el partido que maneja el Estado es mínimo.
En todo este escenario existen sectores críticos que estuvieron en la resistencia contra el golpe y están en busca de justicia para los procesados y víctimas del golpe de Estado. Este sector se distancia de los Evistas y los neomasistas.
En el escenario nacional la derecha está dividida en mil pedazos al haber propiciado el golpe de Estado y una pésima gestión de la pandemia. Los golpistas para las elecciones subnacionales están divididos y disputan intereses regionales. Están los separatistas como Camacho que vuelve con su proyecto federalista con su fórmula Creemos. Por otro lado disputan candidaturas para las subnacionales el empresario del cemento y ex candidato a vicepresidente de Áñez, Doria Medina así como el partido de centro-derecha, Comunidad Ciudadana de Carlos Mesa, todos éstos peleados con Sol.Bo por los intereses de controlar la alcaldía de la sede de Gobierno. Es decir, vemos una decena de candidaturas separadas por intereses particulares como el caso del médico Luis Larrea, por libre 21, Luis Revilla presenta a Álvaro Blondel por Sol.bo todo este bloque fue quienes organizaron a la clase media para el golpe de Estado de noviembre de 2019. Sin embargo, esta división, no se confunda con debilidad. La derecha como lo demostró el golpe, esta enraizada en los más poderosos intereses terratenientes, agroindustriales, empresarios y banqueros del país. Ellos no dudarán en organizar a los grupos paramilitares del país para defender sus intereses.
A medida que la crisis económica y la pandemia van haciendo estragos en el país, las y los trabajadores y trabajadoras, del campo y la ciudad, formales e informales, las mujeres, campesinos e indígenas y los sectores pobres no estamos viendo respuestas claras por parte del Gobierno. Los campesinos solo ven dirigentes arribistas que no piensan en los jóvenes campesinos que están en las ciudades sufriendo desempleo y precarización del trabajo. Las mujeres están sufriendo el triple por el desempleo o con los peores trabajos y con el riesgo de ser asesinadas por el machismo imperante.
Desde la LOR-CI organización política obrera y socialista que impulsa La Izquierda Diario Bolivia hemos estado con los que resistieron el golpe de Estado en Senkata y Sacaba y hemos contribuido, desde nuestras páginas, a romper el brutal cerco mediático impuesto por los golpistas. Hemos enfrentado arrestos de nuestros corresponsales que estaban en solidaridad con los procesados y asesinados por los golpistas. Hoy en tiempos donde la crisis económica y la pandemia están haciendo estragos en la población es urgente organizarnos y luchar por salvar vidas, por salud y por trabajo, por todo esto llamamos a organizar una gran campaña y empezar por:
   Exigir la nacionalización, sin indemnización y bajo control de sus trabajadores, de hospitales y clínicas privadas, de laboratorios y farmaceúticas que hoy están lucrando con la salud del pueblo. Los y las trabajadores en salud, que cada día luchan en primera línea y son explotados y precarizados por los propietarios de hospitales privados, deben ser los encargados de hacer funcionar los hospitales, controlando, administrando y dirigiendo la lucha contra el COVID-19.
   Es urgente que el Estado dote masivamente de condiciones de bioseguridad para todos los y las trabajadores, en las oficinas, fábricas, talleres, mercados, servicios, transporte, etc. También se debe exigir que en el sector privado se doten de equipos de bioseguridad para la atención además de pruebas PCR financiadas y pagadas por los empresarios.
   Debemos exigir la apertura de los libros de contabilidad de las fábricas que cierran en la pandemia y puestas a funcionar bajo el control de sus trabajadores. Los empresarios han visto como la mejor oportunidad cerrar y despedir trabajadores en las empresas, luego que en estos 14 años han crecido sus ganancias como nunca antes en el país. Inventan quiebras para deshacerse de sindicatos y trabajadores.
   Expropiación de toda fábrica que cierre o despida y pasen a manos de sus trabajadores con financiamiento estatal. En estos casos de empresarios que declaran quiebran y luego desaparecen abandonando a cientos de trabajadores el estado tiene que financiar y garantizar los puestos de trabajo.
Basta de que los costos de la crisis y los muertos de la pandemia los siga poniendo el pueblo trabajador. Debemos impulsar y llevar adelante un plan de exigencia y de lucha para que la crisis económica y sanitaria la paguen los sectores agroindustriales, empresarios y banqueros del país. En estos últimos años los banqueros triplicaron sus ganancias, los agroindustriales se beneficiaron de las ventas de materias primas y los empresarios con ganancias superiores al neoliberalismo fueron beneficiados con apoyo financieros por el Gobierno, es hora que ellos paguen la crisis.
 
 
 
 
 
ORGANIZACIONES INDÍGENAS DE BOLIVIA BUSCAN GANAR PODER TERRITORIAL EN LAS ELECCIONES SUBNACIONALES
 
Sputnik News de Rusia (https://bit.ly/2XRF1DM)
 
Representantes de pueblos indígenas de Bolivia están en campaña para las elecciones subnacionales de marzo próximo. Esperan así acabar con el tutelaje político de los partidos tradicionales y defender mejor sus territorios.
Para las elecciones subnacionales del 7 de marzo próximo, 13 organizaciones indígenas de todo el país presentarán sus candidatas y candidatos propios para cargos municipales y departamentales. A pesar de que no poseen los recursos de los grandes partidos políticos para promocionar sus propuestas, confían en su conocimiento del terreno y en la cercanía con sus electores para avanzar en el cumplimiento de sus necesidades.
"Es un avance que se reconozca y, fundamentalmente, que no se ponga obstáculos a que las organizaciones indígenas puedan habilitarse como instancias de representación política para terciar en las elecciones", dijo a Sputnik Leonardo Tamburini, abogado que desde hace 25 años brinda asesoramiento jurídico al movimiento originario del oriente del país, donde confluyen las regiones amazónica, chaqueña y los llanos.
Según la ley, desde 2004 las organizaciones indígenas tenían la oportunidad de presentarse como agrupación ciudadana, pero los múltiples y difíciles requisitos no facilitaban su participación. Por ello no lo hacían, salvo casos aislados y poco exitosos. Generalmente, cuando competían era a través de algún partido político ya establecido. Pero si eran elegidos, los candidatos indígenas tenían pocas chances de defender la independencia de su pueblo, ante los siempre aceitados aparatos partidarios.
Desde las elecciones de octubre de 2020, cuando Luis Arce ganó la presidencia, se permitió participar a las organizaciones indígenas con requisitos menos complicados. Además, por primera vez pudieron presentar candidatos nacionales a la presidencia y vicepresidencia. Hasta ese momento, los pueblos originarios solamente podían aspirar a cargos departamentales o municipales.
René Melgar, del pueblo indígena mojeño, es candidato a alcalde de Loreto, en el municipio amazónico de Beni, por la Central de los Pueblos Étnicos Mojeños del Beni (CPEMB). En diálogo con Sputnik remarcó que "es muy importante que los pueblos indígenas puedan candidatearse. Durante muchos años han sido utilizados en las campañas políticas para que den su voto. La gente indígena ha luchado mucho tiempo para que se la tome en cuenta y poder aplicar la verdadera democracia".
Melgar destacó que su candidatura tiene el apoyo de las 52 comunidades que conforman este municipio mayormente ganadero. "Creo que la nueva forma de elegirnos va a determinar una nueva forma de hacer las cosas, siempre tomando en cuenta la decisión de la mayoría", aseguró. Y reveló que anteriormente las candidaturas locales eran digitadas por los jefes de partidos políticos, ajenos a su realidad.
"No es posible que haya personas que desde lejos puedan poner candidatos. Si alguien no vive en la comunidad, ni vive en la zona, no tiene derecho a poner candidato", afirmó.
"Eso ahora está cambiando. Creo que era un paso importante que nunca pudieron dar los partidos políticos. Por eso ahora la CPEMB les está dando clases. Es fuerte el apoyo que tenemos en las comunidades y en algunas ciudades del departamento", agregó.
Las propuestas
Melgar comentó que las comunidades de Loreto viven al margen de los ríos que atraviesan este departamento selvático y húmedo, que en la actual época de lluvias sufre por inundaciones. "El que la vive la sabe. Sé lo que la gente que vive cerca de los ríos está sintiendo. Los comunarios me están pasando videos en los que están con el agua hasta arriba. Algunos están cosechando su yuquita y subiéndola a las zonas altas", comentó.
El candidato indígena indicó que faltan caminos para acceder a este municipio, distante a 54 kilómetros de la ciudad de Trinidad, la capital departamental. De hecho, Melgar hace su campaña en bote, yendo de comunidad en comunidad, situadas junto a los ríos.
"Tanto el campesino, el indígena, el empresario y el ciudadano se quejan por la falta de vías de acceso. Es una odisea transportar nuestros productos. Cuando los ríos están altos podemos usarlos para llevar la producción a Trinidad, pero igual se gasta en ese trajín un montón de dinero", explicó Melgar, quien se dedica a la ganadería.
En época de lluvias, como ahora, los caminos están cubiertos de agua. "Necesitamos tener una carretera estable todo el tiempo. Todos coinciden en lo mismo: llegar más rápido, abaratar costos para traer productos que no se consiguen en la comunidad", dijo. Y comentó que también se necesita mejorar la atención de salud, trayendo a más profesionales.
"Además vamos a empezar a prepararnos para que el turismo ingrese a nuestra zona. Queremos aprovechar la gran riqueza de flora y fauna que tenemos en los ríos, una infinidad de cosas que en otros países no hay", expresó el candidato loretano.
Además de la CPEMB, participarán de las próximas elecciones el Consejo de Ayllus de Jacha Carangas, la Jacha Marka Tapacari Cóndor Apacheta, el Consejo de Ayllus de la Marka Sabaya y de la Marka Challapata, de Oruro; el Consejo de Ayllus Originarios de Chaqui, el Consejo de Ayllus de la Nación Chichas, el Consejo de Gobierno del Ayllu de Parantaca y el Jatun Ayllu Yura, de Potosí; la Coordinadora de Pueblos Indígenas del Trópico de Cochabamba (CPITCO); las capitanías de Macharety (Chuquisaca) y Karapari (Tarija), de la Asamblea del Pueblo Guaraní (APG) y la Organización Indígena Chiquitana (OICH), de Santa Cruz.
Qué dejó la experiencia 
Según Tamburini, "desde 2004 está abierta la Constitución para las agrupaciones ciudadanas, que estuvieron participando de elecciones municipales. Habría que evaluar si las organizaciones resultaron beneficiadas o perjudicadas por involucrarse en la gestión pública".
"Es importante para la democracia que participen las organizaciones indígenas, pero soy un poco cauto, porque la organización también cumple otras funciones y otros roles para el pueblo en general. En algunos casos, cuando entran a la gestión pública esos roles se confunden y se distorsionan", consideró el abogado, quien se tituló en la Università degli Studi di Macerata, Italia.
"Desde 2010, las organizaciones participan de las asambleas departamentales con sus propios representantes. Hasta ahora no se han visto cambios que los pueblos indígenas hayan aportado a la política departamental", dijo Tamburini.
Y detalló: "En varios casos, los legisladores indígenas han sido parte del esquema oficialista del MAS (Movimiento Al Socialismo) o de las otras fuerzas políticas contrarias al MAS. En el caso de la representación de Diputados, se los ha comido la dinámica política en esos escenarios". Para el asesor jurídico, "la participación del representante indígena necesita de un mayor fortalecimiento, acompañamiento orgánico y técnico".
El rol político que jueguen las organizaciones indígenas dependerá en gran medida de la relación que tengan con el Gobierno de Luis Arce Catacora. Durante los mandatos del expresidente Evo Morales (2006-2019), el vínculo pasó del amor al odio. Comenzaron elaborando juntos la nueva Constitución, que fue aprobada en 2009.
Pero al final de sus 13 años de Gobierno, la relación de Morales con las organizaciones estaba muy desgastada. Varios intentos de ejecutar megaobras en territorios indígenas (ya sea carreteras, represas, emprendimientos petroleros) fueron rechazadas por los originarios porque no se respetaba la Consulta Previa tal como lo establece el Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), con rango de ley en Bolivia.
Fue tal la separación entre Morales y las organizaciones indígenas, que nada hicieron los originarios para defender al presidente aymara durante el golpe de Estado de 2019
Con el presidente Arce asumido hace dos meses, del lado de las organizaciones esperan mejorar la relación. "Creo que este Gobierno no es como el anterior. Me parece que le está costando influir de manera positiva en las organizaciones, las cuales aún operan con las dinámicas anteriores. Varios líderes y organizaciones esperan que el Gobierno llegue con un mensaje diferente a lo que era antes, para que se reconduzca el vínculo y resulten fortalecidos", dijo Tamburini. 
Para él, la gestión de la pandemia de COVID-19 absorbe los esfuerzos actuales del presidente Arce. Pero consideró fundamental retomar una relación armoniosa entre organizaciones indígenas y Gobierno. "Este proceso necesita de esa retroalimentación, de ese ida y vuelta. Esta cadena no ha empezado a funcionar todavía", sostuvo.
 
 
 
 
 
NUEVO GOBIERNO DE BOLIVIA: ¿RENOVACIÓN O CONTINUIDAD?
 
El nuevo gobierno de Bolivia bajo Luis Arce está tratando de continuar la lucha por la justicia social mientras trata de distanciarse del carismático exlíder de su partido Movimiento al Socialismo (MAS), Evo Morales.
 
Le Nouvellista de Canadá (https://bit.ly/3nYW0Pp)
 
La reelección de Evo Morales en octubre de 2019 sacudió a Bolivia. La falta de reconocimiento de los resultados por parte de su opositor Carlos Mesa y la investigación de la Organización de Estados Americanos que declara que varios fraudes marcaron la boleta motivaron un golpe de Estado que destituyó del poder al mítico presidente indígena. Tras su salida, una senadora de derecha católica, Jeanine Áñez, se convierte en presidenta y promete nuevas elecciones para principios de 2020.
Sin embargo, la pandemia sacó lo mejor de este calendario electoral que verá aplazada la fecha de las elecciones en varios meses, en particular debido a la mala gestión de la pandemia por parte del presidente. Finalmente, fue en octubre de 2020 cuando se realizó la nueva votación y ganó en la primera vuelta por más del 55% de los votos el nuevo líder del MAS, Luis Arce.
El regreso del MAS confirma la popularidad de este partido entre la población boliviana, aunque Morales no estaba en las boletas. Así, a pesar de la aparente continuidad, este gobierno del MAS busca distanciarse de su exlíder (y de las acusaciones de fraude electoral) con el objetivo de renovar la política, en particular lo que se llama indigenismo en Bolivia. , es decir, la defensa de los intereses e identidades indígenas. Morales había sido su ícono desde principios de la década de 2000 y, al movilizar el voto indígena, logró trasladar el poder boliviano de las manos de los ricos blancos de Santa Cruz a los indígenas de los Andes. Pero los años de poder acabaron empañando su imagen. Esta importancia central de Morales dentro del MAS dejaba poco espacio para otros actores del movimiento en las comunicaciones, y su liderazgo se había asociado demasiado con el populismo, lo que redujo la credibilidad del partido.
Así, desde los primeros días de su presidencia, Arce insistió en afirmar su independencia del exlíder, a pesar de que este último anunció su regreso a Bolivia. Más intelectual que militante, quiere que su gobierno sea reconocido por su profundidad y no por sus trucos publicitarios. Este deseo será puesto a prueba por los poderes y posibilidades reales que tendrá el ministro del nuevo Ministerio de Cultura, Descolonización y Despatriarización. Este ministerio sustituye al de turismo abolido bajo la administración Áñez y tiene como objetivo fundamentalmente promover la diversidad cultural, asegurar la participación de las minorías culturales en el desarrollo de las políticas culturales, poner en marcha políticas dirigidas a combatir racismo y sexismo y la defensa de las distintas naciones indígenas y comunidades afrobolivianas.
El MAS aquí no es más izquierdista ni feminista de lo que era en la época de Morales. Desde el comienzo de su gobierno, había presentado a las Mujeres Nativas demostrando su deseo de darles visibilidad. Sin embargo, y este es el cambio en la continuidad, es que las propuestas del MAS pasan de la plataforma partidaria a la orientación ministerial.
La política del MAS ya no gira en torno a la figura de Morales sino que se centra en acciones concretas a realizar en los próximos años. En este sentido, parece que Arce busca jugar a la política de forma diferente, al menos a su antecesor.
 
 
 
 
 
LA DESCOLONIZACIÓN DE LA DEMOCRACIA
 
La democracia que emerja de nuestra propia historia, nos impele a definir en el presente todas las luchas pasadas.
 
Alainet de Venezuela (https://bit.ly/38YcMK9)
 
Por lo general, los que hacen historia, no siempre son recordados por la historia. Sin embargo, son ellos, los que se constituyen en pueblo, los que inspiran revoluciones; héroes anónimos que hacen de su humanidad ejemplo, son ellos los que encarnan la necesidad de un mundo más justo y digno, por eso, el primer deber revolucionario es no olvidarlos. A esos héroes y mártires, a los de Senkata, Sacaba, Yapacaní, Betanzos, Montero, Pedregal, y muchos más (que la contabilidad burocrática nunca registra), debemos hoy, esta nueva oportunidad de cambiar el mundo, nuestro mundo.
Nos ofrendaron sus vidas para vivir en nuestra memoria, tal vez no de modo consciente (pudimos haber sido nosotros), pero fueron esas vidas las que cobró el enemigo y su sed de muerte y venganza.
Por lo general, lo que se suele hacer es dedicarles el minuto de silencio, pero el silencio ya no nos basta, hay que hablar, hablar de nuestros muertos, para no olvidarles, para que estén siempre en nuestra memoria, para que no mueran otra vez en el olvido. Es hora que digamos: ¡Amukim, nunca más!
Quisiera dedicar estas palabras a las víctimas, mujeres y hombres, niños, ancianos, del genocidio que desató el golpe y la dictadura que nos impusieron en noviembre del año pasado. También en memoria de Orlando Gutiérrez, líder minero que, en algunas de sus palabras, resumió la contradicción que ahora también debemos superar, cuando decía que lo curioso era que muchos “pititas” eran precisamente hijos de ministros del “gobierno del cambio”, de los llamados “q’aras”, que empezaron a asaltar ámbitos de decisión, sin comprender el proyecto plurinacional que el pueblo se había propuesto. Los seguimos teniendo hoy, incrustándose hábilmente en el nuevo gobierno, al amparo de la anterior cúpula, que se autoproclama “socialista” para desdeñar toda crítica.
Pero ojo, “q’ara” no es aquél de tez blanca (de eso nos puede enseñar mucho el hermano David Choquehuanca), porque el problema no es el color fenotípico sino –algo que también se dio cuenta Fausto Reynaga– el color de la razón, el color de los pensamientos. Para que aprendamos, la razón no es neutratiene color. Franz Fanon lo expresa de esta manera: se puede tener piel negra y, sin embargo, autonegarse bajo máscaras blancas. Puedo llamarme indígena, pachamámico, hasta katarista, pero si pienso de modo “q’ara”, entonces mi autocontradicción sólo me llevará a la defección, porque la dominación es también una forma de pensar (como denuncia la hermana Patricia Chávez, a los nuevos intelectuales “q’amiristas”, los que festejan el empoderamiento económico aymara, homologando al “q’amiri” con el burgués capitalista, replicando una infame explotación hacia sus propios hermanos y hermanas, ahora justificada por esta intelectualidad que se dice aymara; estos producen sin saberlo, lo que llamamos, capitulación epistémica: ceden nuestros conceptos y categorías a la academia de los doctorcitos de la “ciudad letrada”, para que luego nos devuelvan, con sorna, una normalización teórica de nuestras perspectivas, para decirnos que no hay novedad, que lo nuestro es lo mismo, que somos tan dominadores y explotadores que ellos).
Pero esta reflexión no es para escarmentar culpables sino para que tomemos consciencia de los límites históricos y teóricos de las perspectivas que ya han sido superadas por los hechos, y ya no pueden dar razón de la crisis civilizatoria en que se debate el siglo XXI. Por eso nos urge estar a la altura del desafío que nos plantean los retos que debemos enfrentar como humanidad, en este necesario transito civilizatorio; para ser de nuevo luz para la humanidad, debemos poder inteligir de mejor modo, en qué consiste ese horizonte de sentido político-histórico que hemos denominado el “vivir bien”.
Porque mucha gente que se adhiere al proyecto, puede creer en el indio, pero como individuo, a quien le imponen como proyecto único de vida, el “modernizarse”, para que haga del desarrollo y el progreso, su razón de existencia; es decir, bajo máscara “socialista”, consagrar el horizonte de creencias, prejuicios y valores del propio capitalismo, como el único posible. Esa confusión es la que no puede superar la izquierda eurocéntrica, que ve como único proyecto válido, el mismo que nos dominó por cinco siglos.
Porque decíamos, una cosa es creer en el indio y otra, distinta, es creer en lo que cree el indio. A modo de ejemplo, quien proyecta una reforma educativa, como la “Avelino Siñani”, pero tiene a sus hijos inscritos en colegios privados, que más parecen extranjeros, es porque, en definitiva, no cree en la reforma que promueve (y es curioso, cómo gran cantidad de izquierdistas, dedicaron todo su trabajo y esfuerzos para educar a sus hijos en colegios privados, hasta en el extranjero; y el resultado, ¿cuál fue?, la derechización de sus hijos).
Uno puede, de boca para afuera, ser indianista, hasta devoto de la coca, pero cuando, por ejemplo, sufre de alguna enfermedad, ya no acude a la coca, ¿dónde acude?; no va donde el yatiri, la amauta o el callahuaya, va al médico, o sea, en el fondo cree en una medicina que se ha vuelto negocio y tiene toda una industria farmacéutica cuyo fin ya no es curar sino enfermar. Y en la “plandemia” demostramos, como pueblo, que fueron nuestras yerbas y plantas medicinales las que nos curaron; pues mientras la gente se moría en los hospitales, fue en nuestras casas, a base de tratamientos tradicionales y alternativos, que nuestro pueblo alcanzó lo que se llama la “inmunidad colectiva” (mientras los sistemas de salud, los hospitales, clínicas, médicos, seguían ciegamente protocolos mundiales que jamás habían tomado en cuenta realidades como la nuestra).
En la economía, la política, la ciencia, en la medicina, lo que emerge como novedad civilizatoria de la cultura de la vida, no es persistir en el proyecto moderno-capitalista (creer que la modernidad es diferente del capitalismo es ya, a esta alturas, una ingenuidad inexcusable) sino, de modo crítico, trascender ese paradigma y proponernos la forma de vida que expone una resignificación de la vida, en cuanto “vivir bien”, como su actualización ante los retos a los cuales nos ha arrojado la crisis que ha provocado la propia modernidad.
Una crítica al capitalismo (o a la medicina convertida en negocio, por ejemplo) es incompleta si no se hace la crítica al germen mismo, cultural y civilizatorio, desde donde se produce una economía de la muerte como es el capitalismo. Si no hacemos un diagnóstico adecuado de aquello en lo que consiste el tipo de mundo que se ha impuesto desde 1492, difícilmente podremos hacer un diagnóstico de la crisis civilizatoria actual y el probable liderazgo que podríamos constituir, a nivel mundial, desde ese nuevo horizonte de vida que nos legaron nuestros ancestros. En el tema que nos congrega hoy, pensar una democracia para la vida, también precisa de ese diagnóstico.
Porque no es sólo el golpe de Estado que sufrimos el año pasado sino también el Estado de sitio global impuesto vía cuarentena, lo que ha puesto definitivamente en crisis, la democracia que enarbola los valores liberales-modernos y que promueven los poderes fácticos y toda la institucionalidad mundial.
Por etimología sabemos que se trata del gobierno del pueblo, pero, en los hechos, ninguna democracia (y menos las auspiciadas por el llamado “mundo libre”) es exponente de la voluntad popular hecha directriz nacional. Por el contrario, todos aquellos llamados “regímenes populistas”, donde se pretendería –aunque sea demagógicamente– exaltar el poder popular, son catalogados de “antidemócratas” y, por consiguiente, señalados mediáticamente como “autoritarios” y “dictatoriales”.
Es decir, la medida de la democracia parece no ser tan democrática; pues si, por un lado, todos los ideales democráticos no se discuten, cuando tratan de ser implementados o puestos en ejecución, entonces resulta que la democracia está en peligro; y ese es el relato difundido en todos los países donde se amplifica la democracia; constatando que, no sólo hay un desfase entre las expectativas democráticas y la facticidad política, sino que se trata de algo mucho más preocupante.
La idea misma de democracia que expone, no sólo la opinión pública sino hasta el mundo académico y político, es sólo una forma aparente que resiste y aguanta todo, un concepto vacío que sirve para todo y nada; si incluso el fascismo puede enarbolar convenientemente sus postulados, entonces es el concepto mismo el que sufre de una ambigüedad que no es sino el reflejo de la pérdida de sentido de realidad, de un mundo que ha entrado en crisis y, con él, todos sus principios y valores.
En ese sentido, cuando nos referimos a la crisis civilizatoria, no nos referimos sólo a conflictos sistémicos multiplicados sino a un colapso existencial que la civilización moderno-occidental expone como los límites mismos de su pretensión de dominación exponencial, es decir, infinita e ilimitada. Por eso la crisis civilizatoria que vivimos puede expresarse como una rebelión de los límites mismos de la vida. En ese sentido, una crisis existencial globalizada, sería la evidencia fáctica de la incompatibilidad entre la vida y el tipo de mundo que ha constituido y expandido la modernidad. Por eso se trata de una crisis terminal, porque si bien todo indica que la decadencia de este sistema-mundo y su diseño geopolítico centro-periferia es innegable, es la propia humanidad la que no sabe cómo renunciar a la forma de vida que sostiene a ese mundo y a esa geopolítica.
Por ejemplo: la mayoría de la gente comprendida como opinión pública mundial, que se conduele de la pobreza y la injusticia reinante, y quisiera colaborar con algo en esa situación; si se le sugiriese que son sus propias expectativas de vida, sus propias creencias, las que contribuyen a la producción de la miseria mundial, ciertamente darían la espalda a semejante sugerencia sin pensarlo dos veces, porque preferirían morir antes de reconsiderar objetivamente el sistema de creencias en el cual crecieron como individuos egocéntricos (ver Larken Rose: The most dangerous superstition).
Pero es ese sistema de creencias, precisamente, el que empieza a desplomarse junto al mundo que, como objetividad, es el reflejo de una subjetividad social, moderna, burguesa y capitalista que, aunque vea desmoronarse su mundo, sigue creyendo en él. Por eso se dice que el mundo es también un estado de consciencia. Si mi consciencia está en correspondencia, es decir, en sintonía y conexión con el mundo, entonces, ese mundo, aunque esté en crisis evidente, sigue en pie, porque yo le brindo el soporte energético que necesita para seguir existiendo. Toda la objetividad del mundo es producción subjetiva, es decir, un mundo no tiene sentido en sí mismo, sino para un sujeto, de modo que el impulso vital que precisa el mundo para seguir viviendo se lo brinda el sujeto.
Entonces podemos advertir que la crisis de un mundo es también y en mayor medida una crisis existencial que, en definitiva, se expresa porque la vida, el sentido mismo de la vida, es lo que ha entrado en crisis. Por eso lo que nace en Bolivia, como un nuevo horizonte político, ha interpelado de tal modo al mundo entero, que ha dirigido la atención del pensamiento más crítico al juicio, ya no sólo de hecho sino de realidad, que ha puesto las cosas en su lugar.
El suma qamaña, como horizonte de sentido, apunta precisamente a resaltar el dato vital que ha puesto al sistema-mundo en aprietos. Necesitamos, como humanidad, un nuevo sentido de la vida. Para que la vida siga siendo posible y, sobre todo, vivible, hay que resignificar el vivir mismo, esto es, ¿para qué vivimos?, ¿cuál es nuestro propósito en la vida?
La discusión política, así como la económica, hace rato que han dejado de lado estas interrogantes, no sólo porque ya se han desentendido de la vida sino porque expresan actualmente lo que son de inicio: un tipo de conocimiento que justifica y legitima una literal lógica de la muerte. Si el colapso medioambiental es la consecuencia de la civilización petrolera, el desplome de la confianza moral y social hacia la política es consecuencia también de esa misma civilización, que promueve una sociedad del progreso para beneficio exclusivo de los ricos del mundo y cuya política expresa a sus valores liberales y ahora neoliberales como los únicos posibles y deseables.
Así como el capitalismo necesita de individuos codiciosos, así también la política necesita de individuos egoístas, para impulsar la locomotora del progreso y el desarrollo. Por eso ahora, podemos evidenciar, a dónde nos iba a conducir ese tren que, mientras más acelera su motor, más muerte y destrucción provoca su producción de riqueza. Pero hemos naturalizado de tal forma esa lógica de muerte, que sólo deseamos “progresar”, “desarrollar” y “modernizarnos”, porque creemos que ello significa alcanzar bienestar y lograr la felicidad. Pero, ¿de qué sirve tener todo si nuestra vida ya no tiene sentido? Y eso, el sentido de la vida, es lo que está en juego en esta crisis mundial. Mientras hemos creído ingenuamente que los organismos mundiales, sus protocolos sanitarios y la ciencia moderna y sus “expertos”, agotan sus esfuerzos por el bien de la humanidad, déjenme contarles algo:
El laboratorio biológico chino de Wuhan (donde supuestamente aparece el covid-19, cuando ya en España y Francia se reportaron casos tempranos en sus geriátricos, y hasta en USA, en recintos militares) es propiedad de Glaxo (GlaxoSmithKline es una de las más grandes empresas farmacéuticas británicas), que es además propietaria de Pfizer (la compañía farmacéutica gringa productora de la vacuna anti-covid avalada por la OMS). Ahora bien, las finanzas de Pfizer son administradas por Black Rock (que junto a Vanguard Group, son los dos más grandes bancos de inversiones mundiales –por eso son llamados gigabancos– que controlan la mitad del mercado de acciones de Wall Street; los otros dos son Fidelity FMR y State Street Corp.). Black Rock controla a The Economist y al Financial Times y a los grandes consorcios de información mundial, como CNN; Black Rock administra también las finanzas de la fundación de George Soros, “Open Society” (quienes diseminan en Latinoamérica las ideas conspiracionistas de una “izquierda maligna”, el “monstruo del comunismo”, apuntando al Foro de Sao Paulo, el castro-chavismo, etc.), y también, Black Rock, es operador financiero de la multinacional francesa del negocio de seguros AXA, cuyo cliente es la empresa alemana Winterthur, que construyó el laboratorio de Wuhan, y fue comprado por la multinacional alemana de servicios financieros Allianz. Esta multinacional es una gran accionista de Vanguard y de Black Rock, quienes, ya dijimos, controlan, por mediación de Wall Street, los bancos centrales y administran ⅓ del capital de inversión global. Vanguard y Black Rock son grandes accionistas de Microsoft y de la “Fundación Bill y Melinda Gates”, que es, a su vez, accionista de Pfizer (la avalada para producir una vacuna obligatoria a nivel mundial, que sería el nuevo tipo de identificación mundial y, por supuesto, de un nuevo tipo de control) y actualmente es uno de los grandes patrocinadores de la OMS.
Si se dan cuenta, se cierra el círculo vicioso a la perfección: provocan una enfermedad viral de proporciones globales, para después venderle al mundo la supuesta cura. Pero no se trata del negocio del siglo, porque el negocio es otro y más siniestro. Ellos son sólo los beneficiarios de un plan que lo piensan otros. Todos ellos estaban en el “Evento 201”, simulacro de una pandemia global que fue realizado en New York, sospechosamente, un mes antes que se desatara ésta en Wuhan.
Se trata de un reseteo, a escala mundial, de todo el sistema económico global, para imponer un orden que beneficie sólo y exclusivamente al 1% de billonarios mundiales, y ha sido puesto en marcha con un ejercicio militar de disuasión estratégica, llamado “cuarentena”. El asunto es que la economía ya no puede crecer más; el capitalismo, como economía del crecimiento ha sobrepasado los límites reales de la vida, pero como se trata de una economía suicida que, como el cáncer, no puede dejar de crecer, no ve otra opción que despojarle definitivamente a la humanidad de todo lo que hace posible su vida. Al sistema ya no le interesa, ni la vida, ni la humanidad, por eso promueve la Inteligencia Artificial, el transhumanismo y un paradigma postindustrial.
En ese sentido, la cotización del agua en el mercado de valores es apenas el inicio de una política que, después de la cuarentena global, pretende imponerse como “solución final”. Para eso incluso están dispuestos al remate de los países centrales, de su estabilidad y bonanza, como lo que se perfila, como guerra civil intensiva, en la propia USA. Los ricos del mundo lo ven como un asunto de sobrevivencia: o ellos (los pobres del mundo) o nosotros (los ricos). Para la codicia y el egoísmo, hechos forma de vida, el mundo y la vida no se pueden compartir. Gandhi decía que “el mundo sobra y basta para todos, pero no para la codicia de algunos”.
¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿Cómo este mundo, que ha pregonado los más grandes e irrenunciables valores humanos en su expansión, desde el 1492, nos ha conducido a esta encrucijada, a este laberinto sin aparente salida? ¿Cómo hemos podido aceptar y naturalizar un tipo de mundo sin alternativas y someternos al fatalismo imperial que nos ha hecho creer que sin el dólar no somos nada?
Hagamos historia. No la historia que nos han impuesto los vencedores, sino la historia olvidada, que es la que despierta en nuestros pueblos el desiderátum histórico de un mundo más digno, justo, libre y verdadero. ¿Dónde nace la dominación que sufrimos y por qué se oculta sutilmente en los grandes relatos, como es la democracia, que promueven los poderes fácticos para dominarnos cada vez de mejor modo?
En el discurso político, la constitución simbólica del enemigo, como lo deducido del desprecio aristocrático al pueblo, tiene larga data. Escuchen esto (y van a recordar a los golpistas): “¡Qué afortunada será la República si arroja a esta basura de la ciudad! ¿Hay algún crimen o maldad que él no haya tramado durante los últimos años? ¿Qué envenenador, qué gladiador, qué bandolero, que parricida, qué sicario, qué libertino, qué disoluto, qué adúltero, qué mujer infame, qué corruptor de la juventud, qué corrompido, qué perdido hay en toda Italia que no confiese haber vivido íntimamente con Catilina? ¿Qué asesinato se ha cometido en estos últimos años sin su participación?”. Se trata de las Catilinarias, de Marco Tulio Cicerón, el mismo homenajeado por la tradición política y diplomática occidental, por su célebre retórica que solía expresarse de este modo: “mi propósito es encontrar la verdad, no refutar a otro como si se tratara de un adversario”. Pero sólo era de boca para afuera, porque en los hechos, este Discurso contra Catilina retrata ese desprecio aristocrático republicano-romano hacia un dirigente campesino, cuyo único pecado había sido liderar un levantamiento popular.
Para desgracia del propio Cicerón, el aplastamiento de la revuelta campesina –que él mismo justifica– sólo traerá como resultado la disolución de la república y la entronización del Imperio. Ese desprecio aristocrático podemos rastrearlo hasta la propia Grecia, de donde dice la tradición moderno-occidental, procede la democracia.
En su propia etimología, el demos no es precisamente el pueblo como nos imaginamos; si los griegos hubiesen querido expresar al pueblo pueblo, podían haber usado el termino laos y no demos, porque demos se refiere a grupos con poder de negociación, es decir, grupos corporativos que, por ello, defendían intereses particulares y no, precisamente, el bien común. El demos griego lo constituían quienes podían ser admitidos en el ágora (que era un lugar sagrado donde se establecían los templos dedicados a los dioses) a tratar los asuntos políticos; allí sólo podían estar los varones libres y de ingresos solventes (no podían estar los campesinos, las clases bajas, los metecos, los hoplitas, las mujeres, y peor los esclavos). Por eso, por política, los griegos no entendían lo que hoy repiten como loros los cientistas políticos, aquello aludido a Aristóteles: el hombre como “animal político”. Aristóteles nunca dijo eso. Lo que dijo, en la Política, fue: “anthropoi phusei zoon politikon” (el hombre es un viviente que habita en la polis).
Polis es la ciudad griega. Aristóteles está diciendo que sólo es ser humano quien habita en la polis griega (para el estagirita, ni los chinos, ni los semitas y peor los europeos, podían ser considerados auténticos seres humanos). Este argumento es el que actualiza Gines de Sepúlveda, ya en 1550, para devaluar la humanidad del indio y justificar la guerra de conquista. De modo que estamos ante una tradición, la occidental, que parte de la devaluación e inferiorización del otro, del distinto, pero, además, del privilegio de la ciudad, como el lugar de la política, en desmedro del campo. Esta tradición es la que recepciona la modernidad y la lleva a sus últimas consecuencias. Porque el crónico abandono actual del campo no es algo natural, sino parte de una política que ya no se funda en el circuito simbiótico que establecen ser humano y naturaleza, y que siempre preservó y reprodujo el campo, como lugar de la producción y reproducción de la vida, sino su paulatina negación.
Esa tradición aristocrática, de desprecio popular, que nace en Grecia y la desarrolla la Roma republicana y después imperial (y después cristiano-imperial), es lo que ha de constituir el contenido político de los regímenes monárquicos de la Europa medieval; es decir, para decirlo en los términos de Túpac Katari: lo que trajeron los invasores europeos, no fueron tradiciones democráticas sino monárquicas.
Tampoco es atribuible a la historia europea la idea de libertad, porque no poseen una genealogía larga al respecto (la libertad personal es algo vagamente entendido por la mentalidad europea premoderna), es decir, la democracia igualitaria y la libertad, tal como las conocemos, le deben muy poco a Europa. En lengua, religión, costumbres, y ley positiva, el Imperio español es heredero de la Roma antigua, razón por la cual puede afirmarse que no trajeron nada parecido a una tradición democrática. Los Países Bajos e Inglaterra, los supuestos dos modelos de la democracia europea no eran sino regímenes monárquicos, hasta de votación clasificada exclusivamente masculina; los ingleses creen que el inicio de sus libertades civiles y democráticas se lo deben a la Carta Magna de 1215 del rey Juan, pero en esa llamada Gran Carta sólo se privilegia a la aristocracia que, de ser monarquía, pasará a ser oligarquía. En ninguno de los casos puede hablarse de democracia.
Y ante la acusación de que aztecas, mayas o incas, sacrificaban constantemente víctimas a sus dioses, es más una leyenda negra que se ha naturalizado en la cosmovisión moderna que se formaliza en su ideología por antonomasia: el eurocentrismo; porque si de sacrificios y genocidios hablamos, Hispania, el Sacro Imperio romano-germánico, la Francia, produjeron, con sus luchas monárquicas, la quema de brujas, las cruzadas, la Inquisición, etc., más sacrificios y genocidios, por siglos, que nunca son motivo de comparación con lo que supuestamente sucedía en el Nuevo Mundo. Ni la Roma Vaticana basaba su vida pública en instituciones democráticas. Entonces, reiteremos la pregunta, ¿de dónde viene la idea moderna de democracia?
El tema más recurrente en las crónicas del Nuevo Mundo, es el asombro señalado por la libertad personal (no individualista) de los indígenas; sobre todo aquella autonomía que mostraban respecto de sus gobernantes y de las altas jerarquías. Ante la mirada absorta de los colonizadores, la vida política indígena se desarrollaba sin liderazgos verticales ni instituciones coercitivas. Los relatos proto-antropológicos de Louis Armand de Lom d’Arce, barón de Lahontan, entre 1638 y 1694, refiriéndose a los hurones, dice: “nacen como hermanos, libres y unidos y uno es tan señor como el otro”. El barón de Lahontan no encuentra otra palabra para describir aquello que “anarquía”, para referirse a una forma de vida sin un poder coercitivo que imponga un orden. El etnógrafo jesuita François Lafitau compara a los mohawk con los griegos, para describir una vida política muy desarrollada, que asombró a estos tempranos cronistas que testimoniaron el primer contacto con los indios del norte y su posterior aniquilación. El mismo Jean-Jacques Rousseau es impactado por la pieza teatral “Arlequín sauvage”, que le serviría de inspiración para su Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres (Discours sur l'origine et les fondements de l'inégalité parmi les hommes), de 1754. El propio Michel de Montaigne en Des Cannibales suivi de des coches, de 1580, afirma que los indios “aparecen salvajes respecto a nuestras reglas de razón, así como nosotros lo somos ante sus propias reglas”, dando a entender que los llamados “salvajes” vivían mejor que los “civilizados” europeos (ver Jack Weatherford: Indian Givers).
Entre los padres fundadores de USA, Thomas Paine fue uno de los más importantes políticos radicales que, junto a otros, tomaron como modelo de organización democrática a los indígenas iroqueses. Parte a Europa en 1787 y allí redacta el libro que dará el nombre a la Ilustración europea: La edad de la razón, de 1794. Los hallazgos históricos actuales señalan ya que la presencia europea y hasta norteamericana, en las luchas de Amaru, Túpac Katari y los hermanos Katari, en el sur de la actual Bolivia, documenta y propaga en el viejo mundo la antorcha de la libertad indígena, como inspiración de, por ejemplo, la propia revolución francesa; lo mismo que el proceso emancipatorio de los negros de Haití, la primera nación de hombres negros libres del mundo moderno; es decir, son las ideas libertarias del mundo indígena y no al revés, las que encienden las banderas libertarias y democráticas de la propia Europa.
La revolución francesa le debe más a las luchas emancipatorias del Nuevo Mundo, que la creencia contraria, que la revolución francesa es la inspiración para nuestra independencia (la revolución francesa no sólo guillotina a su rey, también a François-Noël Babeuf, el líder obrero, a la feminista Olympe de Gouges y, como para reafirmar que los “derechos universales” sólo son para los blancos, ajustician también a Toussaint l’Overture, líder negro de la negra revolución haitiana). Es la defensa intransigente de los indios por la libertad, la independencia y una forma de vida democrática, su legado universal en toda la historia de sus luchas. Legado que nunca se atribuyeron como propio, pero que desarrollaron de un modo que jamás habrían podido desarrollar los europeos.
En 1760 el jefe ottawa Pontiac logró reunir a las naciones Anishinabe, Miami, Seneca, Lenape, Shawnee, Huron, y otros, en contra de los británicos. Pontiac decía: “sólo hay un propósito: exterminarnos; sólo una respuesta: la unión ante enemigo tan poderoso”; esta unión (que resiste la invasión inglesa por casi una década y demuestra que fueron siempre los indios el ejemplo que las independencias de las colonias continuaron) tomó el carácter de una confederación, similar a la primera democracia de América: la confederación de las naciones Onondaga, Oneida, Mohawk, Seneca y Cayuga (donde aparece una legislación envidiable aun hoy en día, de convivencia política en la diversidad y el respeto mutuo, en gran parte inspirada por aquel legendario líder Huron más conocido como “el Gran Pacificador”), la confederación de los Haudenosaunee o pueblos iroqueses (modelo que Benjamin Franklin propone como el modelo a seguir para la constitución futura de los “Estados Unidos de América”). Esta confederación es la primera experiencia de federalismo que se conoce y se basaba en una idea conocida por nosotros, la autodeterminación de los pueblos (que aquí fue instrumentalizada, por la oligarquía oriental, en los términos de una autonomía funcional a los grupos de poder local).
En ese sentido, podemos afirmar que, las nociones que el mundo moderno ha diseminado en cuanto idea democrática, basada en postulados igualitarios, división equilibrada de poderes (mucho antes que a Montesquieu se le “ocurriese”) y gobiernos federados, nacen de la influencia indígena entre 1607 y 1776. Son los indios iroqueses y algonquinos, en la posterior USA, los verdaderos “padres fundadores” que diseminan la idea de la libertad y también autores del primer nombre que tuvo la propia ONU: La “liga de las naciones” (hasta son los indios los verdaderos autores de la emblemática fiesta gringa del “Thanksgiving day”: para los indios wampanoag, “todo lo que tenemos es un regalo del Creador y por eso damos las gracias”; por eso el “Día de Acción de Gracias” era la base de toda su vida ceremonial: “compartir es una obligación, si no compartimos, ya no hay razón para que el Creador continúe regalando sus dones”).
Pero la mitología moderna, fundada ya en esa clasificación antropológica que había producido el racismo metafísico moderno, como una naturalización de las relaciones de dominaciónbiologizando las diferencias culturales e inventando el relato de que hay superiores por naturaleza e inferiores; no podía constituir a Europa y lo “blanco” en centro ontológico y geopolítico, concibiendo una reivindicación de sus víctimas, porque eso significaría la aceptación de lo perverso del proyecto moderno (sus víctimas no podían ser víctimas sino inferiores; para afirmar, de ese modo, la exclusiva superioridad blanco-moderno-europea).
La modernidad es un proyecto de dominación exponencial y eso significa la imposición mitológica e ideológica de su centralidad, es decir, hacer de su particularidad, un dogma universal. Esta visión provinciana de una Europa que siendo nada, antes de la conquista e invasión del Nuevo Mundo, y que, gracias al despojo continuo y sistemático de toda la riqueza nuestra, se constituye en poder mundial y referencia única de humanidad, es lo que constituye a su ideología matriz: el eurocentrismo (el éxodo cherokee, más conocido como el “camino de las lágrimas”, fue el éxodo obligado, en su propia tierra, de cientos de naciones indígenas, con excepción de aquellas que fueron exterminadas por el sólo hecho de amar su propia tierra; tarea que realizaron, del modo más diligente, aquellas “grandes” figuras que homenajea el país del norte, como George Washington, quien, en plena guerra contra los británicos, ordena al general John Sullivan la invasión de la próspera nación iroquesa y la expulsión de toda su gente, además de la destrucción de su capital: Onondaga; o Andrew Jackson, quien, como antes William Henry Harrison, usa su fama de exterminar indios para alcanzar la presidencia; tales ejemplos muestran el carácter perverso e inmoral de los gobiernos que se sucedieron en el norte, fieles al eurocentrismo, como la ideología pertinente de toda vocación imperial moderna).
Por eso, cuando afirmamos que la izquierda y el marxismo del siglo XX son eurocéntricos, nos referimos a la ya naturalizada creencia, gracias a la ciencia y filosofía modernas, de que todo lo premoderno no es sólo anterior sino inferior y que toda la antigüedad no tiene sentido en la sociedad del progreso y del futuro (como se concibe, a sí misma, la sociedad moderna). Esta creencia es la que comparte –con la derecha– la izquierda eurocéntrica y el llamado socialismo del siglo XX, y lo que le impidió destacar que lo más genuino de la lucha revolucionaria no estaba en sus manualitos universalistas sino en lo más propio de su pueblo.
Pongamos este ejemplo: Cuando Lenin redacta sus Tres fuentes y tres partes integrantes del marxismo, y señala que son la economía política inglesa, la filosofía clásica alemana y el socialismo utópico francés, olvida que Marx mismo subtitula a El CapitalCrítica al sistema de categorías de la economía política burguesa, es decir, cómo podría ser fuente de su pensamiento algo a lo cual le está haciendo la crítica; segundo, Marx nunca había reivindicado a la filosofía alemana en su totalidad sino a la tradición crítica de la deutsche wissenschaft; es más, podríamos decir, basándonos en Michell Lowy, que el 50% del lenguaje de Marx es romántico alemán, quienes, por ejemplo, a decir del poeta Novalis, se inventan el concepto de “antigüedad” (que no tiene más de dos siglos de vigencia), que, desde su examen de bachillerato hasta El Capital, la presencia constante de citas bíblicas, ya sean judías o cristianas, hacen de la teología un componente imprescindible del lenguaje de Marx.
Ahora, a propósito del socialismo utópico francés, Lenin ignora y, con él, todo el marxismo posterior eurocéntrico, de dónde surge ese socialismo (considerado “padre” del socialismo científico). Hagamos otra vez historia. Los clásicos de la literatura utópica europea siempre fueron Tomas Moro, Campanella y Francis Bacon. Moro escribe Utopía en 1516, basando su idea de una ciudad perfecta, en relatos de viajeros al Nuevo Mundo (como las discutidas cartas de Américo Vespucci); Tomasso Campanella escribe Civitas Solis, en 1623, donde describe Trapobana, una ciudad hallada en una expedición marítima al Nuevo Mundo; y Francis Bacon, cuando describe La nueva Atlántida, en 1622, lo hace en referencia al Perú. Es decir, esa literatura utópica nace de innumerables relatos de las formas de vida de los indígenas del Nuevo Mundo.
Pero veamos algo más; ese otro encubrimiento que produce el eurocentrismo moderno. Las Reducciones jesuitas en América habían servido de modelo para imaginar aquel paraíso bíblico que postulaba la cristiandad latina (y la cristiandad protestante, que se continúa en el norte de América). En Europa no tardó en aparecer una variada literatura al respecto, pues los jesuitas controlaban gran parte de la educación en los países europeos, por tres siglos (el mismo Descartes se formó en La Fleche, escuela jesuita); lo cual no disminuyó con la expulsión de la orden jesuita del Nuevo Mundo, en 1767. Esa literatura y la misma experiencia en las Reducciones que los jesuitas expulsados llevaron a los países de Europa es lo que produce, con el tiempo, al llamado “socialismo utópico”; de modo que no sería una exageración decir que el “socialismo científico” es nieto del socialismo que practicaban jesuitas e indígenas en las Reducciones, pues no sólo se comportaban de acuerdo a la ética de los primeros apóstoles (que “todo lo compartían en común y daban a cada quien lo que necesitaba”) sino al modo de vida que los propios guaraníes habían desarrollado en busca de la “Tierra sin Mal”.
Lo que la izquierda eurocéntrica comparte con la derecha, es la visión eurocéntrica que no le permite advertir que lo más genuino de nuestro pueblo es aquello que, como hilo conductivo, ha estado siempre presente en el modo de ingreso de las luchas indígenas en la vida política; esto es, la defensa de la forma comunidad, como crítica a la forma sociedad que impone el capitalismo como el tipo de subjetividad que necesita para impulsar relaciones mercantiles e instrumentales y de exaltación del egoísmo y el individualismo como forma de vida social que impulse al propio capitalismo. Así como el derecho liberal, la forma sociedad que se presenta como superación de la comunidad (ya llamada “arcaica”, es decir, inferior), son los meta-relatos que justifican y legitiman al capitalismo.
La teoría política que expresa ya estos prejuicios modernos es Hobbes. En el Leviatán de 1561, seculariza aquella idea negativa que necesita la modernidad para devaluar la humanidad del ser humano, para explotarlo, dominarlo, aniquilarlo, sin conciencia de culpa: el hombre lobo del hombre, homo homine lupus. Por ello no ahorra palabras en señalar que “los salvajes llevan una vida solitaria, pobre, sucia, brutal y breve”, sin darse cuenta que esa es la condición que les dejó la conquista y el genocidio continuo. Ese tipo de descripción negativa pretende que sea universal, para promover la idea del Leviatán, es decir, el sometimiento absoluto para, supuestamente, “salvarnos del salvajismo” (que Hobbes presencia en Inglaterra y no precisamente en América).
Por eso no es de extrañar que el racismo se haga ilustrado y exprese a las mentes más penetrantes de la ciencia y filosofía modernas. Voltaire por ejemplo se pregunta: ¿cómo Dios puede poner un alma pura en un cuerpo tan negro? O Kant, que, en sus Disertaciones antropológicas de 1772, afirma que los indios “no son aptos para la civilización, incapaces de gobernarse y están destinados al exterminio”. Para Hegel, en su Filosofía de la Historia, el negro “es un hombre en bruto (…) que no ha llegado a la intuición de ninguna objetividad” (las potencias europeas que se repartieron el África, en la Conferencia de Berlín de 1885, produjeron este tipo de ideólogos que eran la vanguardia intelectual que consagraban, como “acto civilizatorio”, los genocidios de sus reyes, como Leopoldo de Bélgica, que puso su cuota personal de 15 millones de seres humanos muertos en el Congo, a la infinita lista de muerte que cargan Europa y USA), y en referencia a México y Perú señala Hegel que “son culturas meramente particulares, que expiran en el momento en el que se les aproxima el Espíritu (sowie der Geist sich ihr näherte). La inferioridad de estos individuos, en todo respecto, es enteramente evidente”.
Todos esos prejuicios conforman a la racionalidad moderna y atraviesa sus ciencias y su filosofía. Por ello no es extraño que, formándonos en ese tipo de conocimiento, acabemos despreciando todo lo nuestro y, de ese modo, amputemos de nuestras propias expectativas lo que podría significar una real liberación de todo aquello que impide nuestra propia autodeterminación.
De eso precisamente se constituye una democracia, cuando el demos expresa al pueblo en tanto que pueblo; no al mero conglomerado social que puede incluso apostar por el fascismo, como vimos en la insurrección oligárquica disfrazada de “revolución pitita”. Una verdadera democracia sólo puede constituirse como la expresión más genuina de la autoconsciencia popular, que no puede ser una abstracción, sino lo más propio como raíz indígena hecho horizonte político. En ese sentido, el “proceso de cambio” será de nuevo inspirador, cuando contenga de modo constitutivo a la revolución democrático-cultural, que quería ser el acento singular de una revolución en la propia revolución. Entonces, definamos “proceso de cambio”: “es el máximo potencial de la nueva disponibilidad común que se articula en torno al horizonte propuesto por el nuevo sujeto plurinacional, es decir, indígena”.
Por eso, si el “proceso de cambio” no contiene la radicalidad de ser un proceso constituyente, entonces no tiene sentido; acaba siendo un episodio más en el drama de recomposición del Estado moderno-colonial. Constituirse en proceso constituyente significa constituir al sujeto del cambio como impulsor, autor y creador de la nueva objetividad en cuanto Estado plurinacional comunitario. En ese sentido, apostar por el “vivir bien”, como horizonte de vida, es algo mucho más complejo que ser simplemente de izquierda o de derecha. Si la izquierda pretende no sólo actualizar su presencia política sino refundar sus propias expectativas, debiera ser consciente de la trampa eurocéntrica en la que caen sus premisas y postulados, y empezar a reconocerse en el pueblo que dice representar, y apostar por aprender de ese pueblo la idea de democracia que ha sido siempre patrimonio indígena-popular, pero nunca reconocido como el verdadero horizonte político que debiera guiar la praxis revolucionaria.
Porque un pueblo se hace pueblo, en la medida en que es portador de un nuevo espíritu, que es capaz de encarnar un nuevo sentido civilizatorio (el “suma qamaña” o “vivir bien”). En esa medida es que un pueblo es capaz de transformar su propio horizonte de creencias y producir, desde sí, su propia liberación; entonces es cuando activa su máximo de disponibilidad común y se hace poder (ese es el poder como facultad, no como propiedad). Ese producir desde sí es lo que de cultural posee lo revolucionario de su proceder, porque acudir a sí mismo es despertar desde su propia historia como en quien se redime toda la historia.
Por ello hay que trascender los 500 años de dominación moderna y convocar lo milenario-originario ausente todavía en la proyección utópica de una revolución global. Una verdadera revolución, si es tal, sólo podría serlo si se asume como restauradora de lo sagrado de la vida. El espíritu de los tiempos ya no pertenece al Occidente moderno. Más bien Occidente comparece hoy en el tribunal de la historia. No todo se define en el reino de este mundo. El cóndor y el águila presagian un nuevo tiempo, que nos ha escogido, porque la promesa utópica se transfiere históricamente y, como pueblo, nos encontramos en las condiciones de redimir toda la historia pasada. La democracia que emerja de nuestra propia historia, nos impele a definir en el presente todas las luchas pasadas. Porque lo político de la existencia no se decide tanto en el presente en tanto presente sino en la fidelidad a nuestro pasadoEl verdadero juez es el pasado.
 
 
 
 
 
VIOLENCIA POLICIAL PERSISTE EN PAÍSES DE AMÉRICA LATINA Y EL CARIBE: AMNISTÍA INTERNACIONAL
 
En la sesión inicial de los diálogos internacionales "Policías bajo la lupa" varios expertos pusieron sobre la mesa la situación general sobre las debilidades de las fuerzas policiales en la región
 
El Carabobeño de Venezuela (https://bit.ly/38Tkfds)
 
La policía continúa realizando ejecuciones extrajudiciales, detenciones arbitrarias y tortura, entre otras, en la mayoría de los países de América Latina y el Caribe, una realidad que incentiva el ya violento contexto, según denunció este lunes Amnistía Internacional.
“La región continúa siendo la más violenta. Un 37 % de los homicidios mundiales se dan en el continente americano, y de ellos casi todos en América Latina y el Caribe. (…) Y estas políticas (de mano dura) y enfoques de seguridad solo han provocado una gran crisis de derechos humanos”, expuso Erika Guevara Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional (AI).
En la sesión inicial de los diálogos internacionales “Policías bajo la lupa” varios expertos pusieron sobre la mesa la situación general sobre las debilidades de las fuerzas policiales en la región e iniciaron el debate sobre las posibles vías para impulsar cambios y mejorar la supervisión de las mismas.
“La violencia de la policía, con detenciones arbitrarias, ejecuciones extrajudiciales o tortura son históricas y estas violaciones de derechos humanos se registran desde hace años pero ahora son una realidad constante en muchos países de la región”, añadió la experta.
De acuerdo con lo mencionado en el diálogo, Guevara estableció que son tres los contextos principales que necesitan un análisis en profundidad.
Los contextos identificados
El primero es relativo a la noción de estas políticas policiales como políticas de “mano dura”, cuyo fracaso queda evidenciado a través de la creciente influencia del crimen organizado que ocupa gran espacio territorial en países como México o El Salvador y con el que proliferan economías ilegales para el abastecimiento de armas.
En segundo lugar mencionó la represión violenta por parte de las fuerzas policiales cuando los Gobiernos pierden la capacidad de diálogo.
“Según registra AI, en 2019 se dieron 210 muertes violentas en el contexto de manifestaciones en países como Haití, Venezuela, Bolivia u Honduras”, concretó la experta.
Por último, Guevara quiso recordar la importancia del contexto de violencias contra defensores de derechos humanos y periodistas, que retrata en última instancia el estrecho vínculo entre la violencia policial y los grandes intereses económicos a los que pueden perjudicar los defensores y periodistas.
Camino hacia la confianza
Por su parte, el presidente de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Joel Hernández, comentó que el principal objetivo sería que la población terminara por tener confianza en las fuerzas de seguridad porque están haciendo su trabajo y protegiendo a la ciudadanía.
Para esto deberían atajarse tres desafíos: el desarrollo de políticas que lleven a investigaciones efectivas e independientes, la implementación de un sistema de coordinación entre los poderes públicos para abatir los altos índices de impunidad y la introducción de mecanismos de independencia en las fuerzas policiales.
“Lo más básico es saber qué hacer cuándo se dan: Tener una investigación diligente, que a partir de ahí haya un castigo o sanción a los responsables y, a partir de ahí, que se de reparación integral e identificación de medidas preventivas”, terminó el experto.
“Policías bajo la lupa”, convocada por Amnistía Internacional, el Independent Commission of Investigations (INDECOM) de Jamaica, el Centro de Derechos Humanos de la Universidad de Essex y Open Society Foundations, ofrecerá durante los próximos cinco días paneles, talleres y grupos de trabajo entorno a la violencia ejercida por las fuerzas policiales en la región. 
 
 
 
 
 
1800 MILLONES DE PESOS EN DROGA FUERON INCAUTADOS EN ANTOFAGASTA
 
Los responsables, de nacionalidad colombiana y radicados en la ciudad, recibían la droga desde Bolivia para ser posteriormente trasladada y comercializada.
 
El Diario de Chile (https://bit.ly/3oZHsAb)
 
A raíz de una investigación realizada por la Brigada de antinarcóticos y Contra el Crimen Organizado Antofagasta en conjunto de personal de la Unidad de Análisis Criminal y Focos investigativos de la Fiscalía Regional de la comuna, se logró desbaratar una banda criminal conformada por tres ciudadanos colombianos el pasado 13 de enero.
Lo que fue posible a través del Análisis Criminal e Inteligencia Policial, encontrando a los sujetos de iniciales A.G.V., H.F.M., W.P.G., radicados en la ciudad y quienes se dedicarían de manera activa a la adquisición de importantes cantidades de droga por parte de proveedores de Bolivia.
La droga en tanto, era recibida en pleno desierto para ser posteriormente trasladada en automóviles particulares hasta Antofagasta donde era comercializada a través de traficantes y microtraficantes de diversos sectores poblacionales de la capital regional.
Asimismo, además de la detención de los tres involucrados se logró la incautación de 122 kilos 300 gramos de cocaína contenida en 119 paquetes, lo que equivaldría a un total de 1.834.500 dosis y un valor de ganancias proyectadas por su comercialización superior a 834 millones de pesos. Sumando dos vehículos incautados utilizados para el traslado, 220 mil pesos en efectivo y otras especies relacionadas al ilícito.
DETENCIÓN
Según los antecedentes, se tomó conocimiento que el imputado W.P.G., se dedicaba efectivamente a la adquisición, transporte y comercialización de grandes cantidades de droga, coordinando el traslado desde Antofagasta. El que el día 12 de enero del presente año, tomó contacto con el imputado A.G.V. a quien le solicita trasladar la droga, quien a su vez, coordinó con H.F.M. la entrega que se realizaría el día 13 en la Ruta B-510.
De esta manera, personal SACFI y policial detuvieron a dos de los involucrados en Avenida Jaime Guzmán, encontrando en uno de los vehículos paquetes de cocaína, para posteriormente detener al tercer participante en Avenida Bonilla. Siendo puestos a disposición del Juzgado de Garantía, quedando en prisión preventiva mientras se realiza la investigación correspondiente, la cual se extenderá por 100 días.

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