Monday, November 17, 2025

ASÍ SERÁ EL TREN QUE TRANSFORMARÁ EL COMERCIO EN AMÉRICA LATINA: UNIRÁ CINCO PAÍSES Y CONECTARÁ EL ATLÁNTICO CON EL PACÍFICO

El trazado principal pasará por las ciudades de Campo Grande (Brasil), Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y La Paz, para luego cruzar hacia Desaguadero y finalmente llegar al puerto peruano de Ilo. Con esta conexión, los países podrán transportar productos agrícolas, minerales e industriales de un océano a otro en menos de 10 días, una reducción significativa respecto a los 30 días promedio que demora el comercio marítimo.

América Latina se prepara para uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de su historia: el Tren Bioceánico de Integración, una vía ferroviaria que busca unir el océano Atlántico con el Pacífico atravesando cinco países del continente.
La iniciativa promete revolucionar el comercio regional, reducir costos logísticos y fortalecer los lazos económicos entre Brasil, Bolivia, Perú, Paraguay y Argentina.
El megaproyecto, impulsado principalmente por Bolivia y Brasil, pretende convertirse en una alternativa eficiente al transporte marítimo, permitiendo que las exportaciones sudamericanas lleguen a Asia y Europa en menos tiempo y con menores costos.
Un corredor ferroviario que atravesará el corazón de Sudamérica
El Tren Bioceánico de Integración recorrerá más de 3.700 kilómetros desde el puerto de Santos (Brasil), en el Atlántico, hasta el puerto de Ilo (Perú), sobre el Pacífico. En su trayecto atravesará el territorio boliviano, con ramales que se extenderán hacia Argentina y Paraguay, integrando así el Cono Sur en una misma red ferroviaria.
El trazado principal pasará por las ciudades de Campo Grande (Brasil), Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) y La Paz, para luego cruzar hacia Desaguadero y finalmente llegar al puerto peruano de Ilo. Con esta conexión, los países podrán transportar productos agrícolas, minerales e industriales de un océano a otro en menos de 10 días, una reducción significativa respecto a los 30 días promedio que demora el comercio marítimo.
Objetivos y beneficios del Tren Bioceánico
El proyecto tiene como objetivo impulsar la integración económica de América del Sur, reducir los costos logísticos del comercio exterior y potenciar el desarrollo de las regiones interiores, muchas de las cuales permanecen aisladas de los grandes centros portuarios.
Entre sus principales beneficios se destacan:
1.         Menor tiempo de transporte entre Asia y América del Sur.
2.         Aumento de la competitividad de los productos regionales.
3.         Generación de empleo durante la construcción y operación del tren.
4.         Desarrollo económico local en las zonas rurales atravesadas por la vía.
5.         Promoción del turismo y la conectividad entre los países del bloque.
Una inversión millonaria con interés internacional
El costo estimado del Tren Bioceánico supera los 10.000 millones de dólares, y ha despertado el interés de potencias como China y Alemania, que han ofrecido apoyo técnico y financiero.
Mientras China busca fortalecer sus rutas comerciales hacia América Latina, Alemania ha mostrado disposición a aportar tecnología ferroviaria avanzada y experiencia en grandes obras de infraestructura.
El financiamiento se encuentra en evaluación, y los gobiernos participantes analizan distintas modalidades de cooperación público-privada para concretar el proyecto sin comprometer la estabilidad fiscal de los países involucrados.
Bolivia, eje central del megaproyecto
Bolivia ocupa un papel clave en el trazado, ya que su territorio servirá de conexión natural entre Brasil y Perú. Para el país, el proyecto representa una oportunidad histórica: recuperar su acceso estratégico al mar mediante una infraestructura que le permita participar activamente en el comercio internacional.
El Gobierno boliviano ha liderado las gestiones diplomáticas para garantizar la viabilidad técnica y ambiental del tren, y mantiene reuniones periódicas con los demás países involucrados para coordinar la planificación de obras.
Estado actual y próximos pasos
Aunque el proyecto se encuentra en fase de planificación, en 2025 los gobiernos de Bolivia, Brasil y Perú retomaron los estudios de factibilidad técnica y ambiental. El objetivo es iniciar la primera etapa del corredor en los próximos años, priorizando los tramos que presentan mayor viabilidad económica y logística.
Los países participantes también buscan la cooperación de organismos internacionales y bancos de desarrollo para asegurar el financiamiento y la supervisión de la obra.
 
 
 
 
 
BOLIVIA CERRÓ EL CAMBIO, COMIENZA LA RESTAURACIÓN
 
Insurgencia Magisterial (https://n9.cl/llt64)
 
El eslogan «Dios, Patria, Familia», utilizado con frecuencia por el fascista Benito Mussolini, marcó el inicio del gobierno de Rodrigo Paz, con el que se espera el comienzo de la llamada restauración del sistema que había dominado Bolivia desde su fundación y que se creyó superado desde 2005.
Paz ganó la primera vuelta de las elecciones generales el 17 de agosto pasado con 1.717.532 votos (32.06%) y se impuso en la segunda vuelta —la primera en la historia de Bolivia— con 3.519.534 votos (54.96%).
En su discurso el nuevo presidente advirtió que, para «ordenar la casa», “no serán decisiones fáciles”, porque el país no puede continuar con el despilfarro. Paz afirmó que “la platita tiene que ser para hospitales, para colegios, para el trabajo y no para la farra de políticos”.
“No podemos mentir, y se lo digo con contundencia, a los dos presidentes de los últimos 20 años de este régimen. El malgasto de 60.000 millones de dólares del gas y tener una deuda de más de 40.000 millones de dólares interna y externa no fue algo correcto. Nos traicionaron, y la traición se paga en Bolivia, porque es el costo que tienen los más humildes”, dijo.
Según el mandatario, “la corrupción se volvió sistema y la mentira, política de Estado”.
Paz cuestionó la falta de resultados en la administración de los recursos naturales y lanzó una interpelación directa: “¿Dónde está el mar de gas? ¿Dónde está el litio? ¿Evo, dónde está el litio? ¿Arce, dónde está el gas?”
La policía como actor principal
Hasta ahora, en todos los actos oficiales el centro de los eventos lo ocupaban los militares, considerados defensores de la soberanía nacional. Esta vez, los militares no estuvieron presentes en la toma de mando y su lugar fue reemplazado por policías con características militarizadas.
Paz fue posesionado en el nuevo edificio de la Asamblea Plurinacional por Edmundo Lara, el excapitán de Policía que asistió al acto con un uniforme de la institución de la que fue dado de baja, según él, por denunciar corrupción. Lara se convirtió así en el primer vicepresidente en asumir su cargo con uniforme en 61 años. El último fue René Barrientos Ortuño, en 1964, quien después lideró el golpe que destituyó al entonces presidente Víctor Paz, tío abuelo del actual mandatario.
La Asociación Nacional de Suboficiales y Sargentos emitió un comunicado en el que expresó: «Hoy históricamente somos honrados y representados al haber logrado en justas electorales tan alta investidura, por lo que le brindamos nuestro apoyo incondicional y beneplácito a su decisión de asistir al acto de su posesión vistiendo el uniforme M10 de gala».
En su discurso de posesión Lara insistió varias veces en el tema del uniforme.
La biblia regresa al Palacio
La toma de posesión marcó el retorno de la Biblia al palacio de gobierno, una demanda de los sectores de derecha en Bolivia, a pesar de que la Constitución Política define al Estado como laico. El artículo 4 del texto fundamental precisa que “el Estado respeta y garantiza la libertad de religión y de creencias espirituales, de acuerdo con sus cosmovisiones” y agrega que “es independiente de la religión”.
Bajo este mandato constitucional, el Estado laico boliviano debería abandonar sus tradicionales ropajes católicos, y no es admisible, en teoría, escolta militar en procesiones, ministros comulgando en actos oficiales, crucifijos y biblias en los juramentos de autoridades o acceso privilegiado de obispos a salones presidenciales.
Sin embargo, legisladores de Santa Cruz y La Paz pidieron la reposición de la Biblia y del crucifijo para el juramento en la primera sesión preparatoria de la Cámara de Diputados. Aunque un legislador de Beni cuestionó la decisión por contravenir la naturaleza laica del Estado, desde la directiva ad hoc de la Cámara Baja se explicó que la medida obedeció a una votación del pleno.
Dime con quién andas…
La posesión marca un cambio en la orientación política de Bolivia hacia la derecha. Uno de los invitados de honor a la transmisión de mando en La Paz fue el mandatario argentino, Javier Milei, quien mantuvo una amena reunión con Paz, intercambiaron presentes y se comprometieron a retomar una agenda común.
Mientras tanto, el vicepresidente Lara envió un saludo especial al presidente de El Salvador, Nayib Bukele, considerado de ultraderecha por sus posturas en seguridad ciudadana, contrapesos democráticos y conservadurismo social.
En Latinoamérica versiones del eslogan «dios, patria y familia» fueron y todavía son utilizados por líderes de extrema derecha como Jair Bolsonar, Javier Mile, Nayib Bukele y el candidato presidencial de la derecha chilena José Antinio Kast.
La omisión indígena
En sus discursos de posesión, ni Paz ni Lara se refirieron en ningún momento a los pueblos indígenas, que según el último censo representan más del 42% de la población boliviana.
En el lenguaje de las señales, Lara fue el más explícito. No solo por su uniforme de policía en la posesión —aunque dijo que sería la última vez que lo usaba—, sino también por un saco de estilo colonial con el que recibió sus credenciales como vicepresidente electo.
Los cambios simbólicos: el reloj y la wiphala
El reloj del sur, instalado en la Plaza Murillo durante el gobierno de Evo Morales, no era solo un artefacto mecánico. Era un símbolo que al invertir el sentido de las agujas, rompía con la noción eurocéntrica del tiempo lineal. Ese reloj representaba un acto de rebeldía epistemológica: un gesto que decía que el Sur también podía marcar su propio tiempo, el pachakuti, el tiempo cíclico de las culturas originarias.
A pocas horas de la posesión de Paz ese reloj se convirtió en un reloj común; se ha producido un acto simbólico de restauración del orden. El Sur vuelve a girar hacia el Norte. Desde la filosofía política, este cambio puede leerse como un acto de resignificación involutiva: se abandona la idea de un tiempo plural para retornar al tiempo único del capitalismo global.
En el acto de posesión no se vio la wiphala, bandera de los pueblos aymara y quechua convertida en emblema nacional según la Constitución de 2009. La bandera fue retirada de la fachada del palacio de gobierno horas antes de la toma de posesión de Paz.
Vuelve el embajador de USA y también la DEA
Luego de una reunión con el presidente Rodrigo Paz, el subsecretario de Estado de los Estados Unidos, Christopher Landau, anunció que La Paz y Washington repondrán embajadores, nivel de relación que se interrumpió en 2008.
“Vamos a restablecer las relaciones a nivel de embajador, como siempre debería de ser. Ha sido muy insólito que no hayamos tenido embajadores en nuestras capitales. Creo que eso es un paso muy importante y espero que podamos anunciar embajadores ya muy pronto”, aseguró Landau en un español fluido.
Bolivia y Estados Unidos no cuentan con embajadores desde el 12 de septiembre de 2008, cuando el Gobierno boliviano declaró persona no grata al embajador Philip Goldberg por una supuesta injerencia en asuntos internos.
En la misma conferencia, el presidente Paz afirmó que no solo la Administración para el Control de Drogas (DEA), sino “todos los organismos que garanticen la seguridad de los bolivianos pueden llegar al país”. La DEA fue expulsada en 2008, acusada de conspirar contra el gobierno.
Landau también señaló que “Bolivia es un país que puede beneficiarse de inversión extranjera”. Al respecto, el presidente Paz recordó que de los $us 115.000 millones de inversión extranjera que llegó a la región en 2024, Bolivia solo captó $us 240 millones. “Somos una isla en el mundo. Nadie invierte en Bolivia, nadie cree en Bolivia”, lamentó.
Arce se fue por la puerta de atrás
En la víspera, Luis Arce y David Choquehuanca, ex presidente y ex vicepresidente, cerraron un ciclo histórico de casi 20 años. Habían sido elegidos por abrumadora mayoría en 2020, pero parecieron salir por la puerta trasera dejando como recuerdo el hecho de haber generado las condiciones para el fin del proceso del cambio y el inicio de la “restauración”.
Vendrá un nuevo ciclo para la izquierda para “volver a ganar las calles” lo que permitirá, en el futuro, el retorno al gobierno, dijo Arce, quien se va agobiado por denuncias de corrupción sobre su familia.
“Estamos contentos de haber cumplido con nuestros jilata (David Choquehuanca) estos cinco años que marcan, en realidad, no un final, sino el inicio de la lucha de todos y cada uno, del pueblo boliviano que va a volver a ganar las calles para volver a entrar aquí a la Casa Grande”, dijo.
 
 
 
 
 
EL DILEMA DE LA WIPHALA EN BOLIVIA
 
Aporrea de Venezuela (https://n9.cl/i92ve)
 
El Estado Plurinacional de Bolivia está en un dilema, y así estará durante los próximos años. Dicho dilema se debe a que un sector de la sociedad boliviana está a favor de que la bandera de los pueblos indígenas, conocida por el vocablo aymara de wiphala, siga siendo un símbolo nacional, mientras que hay otro sector que está en contra.
Y esto se desprende del hecho de que, desde febrero del año 2009, hasta noviembre del año 2025, la wiphala fue izada en el Palacio Quemado, sede del gobierno nacional boliviano, y utilizada en los diferentes actos protocolares realizados en territorio de este país sudamericano, gracias precisamente a lo establecido en la Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia de 2009.
Sin embargo, con la llegada al poder de Rodrigo Paz, del Partido Demócrata Cristiano, todo comienza a cambiar. El nuevo gobierno sólo quiere ver izada la tradicional bandera tricolor, conformada por tres franjas de color rojo, amarillo y verde. La wiphala ha sido cesada en sus funciones, y en lo adelante, sólo será cargada sobre sus hombros por las comunidades indígenas de Bolivia.
Este punto de inflexión marca la confrontación entre dos visiones geopolíticas diferentes para Bolivia. Porque detrás de estos hechos relacionados con el simbolismo, están sendos proyectos y modelos de desarrollo contrapuestos, que seguramente derivarán en una intensa dinámica geopolítica, caracterizada por marchas y contramarchas, y de seguro, actividades protestatarias de calle.
Porque no hay que olvidar que Bolivia es, efectivamente, un Estado Plurinacional, donde conviven los criollos mestizos, que representan más o menos el 43 % de la población total, y más de 30 etnias que suman el 57 %, entre las que destacan los aymaras y los quechuas.
Así que, esta bandera ajedrezada multicolor, que tiene su historia y su valor cultural, conocida como wiphala, dará de que hablar durante los próximos años. Posiblemente sea izada de nuevo en el Palacio Quemado.
 
 
 
 
 
CAPITALISMO PARA TODOS
 
El capitalismo para todos será todo lo contrario al socialismo del siglo XXI.
 
Prensa Libre de Guatemala (https://n9.cl/xnmloz)
 
Conocí el Departamento de Santa Cruz en Bolivia en septiembre de 2022 por un asunto de trabajo. Me agradaron mucho el lugar, la gente y la actividad económica. En aquella ocasión me decían que en esa parte de Bolivia la ideología marxista de Evo Morales no había logrado establecerse porque la naturaleza de los ciudadanos no lo permitía ya que eran personas que defendían la vida, la familia, la libertad y la propiedad privada, y que sabían que la única forma de tener ingresos era trabajando. Santa Cruz es uno de los nueve departamentos de Bolivia, y es más que tres veces el tamaño de Guatemala, solo que con 3.1 millones de habitantes. La mayoría vive en la capital del departamento: Santa Cruz de la Sierra.
La capital de Bolivia es La Paz, que está ubicada en el departamento de La Paz. El departamento es un poco más grande que Guatemala, pero con solo tres millones de personas. En la capital está la sede del Gobierno y de los poderes Legislativo y electoral. Se encuentra a tres mil 650 metros sobre el nivel del mar. No conozco La Paz, pero entiendo que la actividad económica no es comparativa con la de Santa Cruz.
En marzo de este año fui a Santa Cruz nuevamente. Encontré un cuadro muy desagradable para los ciudadanos. Filas y filas de vehículos buscando cómo abastecerse de combustible. Horas de horas en esas filas, hasta durmiendo en los vehículos. También encontré un país sin divisas, producto de una mala gestión que Evo Morales le atribuye a su exministro y ahora expresidente Luis Arce. La falta de dólares y la falta de combustible se deben exclusivamente a un muy mal manejo de la cosa pública durante tantos años. Eso es, en resumen: presupuestos gigantes desfinanciados, corrupción, exceso de funcionarios públicos y falta de políticas públicas sensatas que los llevaran al camino de la producción y la productividad.
Bolivia tuvo elecciones presidenciales en agosto y en octubre (2a. vuelta), donde triunfó el senador Rodrigo Paz Pereira, hijo del expresidente Jaime Paz Zamora (1989-1993). El partido MAS, del cocalero Evo Morales, perdió y no solo perdió la elección presidencial, sino que prácticamente fueron eliminados del Parlamento y muchos espacios políticos. Rodrigo Paz ofreció el Capitalismo para Todos, que él mismo dice que será todo lo contrario al socialismo del siglo XXI que enarboló en su momento el exmandatario Morales. El actual presidente también ha dicho que lo que le preocupaba es el futuro de Bolivia después de los 20 años de desastre del MAS (Morales y Arce), que dejó deuda interna y externa de US$40 mil millones. El presidente Paz se está enfocando de inicio en que haya combustible en el país, porque si no se resuelve eso primero, el país no tiene movilidad. Luego viene la parte de ordenar la casa, lo cual se lleva a cabo tomando decisiones sensatas como cortar el despilfarro de los salientes y plantear las políticas públicas de desarrollo de país.
El Capitalismo para Todos que propone el presidente Paz incluye una rebaja de impuestos y aranceles, créditos baratos para emprendedores y acciones de descentralización de la inversión para que todo el país crezca. Rodrigo Paz tiene cinco años para darle un giro de 180 grados a Bolivia. Ya se le acercaron países como Estados Unidos, Israel y varios más con los que el gobierno del MAS no tenía relaciones. Él dice que Bolivia debe salir al mundo y el mundo debe llegar a Bolivia. Eso es básico. Estoy seguro de que el sector empresarial boliviano trabajará muy cerca del presidente y de su equipo para que juntos logren esos grandes propósitos.
Paz Pereira debe orientar hacia reglas claras y certeza jurídica, gestión acertada en seguridad ciudadana e infraestructura adecuada, y manejo macroeconómico sensato.
 
 
 
 
 
BOLIVIA: DEL CAPITALISMO ANDINO” AL “CAPITALISMO PARA TODOS”
 
Nodal AM de Argentina (https://n9.cl/9anybj)
 
Circula entre los analistas un rumor, con apariencia de cientificidad; siendo en realidad un relato calculado para brindarle al nuevo gobierno una legitimidad postiza. La invención es mediática y los analistas, como sus portavoces, tienen la misión de instalar este relato que cumple una doble función: demonizar la gestión del MAS y canonizar anticipadamente al gobierno entrante con pompa y circunstancia. Para ello, de nuevo, se trata de instalar una percepción maniquea en la opinión pública: salir del infierno hacia la redención. Por eso los analistas dictaminan y se auspicia entre líneas: “al fin el pueblo supo elegir bien”.
El MAS puede haber tenido todos los desaciertos, vicios y absurdos que se le imputan, pero lo que más prima en este relato es la exageración. Recordemos, la primera gestión del gobierno del Evo recibió un país inestable, con bajísima credibilidad institucional y una economía raquítica. Por eso el presidente limosnero admitía, y en cadena nacional, el tener que estirar la mano hasta para pagar a los maestros. Él, al igual que el actual vicepresidente, se presentó para cumplir una única función: limpiar la corrupción. Pero no supo, ni pudo, ni quiso hacerlo. Porque la corrupción es lo institucionalizado hasta como cultura política y social en un país que, sometiéndose a los principios neoliberales y la cesión de su soberanía, sólo puede hacerlo corrompiéndose hasta el tuétano (ya Andrés Soliz Rada denunció esto y el mismo poder judicial lo metió preso). Si el MAS desinstitucionalizó la justicia, no lo hizo mejor que el MNR, con la aplicación del neoliberalismo o la democracia pactada, que legalizó aquella corrupción que tanto alboroto levanta en quienes olvidan, a conveniencia, que eso proviene de mucho antes.
Y si de narcotráfico hablamos, que es una de las más insistidas denuncias contra el gobierno del MAS, hay que recordar que, después de las dictaduras de Banzer y García Meza (que tuvo siempre un fuerte respaldo de los grupos de poder camba), fue el gobierno del padre del actual presidente, Jaime Paz, el que más episodios ligados al narcotráfico tuvo; haciendo hasta leyes en favor de perdonazos a clanes familiares que hicieron fortunas en ese periodo. La comedida diligencia que hace el hijo y actual presidente Rodrigo Paz a Washington, tiene que ver con lograr el respaldo de quienes saben, con todos sus detalles, el involucramiento del gobierno del MIR con el narcotráfico. Se trata, como en la mafia, de pagar el tributo para comprar la absolución.
Tampoco se dice que, el gobierno de facto que se impuso después del golpe del 2019 (con toda la partidocracia implicada), con masacres y genocidio de por medio, desfalcó al Estado y dejó a éste y a las empresas estratégicas, con déficits de inicio. Pero de esto no se dice nada, pues los medios y sus analistas prefieren hablar de un periodo democrático, desde el 1982, sin interrupciones. En el gobierno de facto, la corrupción gozaba de total impunidad, avalado por el mismo poder judicial que ahora ya volvió a sus cauces, es decir, a servir al poder económico; y toda la desinstitucionalización se mantuvo, compartiendo con todas las instancias encargadas del orden jurídico, los beneficios de la corrupción generalizada. Resultado de ello es que, por ejemplo, hasta ahora, no prosperan los reclamos de justicia de las víctimas. Es más, los perpetradores y autores intelectuales de las masacres de Senkata y Sacaba, en tiempo récord y como a pedido exprés, son liberados para asistir al juramento presidencial, como es el caso de la Añez, la misma que firmó las “licencias para matar” a los militares.
El nuevo presidente le reclama al MAS dónde está el mar de gas y el litio. Pero se olvida, a conveniencia, que siendo senador, su labor consistía precisamente en fiscalizar al gobierno. Si desconoce aquello, ¿qué hacía un supuesto legislador y con experiencia política (viviendo de ella también por más de 30 años) sino incumplimiento de sus propias funciones? Además, más allá del maniqueísmo que ha contaminado la discusión política, hay que señalar que, de los 60.000 millones provenientes del gas, supuestamente derrochados por el MAS, la mitad de ese dinero, por razón del IDH, fue a gobernaciones y alcaldías y a las universidades (o sea, hasta Rodrigo Paz recibió una fuerte cantidad, porque Tarija gozaba de mayores regalías provenientes del gas); también se destinó a la infraestructura de transporte, carreteras que, como nunca antes, se desarrolló durante el gobierno del MAS, integrando al país.
Pero el ensañamiento contra las gestiones del Evo tiene el sesgo de alimentar el odio ya instalado en la percepción pública para, de ese modo, darle carta blanca al gobierno actual.  Entonces llegamos al asunto con el que iniciamos esta reflexión. El rumor que circula mediáticamente y que pretende mezquinamente cancelar lo logrado (por poco que sea) y, hasta en lenguaje mesiánico, anunciando una supuesta “tierra prometida” (con el mismo procedimiento evangelizador con el que se impuso el neoliberalismo), es instalar, en la opinión pública, la improvisada y peregrina idea de que “se inicia un nuevo ciclo”.
Los cándidos analistas no tienen idea siquiera de que, lo que anuncian, no es ningún “inicio” sino el continuismo del Estado inaugurado en la revolución del 52. Ya en otro texto hemos expuesto que, con la última versión del MAS, se ingresaba a la decadencia del modelo de Estado republicano, que patrocinó el movimientismo nacionalista[1]. Que el MIR, o su resto mustio, festeje su retorno al poder en la presencia del hijo de Jaime Paz Zamora, Rodrigo Paz, ya da cuenta de que, en realidad, se trata de una vuelta al pasado, ese mismo pasado contaminado por la partidocracia y la democracia pactada.
El nuevo presidente, aparte de ser hijo de Paz Zamora es también nieto de Víctor Paz, el encumbrado por la revolución del 52 (sin haber sido participe de ésta) y líder del MNR; que inicia el proceso de nacionalización de los recursos estratégicos en Bolivia (como la minería y el petróleo), la reforma agraria, el voto universal, etc.; pero también el mismo que después, en 1985, abraza el neoliberalismo e inicia la privatización de todas las funciones esenciales del Estado, privándole de soberanía y hacer que la dependencia estructural se naturalice hasta de modo legal.
El MAS tampoco pudo iniciar una proyección estatal que supere al movimientismo como cultura política. Es más, también sirvió como reciclador del MIR y, de ese modo, se preservó el carácter oligárquico-señorialista que proviene como continuidad hasta familiar desde el 52. Por ello, como nada es casual en la historia (si se sabe leer sus pliegues coyunturales), no es de extrañar que esta decadencia sea ahora absorbida por el nieto. “Nuevo ciclo” sería si el nuevo gobierno se propusiera una nueva “doctrina estatal”, asentada en lo determinante de constituir ideología nacional. Cosa que, aunque inconscientemente, sí hizo el MNR y, por eso, el movimientismo dura hasta el día de hoy.
El MAS tenía que acabar con esa cultura política, pero quedó subsumido en la peor mezcolanza de los advenedizos que, diestros en el llunq’erío (lisonjeros, zalameros y adulones), se colaron desplazando y desprestigiando al factor indígena, siendo éste el imputado de todos los dislates que se cometían en su nombre.
Nunca gobernó el indio y la presencia del Evo fue la única garantía que buscaba ese séquito para lucrar política y económicamente del “proceso de cambio”. Por eso se dice que la corrupción inicial comienza en el desconocimiento del lugar de la soberanía original. Usurpada la soberanía y el poder popular, todo lo demás sucede por inercia; cosa que ya llegó al absurdo en el retorno del MAS con Luis Arce. ¿Cómo se llega a esta situación después de que el pueblo autoconvocado recuperase la democracia el 2020 y haga posible, democráticamente, una nueva oportunidad al MAS para reencauzar el “proceso de cambio” y consolidar el Estado plurinacional y su horizonte político?
Esta pregunta no la hace ningún analista porque, fieles al guion mediático, se saltan el hecho del golpe. Sin esa referencia, toda ecuación analítica permanece atrapada en una incógnita irresoluble. Porque, además, sin la muletilla del fraude se les cae el relato del llamado “nuevo ciclo”. Para ataviar al nuevo gobierno como caído del cielo, necesitan inventarse un pasado único, bajo la supuesta tiránica presencia del MAS. Por eso, en esta impostación calculada, el continuo asedio oligárquico, que ya pretendió dar un golpe de Estado el 2008, en pleno funcionamiento de la Asamblea Constituyente, no existe para la mirada atascada de una rancia intelectualidad que, ahora ve una coyuntura histórica, como si se tratase de una “epifanía bienaventurada” (como para terminar de cerciorarnos, de una vez por todas, del perezoso oficio que ostentan arrogantemente desde los medios).
Lo que hubo, desde la caída del Goni, fue una persistente tarea de reponer la cultura política del movimientismo nacionalista, pues sin ella, dejan de tener las elites el patrimonio del Estado y el poder político. La presencia de un MIR reciclado en el propio MAS tuvo ese papel. ¿Qué es entonces lo que de continuismo hay en toda esta insistencia de reposición del Estado oligárquico-señorialista? Todo se resume en esto: impedir que lo indio se convierta en horizonte político.
Por eso el continuo énfasis que hace toda la cultura movimientista en la reivindicación de lo mestizo, que no se trata de una síntesis unificadora sino calculada. Se trata siempre de la anulación de lo indio de la identidad boliviana, la idea de nación sin presencia nacional, el argumentar contra sí mismo como programa de vida de las elites. El señorialismo de la izquierda, que en esta historia jugó, como siempre y para su desgracia, para el lado oligárquico, tiene en su juramento de superioridad, la garantía de que el indio es el único, en situación de servidumbre y obediencia –cediendo su propia voluntad de vida–, quien legitima los privilegios de la elite colonial de ser siempre clase dirigente.
Por eso el MAS también forma parte del continuismo del movimientismo nacionalista, donde lo nacional se circunscribe al proyecto dependiente-colonial de las elites. Es decir, no hay “nuevo ciclo”, sino la reposición, ahora democrática, del continuismo del modelo liberal republicano que impulsa el MNR. Modelo liberal basado en el paradigma de la desigualdad humana, es decir, en la clasificación antropológica de un humanismo selectivo y excluyente, donde el indio es aceptado a condición de que se modernice, o sea, la autonegación como forma de vida. Bajo diversas estratagemas, unas más despiadadas (como la que suscribe la oligarquía camba), otras más atenuadas (como el de la izquierda eurocéntrica), la insistencia política de las elites siempre ha creído que la contradicción a resolver es: “civilización o barbarie”.
El discurso y el proyecto que llevó al MAS al poder (y que nunca comprendió su elite dirigencial) es que aquella contradicción es aparente. Y lo único que logra es el divorcio entre lo que es verdaderamente nacional y su proyección estatal como la objetivación del universo ético del pueblo. Eso es lo que no deja dormir en paz al señorialismo que, en boca de Rodrigo Paz, se hace claro, porque su repetida evocación a Bolivia, es al país que reclaman como suyo los empresarios, a los cuales tuvo que acudir antes de asumir el mando, en el evento “Visión Bolivia 2025”, prometiéndoles todo, como también lo hizo con los gringos y los organismos internacionales, como el FMI.
Entonces, cuando repetía Bolivia, Bolivia…, en su discurso de asunción al mando, era la Bolivia que buscan repartirse los que siempre se creyeron los dueños de este país. El vicepresidente Lara, que ya es ninguneado hasta por el protocolo de este nuevo gobierno, le habla al “cholaje”, porque proviene de ellos. Y son ellos que, desde la informalidad, pasando por el pequeño empresariado y el comercio en general, sin apoyo estatal, lograron tener cierto poder económico y encuentran en Lara un portavoz. Esa es otra Bolivia (no la otra que hablaba el Mallku Felipe Quispe); la que, en un proceso de empoderamiento, es ya un factor político que puede decidir resultados electorales, como el sucedido. Pero, en este caso, el “cholaje” es un fenómeno emancipatorio, no un proyecto de liberación. Es una apuesta de inserción en el mundo ya constituido como objetividad moderno-capitalista, que hoy ya posee hasta su vocería intelectual en el q’amirismo, que es lo que dio lugar a la idea peregrina del inventor de hipótesis sietemesinas, como fue el ex vicepresidente García Linera: el “capitalismo andino”.
Esta propuesta no fue un exabrupto sino el resultado de una mirada eurocéntrica que la izquierda siempre tuvo sobre Bolivia: la inclusión en el sistema excluyente, administrada por una elite que cumpla las tareas pendientes del colonialismo, como es la capitulación del resto crítico de lo indio constituido en sujeto histórico-político. Esa subsunción, hasta paternalista, de la inclusión del excluido, que aparece como un favor que le hace el propio sistema político, es lo que la izquierda oferta al sistema, para obtener la carta de admisión en las esferas del poder existente.
Entonces, repetimos: no hay un “nuevo ciclo” sino el continuismo hasta patológico de una ideología (o falsa consciencia) compartida tanto por derecha e izquierda: lo indio como obstáculo del desarrollo. Y en esto se devela que el “capitalismo andino” era lo que definía al MAS no como un proyecto post-capitalista sino como el pináculo de los mitos eurocéntricos capitalistas. Cuando el Evo decía que “el vivir bien es que todos tengan propiedad privada”, expresaba lo mismo; por eso la yunta del intelectual y el campesino era ideal, pues ambos expresaban el credo liberal de la modernización como paradigma político, o sea, la destrucción de toda forma comunitaria de vida, para imponer la forma societal del capitalismo liberal.
Dejar de ser indios para abrazar el desarrollo capitalista y toda forma de explotación y dominación en la producción y reproducción social, económica y política. Ese proyecto promovido y extendido por el propio “gobierno del cambio”, generó la aparición y consolidación de los nuevos agenciadores y reproductores de los credos moderno-capitalistas y los convirtió en poderes corporativos con poder de negociación con el Estado; es lo que estaba produciendo el MAS con los cooperativistas mineros, cocaleros, transportistas, comerciantes aburguesados, etc. Por ello el giro en la última gestión se podía hacer pública y lo declaró el sector linerista: “el sujeto de cambio ya no es el campesino-originario sino la clase media”. Pues lo que hicieron las medidas estatales, sin revolución cultural, promoviendo una clase media que, en ese ascenso, aburguesaba su horizonte de expectativas, fue generar un nuevo colchón de reclutamiento de los prejuicios oligárquicos.
Entonces la secuencia no es casual. Es la deducción lógica de un mismo patrón. Y tiene que ver con aquello que se fue generando desde la asunción del MAS. El continuismo, como restauración constante del carácter liberal del mismo Estado, no podía sino arribar a este retroceso del horizonte de expectativas populares y esto –para desenmascarar al componente ideológico que expropió el “proceso de cambio”– fue un acto de sustitución de la soberanía política, para redirigir el Estado plurinacional a la misma orientación liberal del Estado oligárquico-señorialista.
Desde el 2006 hemos venido denunciando este asalto al poder popular que, en las “mesas de concertación” de Cochabamba del 2008, hizo posible el primer golpe de Estado al “proceso de cambio”, que casi nadie vio. En esas mesas el orden instituido se sobrepuso al poder constituyente y, de ese modo, restituyó las prerrogativas del carácter liberal del Estado, para restaurarlo aún bajo el auspicio de las banderas de los negados y excluidos de ese Estado: lo indio como horizonte político. Cuando escribimos el Pensar Bolivia, vol. II, lo subtitulamos: La reposición del Estado señorial[2], donde detallábamos ese asalto y el auspiciado –por el propio “gobierno del cambio”– aburguesamiento del “proceso de cambio”.
La impostura jacobina al interior del gobierno se autoconstituyó como elite dirigencial de un proceso que, de tener profundas raíces democráticas, fue instrumentalizado como un nuevo reposicionamiento del movimientismo que, del auspiciado mestizaje, ahora era transferido al “cholaje q’amirista”, que inclina ahora sus expectativas políticas por la actual dupla gubernamental. La inclusión en el mundo que siempre los excluyó, es ahora lo determinante para reformar el escalafón social, pero siempre dentro de las mismas reglas de juego que impone la clasificación antropológica moderna y su humanismo selectivo y excluyente, es decir, la racialización de la clasificación social. Por eso los nuevos integrantes cargan con la responsabilidad de vigilar las fronteras de admisión selectiva en la pirámide económica.
Si no hay entonces un “nuevo ciclo”, ¿Qué es lo que hay? Porque lo que se está vendiendo como “nuevo ciclo” es la idea de un recomenzar, de una redención mesiánica y hasta de un arribo a una supuesta “tierra prometida” (el racismo prevalente en la sociedad urbana, que apostaba por Tuto, la versión más inflexible en el escarmiento al atrevimiento plebeyo de querer un país entre iguales, objeta a Rodrigo Paz y, sobre todo, a su vicepresidente, esa inclinación popular que les despierta dudas de la fidelidad señorialista que exigen). Ese supuesto “nuevo ciclo”, travestido de demagogia mesiánica, también expresa un populismo o al oxímoron de un capitalismo con rostro humano, que era lo que se acurrucaba detrás de la idea del “capitalismo andino”.
Para esta izquierda eurocéntrica terraplanista (por pensar de modo lineal y no dialectico-circular), para arribar al socialismo, se debe de impulsar los factores civilizatorios del capitalismo, como son el desarrollo de las fuerzas productivas, generando la presencia fuerte de la clase proletaria como conductora de un proceso hacia el socialismo. Pero esta visión althusseriana trasnochada, jamás fue congruente con el propio Marx que, ante las críticas de los narodniki rusos, respondió que, desarrollar factores capitalistas, iba a destruir las posibilidades genuinas de la comunidad rural rusa de un salto al socialismo sin necesidad de atravesar el capitalismo.
Porque cuando Marx señala que el capitalismo es un “modo de producción”, se refiere a que es un modo de producir y reproducir la vida en general, no sólo la producción mercantil. Y lo que produce y reproduce el capitalismo, son relaciones sociales, o sea, relaciones de dominio y explotación. Y esto es lo que genera una subjetividad social acorde al liberalismo, es decir, a la producción de individuos divorciados de relaciones de pertenencia comunitaria, o sea, que sólo velan por la satisfacción de sus intereses exclusivamente particulares. Con esta clase de individuos es imposible el socialismo y peor, una forma de vida basada en relaciones comunitarias de complementariedad, reciprocidad y solidaridad, como es lo que proyecta el “vivir bien”.
El gobierno del MAS nunca se propuso un Estado acorde a ese proyecto, por eso corromperse era sólo cuestión de tiempo, porque el sistema mismo es corrupto y brinda las condiciones para que los actores se corrompan. Por eso se trataba de un continuismo que ahora sigue, pero de modo mas enfático y libre de la presencia indígena, para que la continuidad sea liderada por la elite que vuelve a la captura de lo que siempre consideró suyo y de su exclusiva incumbencia: el destino de este país.
La derecha, en estos 20 años de proyecto plurinacional estancado (por obra y gracia de los mismos que estaban llamados a impulsarlo), no puede generar ni la posibilidad de una renovación discursiva; sólo puede remitirse, incluso para negarla, a la nomenclatura política que proviene del “proceso de cambio”. Ya no puede objetarla ni librarse de ella. El discurso político ha sido atravesado por la referencia ahora señalizada como el chivo expiatorio, para el componente más fascista de la ideología oligárquico-señorialista.
El vicepresidente Edmand Lara recurrió hasta a Tupac Katari en su discurso y el presidente Rodrigo Paz hizo una vaga referencia a la Pachamama[3]. Y aunque suenen como meros atavíos impostados, sobre todo en el presidente, su vigencia retórica es innegable. Así como los analistas no pueden vivir sin mencionar al Evo y magnificar su presencia política, así la casta política necesita de él para justificarse en todo sentido. Esa patología describe su imposibilidad de destetarse del “engendro” que ellos mismos han creado. Si a Arce le costó, y no pudo, deshacerse del Evo, tampoco puede la derecha. Es un fantasma que recorre los pasillos del poder y los sueños de sus actuales inquilinos.
En ese sentido, para estas elites, económicas y políticas, ya sea de izquierda y derecha, de arriba, de abajo, del centro y adentro, el pecado que no le perdonan es hacer que el indio se ponga como un igual ante ellos y haga mejor las cosas, hasta las no bien vistas, a tal grado de hacer que esa presencia oligárquica sea ya innecesaria. Tuvieron que inventarse un monstruo para transferir en éste todas sus culpas, pero no se dieron cuenta que, para crear un monstruo, uno mismo se convierte en monstruo.
Y eso es lo que desencadenaron los medios de comunicación, haciendo que la sociedad citadina despertara sus prejuicios raciales señorialistas y apostara por cualquier cosa para salvarse del inventado desastre. Ahora creen tener una democracia repuesta y una libertad asegurada, como si hubiésemos salido del reino del terror. Este miedo generado mediáticamente, es lo que se traduce como política del odio, que es lo que asegura, para el fascismo existente, la vigencia aduanera de selectividad social y política.
Pero lo que se viene, sí representará los miedos, antes infundados, ahora amenazadoramente crecientes (por eso ya dijo Paz, que “la libertad tiene límites y condiciones”). Porque lo que se propone el nuevo gobierno, después de habernos susurrado canciones de cuna para incorporarse en nuestros sueños, no se puede realizar sin convulsionar a un país que ha hecho propio los contenidos de lo que debía ser el nuevo Estado, las conquistas sociales y los logros asimilados por el pueblo como suyos.
Las medidas que se anuncian, además del perfil del nuevo aparato ministerial empiezan a retratar un repliegue de la soberanía en favor de una injerencia abierta de los poderes fácticos, nacionales y extranjeros. La primera muestra de aquello es la presencia de ministros ligados al agronegocio y la minimización de las responsabilidades ecológicas estatales, poniendo en duda la vigencia de un Ministerio del Medio Ambiente.
El plan gubernamental ya se presume, tendrá una dinámica vertiginosa para implementar cambios que aseguren (contando además con 2/3 de la Asamblea legislativa plurinacional) el retorno más expedito al carácter neoliberal del Estado. Algo que el MAS se cuidó mucho de hacer explícito, aunque en los hechos nunca se propuso alterar ese carácter. Pero el nuevo gobierno ya no tiene nada que le impida ciertas reformas inmediatas para hacer del Estado un modelo empresarial. Para ello magnificaron el tamaño de la crisis, la ineficiencia, corrupción (que en el gobierno del padre del actual presidente superaba en creces la que produjo el MAS), para ilusionar con un bienestar que, por definición y dada la selectividad social y racial en la pirámide económica capitalista, no puede universalizarse.
Por eso, no puede haber “capitalismo para todos”, porque en la competencia generalizada, la “selección” del mercado hace que unos ganen y las mayorías pierdan. La lógica de la acumulación concéntrica jamás puede producir una democratización de la riqueza. Por eso funciona muy bien para los ricos, porque las reglas están hechas para que siempre ganen, a costa incluso de sus propios países. Ya lo dijo el nuevo ministro de economía y finanzas: “los primeros prestamos adquiridos serán para el sector privado” (lógica neoliberal: demonizan al Estado o, en palabras del propio Paz, lo califican como “Estado tranca”, pero se sirven de éste para financiar y asegurar sus negocios, aprovechar los créditos y hacer que las deudas las pague todo un país).
Por eso, ese “reformar la casa” que anuncia el presidente Paz, supone operaciones quirúrgicas que, según él mismo, no serán fáciles, pero “deben ser realizadas”. Y eso lo dice frente a las FF.AA. y les dice a ellos (y publico incluido) que no lo abandonen. O sea, lo que se viene no es nada halagüeño. Y todo ello lo hace en nombre de un no retorno al pasado (identificado éste con el MAS). Pero significa, en los hechos, un retorno al más rancio pasado de la democracia pactada y la partidocracia en plena vigencia neoliberal y que produjo la expulsión de todo ese sistema político que encarnaba la última gestión de Gonzalo Sánchez de Lozada, el Goni, con el MNR. Fue la llamada “guerra del gas”. Sabiendo eso, sabe el nuevo presidente que lo que ha prometido a quienes realmente se debe, no puede sino realizarlo en el tiempo más breve posible, para invalidar el descontento social que inevitablemente ha de producir.
Lo que se viene no es nada atractivo. Un pueblo que ha pasado de la resistencia a la transformación, que ha tenido la experiencia de producir un proceso constituyente y fundar un nuevo Estado, no se cruzará de brazos viendo cómo se le arrebatan las conquistas sociales, la participación y la deliberación que aun mantiene como ese óptimo nacional de referencia del poder popular que ahora deberá activarse como resistencia estratégica.
 
 
 
 
 
ES NECESARIO SUPERAR LA ANTIPOLÍTICA EN BOLIVIA
 
Acá es válida una interrogante: ¿Cuáles son las consecuencias de esa actitud antipolítica?
 
Panam Post de Panamá (https://n9.cl/blzkhx)
 
A finales de septiembre, durante un almuerzo familiar, uno de mis sobrinos me preguntó: «¿Qué crees que vaya a suceder después de las elecciones de octubre?». De manera inmediata, su mamá salió a cortar el diálogo con la frase: «En la mesa no se habla de política. No molestes a tu tío». Como soy un convencido de la soberanía familiar, opté por no contradecir a mi prima.
Episodios como el de arriba descritos, son más comunes de lo que parecen. No se limitan, exclusivamente, a los eventos familiares, sino que es casi una generalidad, incluso en medios académicos. Sin embargo, esa actitud antipolítica es muy peligrosa, pues deja a las naciones indefensas ante quienes están dispuestos a usar la política para concentrar poder, aventureros inescrupulosos, diría el gran Friedrich Hayek.
Acá es válida una interrogante: ¿Cuáles son las consecuencias de esa actitud antipolítica?
El profesor de Relaciones Internacionales, Angelo Codevilla (+), en su libro: El carácter de las naciones, explica que las Ciencias Sociales parten de dos premisas contrarias: unas de la idea de Rousseau sobre la bondad natural del hombre; otras asumen la versión opuesta, en la cual se habla de que el hombre es malo por naturaleza, ergo, su capacidad de hacer el mal debe limitarse.
Las consecuencias son directas: si creemos en la bondad natural del ser humano, pues, no pondremos límites ni barreras al poder. Empero, si estamos seguros que el hombre puede ser capaz de cometer las mayores miserias, por lógica, limitaremos con todos los mecanismos posibles el ejercicio del poder.
Codevilla concluye que la antipolítica es un resultado directo de asumir la tesis de Rousseau, puesto que, si mis mandatarios son buenos, no tiene ningún sentido preocuparme por aquello que hagan.
No obstante, la realidad nos recuerda que los seres humanos somos capaces de las mayores maldades y que descuidarnos de eso nos trae terribles consecuencias, veamos:
A inicios del nuevo milenio, Bolivia y Chile no distaban mucho en el Ranking de libertad económica de la Fundación Heritage. Penosamente, en octubre del 2003, Bolivia sufrió un golpe de Estado y, con eso, ingresó a la franquicia delictiva del Socialismo del Siglo XXI.
Triste fue la suerte de quienes anunciamos el camino que estábamos tomando con la agenda de octubre y el sometimiento a la dictadura cubana. Todavía recuerdo que un profesor de Derecho Internacional, cuando cursaba mi segunda carrera universitaria, me dijo: «usted no superó la Guerra Fría. Sigue viendo muertos vivientes», o la burla que recibimos con un grupo de amigos en nuestro programa de TV. Años después, entendí que las universidades son rousseaunianas, por eso es que son la gran fábrica de socialistas del mundo. Pero eso es tema para otro artículo.
Ahora el país tiene más de 60 % de pobres, problemas de abastecimiento de carburantes, escasez de dólares, inflación de dos dígitos y una total ausencia de institucionalidad democrática. Nuestras familias y nuestros patrimonios fueron mermados en dos décadas de castrochavismo.
Hoy el peligro es mayor, se llama globalismo. Un proyecto que no se limita a controlar al ser humano, sino a rediseñarlo en función de una visión impuesta por una élite plutocrática. Al respecto, Agustín Laje, en su libro Globalismo, explica:
La antropología que subyace a la Agenda 2030 es una en la que el hombre no tiene familia. La figura del padre no aparece ni una sola vez, ni en los objetivos, ni en las metas ni en la resolución. La figura del hijo o de la hija, tampoco. La palabra «madre» se emplea una sola vez, pero para referirse a la «Madre Tierra». En lo que respecta a la palabra «familia», aparece una sola vez en un contexto de poca importancia, y su derivado «familiar» aparece dos veces como «planificación familiar». En suma, el hombre de la Agenda 2030 no tiene familia, no tiene patria ni tiene Dios; así, carece de una identidad fuerte, de la que puedan surgir energías políticas y morales, además de una voluntad férrea de autodeterminación.
Ahora entiende que, aunque usted no se meta a la política, la política igual se va a meter en su familia, su patrimonio y hasta en su cama. Superar la antipolítica es el primer camino para tener naciones libres.
 
 
 
 
 
PEDIRÁN PENA MÁXIMA, DE 30 AÑOS, PARA EL PADRE JUANJO, EXCURA URUGUAYO ACUSADO DE ABUSAR DE NIÑOS EN BOLIVIA
 
Capturado en Salto por Interpol después de 17 años, el excura Juan José Sant’Anna aguarda su destino en la cárcel. En los próximos días se definirá si se concreta la extradición a Bolivia, donde enfrenta un juicio por abusar de 30 niños.
 
El País de Uruguay (https://n9.cl/o362r)
 
Era un viernes luminoso, de una tranquilidad pesada; uno de esos días que parecen no estar hechos para admitir noticias radicales, de esas que cambian el rumbo una vida. Pero el pasado 26 de setiembre, un mes después de que El País publicara una investigación sobre el exsacerdote uruguayo Juan José Sant’Anna, requerido desde hace 17 años por la Justicia de Bolivia por el presunto abuso sexual de 30 niños que tenía a su cargo en un internado, la Policía tocó a su puerta.
Hasta ese momento, Sant’Anna había conseguido que el tiempo jugara a su favor. Cuando El País lo encontró en la casa de sus padres, en el barrio Palomar de la ciudad de Salto, donde se mantuvo oculto todo este tiempo, el excura caminó hasta el portón y dijo que prefería no hablar. Ya había pasado mucho tiempo, prácticamente 18 años desde que fuera denunciado, huyera para evitar el juicio y nadie viniera a detenerlo; era mejor dejar aquel episodio atrás —se excusó—, para no generar el sufrimiento de sus familiares, ni el suyo propio.
Una vez publicado, el informe fue replicado por otros medios regionales y logró eco en una Bolivia renovada, decidida a terminar con la impunidad que hasta hace muy poco tenían los religiosos señalados por cometer abusos sexuales contra los niños, niñas y adolescentes bajo su cuidado en institutos educativos, principalmente internados.
Aunque el ambiente del país andino efervecía por las recientes elecciones nacionales, el caso del padre Juanjo se coló en la agenda debido al estupor que generó que por tercera vez, a lo largo de todos estos años, un medio encontrara tan fácilmente al cura prófugo que la Justicia había olvidado argumentando que desconocía su paradero. Fue por eso que la repentina emisión de la alerta roja de Interpol ordenando su captura se vivió como un sobresalto en ambos países.
Aquel viernes primaveral, cuando la Policía tocó el timbre de la familia Sant’Anna Trindade, el excura estaba arreglando las plantas del patio. El agente le dijo que debía acompañarlo a la comisaría para tomarle una declaración. Iba a ser un trámite sencillo, nada más. Sant’Anna le pidió que le permitiera cambiarse de ropa. Pero demoraba. El agente le advirtió entonces que si venía otro patrullero la escena llamaría la atención de los vecinos. Sant’Anna aceleró el ritmo, se guardó las llaves y los documentos en el bolsillo del pantalón y antes de que saliera por la puerta lo esposaron.
Para su familia ese fue un momento dramático. Hasta el siguiente lunes, el exsacerdote no se comunicó con ellos. Sus padres, ya mayores, ignoraban qué había pasado con él, ni dónde lo tenían.
Al día siguiente de la detención, la mañana del sábado 27 de setiembre, se celebró la primera audienciadel proceso de extradición.
El juez le explicó a Sant’Anna que su causa no había prescrito debido a que, tras desoír las distintas citaciones de la justicia boliviana, en la audiencia del juicio oral del 23 de febrero de 2011 había sido declarado rebelde. La declaratoria de rebeldía es la expresa interrupción del plazo para la prescripción: es decir, detiene el reloj.
El 18 de abril de 2011, el juzgado había emitido la última de las órdenes de aprehensión del cura fugado, que quedó en el aire hasta que, casi 18 años después de los hechos, el 23 de setiembre de 2025 se reactivó.
En la audiencia, la defensa del requerido intentó evitar la cárcel. Pidió que aguardara el proceso en prisión domiciliaria, controlado mediante una tobillera.
“En 2007, cuanto estaba en Bolivia, esperó un tiempo bastante prolongado a que se resuelva la situación y luego es que viene para acá, pero siempre marcando su domicilio, que es el familiar y pasaron cuatro años hasta que (en 2011) efectivamente hubo una sentencia para someterlo a juicio”, alegó su abogado. “Siempre estuvo en su casa, viviendo con sus padres y hermanos, nunca quiso evadirse de la Justicia. Han venido personas a preguntar por él, que fue misionero, creyente, siempre dispuesto a hablar incluso con personas de la Iglesia. Se mantuvo siempre en el mismo domicilio. Es muy conocida toda la familia. Hace 18 años que está ahí: no va a irse”, insistió, sin éxito, el defensor.
Luego se refirió a la edad de los niños y adolescentes que lo denunciaron en 2007. Tenían en ese momento entre 6 y 18 años, según los testimonios recogidos. El planteo del defensor apuntó a que tal vez ya habrían superado la edad máxima que prevé la legislación boliviana para que el delito no prescriba.
En determinado momento, Sant’Anna pidió la palabra. Su intervención fue omitida del registro sonoro al que accedió El País. Desde ese día, espera en prisión preventiva a su destino.
Secreto revelado
En Salto, el secreto revelado del exsacerdote “explotó”. “Hubo mucho impacto a nivel de los medios, comentarios, gente que empezó a buscar el origen de Sant’Anna, porque había muchos que no lo conocían, otros que conocían a los padres, a sus familiares”, resumen el periodista Hugo Lemos.
Según reconstruyó El País, tras la publicación del informe y especialmente después de su detención, el pecado que habría cometido Sant’Anna se convirtió en un tema de conversación en oficinas, consultorios —dentales, jurídicos—, peluquerías, en las mesas de los bares.
Algunas personas se comunicaron con la redacción del diario, contaron que el excura solía esperar la caída del sol para salir a trotar por la costanera, y que en la noche era habitual verlo en los bares del Centro. “No es tan así eso de que se recluía”, advirtieron, molestos. Hubo también fieles que conversaron con figuras religiosas, quienes les explicaron que Sant’Anna no tuvo un vínculo con la Iglesia Católica uruguaya porque, tal como fue informado en la investigación, la Congregación Salesiana se negó a ordenarlo sacerdote tras constatar “dificultades para la vida en comunidad”. Sant’Anna renunció a la misma en 1999.
Otros, en tanto, recordaban a un joven Juan José, estudiante del Colegio Salesiano al que en la década de 1980 asistían los hijos de la clase acomodada salteña. “Era un chico tímido, solitario, ajeno a las barras de adolescentes”, aporta una fuente. Otra menciona que siempre se lo veía acompañado por un sacerdote, un hombre mayor que él.
En el barrio de la familia, en cambio, se impuso la solidaridad. Sus padres son buenos vecinos, y viéndolos tan afectados se evitaron los comentarios directos.
Entre los salesianos, Sant’Anna tampoco dejó una huella. “Como persona no era significativa para nosotros. La noticia impactó por lo terrible. Los comentarios que he recibido vienen del lado de qué bueno que hubo una reacción de la justicia boliviana”, dice Francisco Lezama, el inspector de la congregación.
Pero, a más de 2.000 kilómetros de distancia, en Bolivia, la noticia de la captura copó los medios. Todavía lo hace mientras se espera a que se concrete su extradición. Cuentan los días: eran, en principio, 40 de corrido desde la primera audiencia.
Allá algunos periodistas recordaban el caso, convertido en una leyenda negra, una muestra de la impunidad religiosa y la desidia judicial en estos delitos.
Con la curiosidad renovada, distintos periodistas consultaron a El País, querían saber cómo se veía hoy el excura de 54 años, qué tal era personalmente, ¿se parecía a un hombre común, uno de esos de los que nunca se sospecharía que fuera capaz de cometer actos tan crueles?
Nuevos detalles del caso
Dieciocho años es mucho tiempo, suficiente para que las autoridades del municipio de Tapacarí cambien una vez, dos veces y en el transcurso se diluya de la memoria colectiva lo que Sant’Anna habría hecho en el internado Ángel Gelmi, en donde se educaban y albergan 125 niños y niñas. En agosto pasado, las autoridades del municipio y las de la Defensoría de la Niñez y Adolescencia dijeron a El País que no conocían el caso.
El uruguayo había llegado al departamento de Cochabamba en 2005, donde fue ordenado sacerdote en el clero secular. Hasta allá, para la ocasión, viajó su familia. Enseguida se le asignó a Sant’Anna la administración del internado de esta comunidad rural, aislada, pobre, en la que decenas de niños eran huérfanos y los que no lo eran provenían de familias en una situación de vulnerabilidad extrema.
Para avanzar en la extradición, la Justicia de Bolivia actualizó la documentación y la remitió a su par uruguaya. En esos documentos surgen detalles de la causa que hasta el momento no estaban tan afinados. El expediente Sant’Anna había sido difundido parcialmente, en especial los extractos de los crudísimos relatos de las víctimas, pero la prensa local no había tenido un acceso pleno a los hitos de la investigación, ni al desenlace de las acciones judiciales.
Allí se aclara que el 8 de noviembre de 2007, cuando finalmente la Policía, personal del Servicio Departamental de Gestión Social —que debía controlar el funcionamiento del internado, pero no concurría por falta de locomoción— y el investigador del caso fueron a citar a Sant’Anna, no lo hallaron en la residencia sacerdotal a la que había sido enviado por sus superiores, mientras el arzobispado llevaba a cabo una investigación.
Dice también que el 30 de octubre, tres días después de que una de las hermanas del instituto enviara una carta contando los hechos al Servicio Departamental de Control Social, un grupo de psicólogos constataron que Sant’Anna había agredido sexualmente a distintos internos, de entre 6 y 18 años, “y que esto habría estado ocurriendo desde hace mucho tiempo”.
Y que el día 5 de noviembre, el director del mencionado servicio presentó la denuncia ante la Fiscalía de Quillacollo. El 5 de noviembre, o sea que 20 días después de que una monja del internado encontrara a un niño llorando y este le dijera que lloraba porque el padre “lo molestaba mucho”, y que al día siguiente la hermana volviera a buscar a este niño, y él le repitiera el mismo relato, diciéndole que a él y a otros chicos, el padre Juanjo los llevaba a su habitación.
Los engañaba invitándolos a ver videos y una vez adentro cerraba la puerta con llave, se desnudaba, los desnudaba a ellos y los abusaba de diferentes maneras. En algún caso, se supo ahora, habría usado narcóticos para sedarlos. En ocasiones, se dirigía a la habitación de los niños y los seleccionaba de a dos o tres.
Repasa el documento que el padre Eugenio Coter fue convocado por el arzobispo Tito Solari como delegado para realizar las primeras investigaciones en el internado. De la entrevista realizada por las autoridades judiciales a Coter se recogió que el 29 de octubre se trasladó a Sant’Anna a la casa sacerdotal, a la que dejó de asistir el 3 de noviembre. En el medio, huyó a la casa de sus padres a Uruguay. El 16 de noviembre de 2007 se emitió la primera orden de aprehensión, el 23 lo imputaron oficialmente y el 16 de junio de 2008 se volvió a emitir una orden de detención.
Sant’Anna no le dijo a Coter desde cuando cometía el abuso deshonesto contra los niños que tenía bajo su cuidado, “pero sí asumió haberlo cometido”, dice el informe judicial. En entrevista con El País, Coter omitió esta información.
Volviendo a aquel mes de noviembre, una fuente de Salto recuerda haber visto llegar a Sant’Anna, caminando, cargando una mochila, dirigiéndose a la casa de sus padres. A esta vecina le llamó la atención verlo, porque hacía no más de un mes que había estado de visita. Otro vecino halló la noticia: se enteró de que había escapado, denunciado por abuso sexual infantil. Imprimió algunas copias y las hizo circular por el barrio.
Después pasaron los años. El asunto se fue apagando, se dejó de hablar, se convirtió en un secreto a voces para algunos pocos y se instaló el relato de que en Salto nadie sabía nada. Alguna figura eclesial, apenas, tal vez, recordaba cuando desde el Vaticano llegó la orden de dimisión en 2011. Y nada más.
El cura preso, a la espera
En la cárcel, Sant’Anna sigue una rutina. Cada día se levanta a las seis de la mañana, sale a trotar por el patio, llama a su familiares, pide que le envíen una nueva encomienda: al principio yerba y artículos de higiene; después alimentos, pero varios, para compartir con el resto de los reclusos que no reciben nada de sus familias.
Tal vez Sant’Anna no sepa que en Bolivia hay una agrupación de hombres mayores que en su niñez fueron abusados por religiosos y desde hace dos años conformaron la Comunidad Boliviana de Sobrevivientes, una sociedad que se va ampliando y gana fuerza, porque en Bolivia estos casos abundan y todavía ocurren.
Tal vez no sepa tampoco que a comienzos de setiembre, unos días antes de que se pidiera su extradición, había ocurrido en Bolivia una sentencia histórica, condenando a un año de prisión a los religiosos españoles Ramón Alaix y Marcos Recolons, figuras claves de la poderosa orden jesuita Compañía de Jesús, acusados de encubrir los abusos sexuales que el fallecido padre Pica —Alfonso Pedrajas, español también—había cometido en distintos colegios de ese país entre 1972 y el 2000.
Los delitos de Pedrajas permanecieron ocultos hasta que en abril de 2023su diario fue publicado por el periódico español El País, revelando que llevaba un conteo de 85 niños víctimas, y cómo había sido protegido por sus superiores en varias ocasiones. Escribió sus nombres.
Esta noticia impactó en el corazón de Bolivia. Para mitigar el impacto social, el gobierno de aquel país prometió medidas drásticas, que finalmente naufragaron, pero en la Fiscalía se acumularon decenas de denuncias contra religiosos vivos y fallecidos. Varias de ellas fueron descartadas debido al fallecimiento de los supuestos perpetradores, o por falta de víctimas que dieran sus testimonios. Otras sí avanzan, en procesos lentos, muy lentos, que estaban afectando la confianza de las víctimas en la Justicia hasta que a principio de setiembre se logró esta condena y, unos días después, se anunció la reactivación del caso Sant’Anna. Fueron recibidas como señales claras de un cambio en la persecución de estos delitos.
Muchos de los abusos denunciados ocurrieron en internados como el que dirigía Sant’Anna en Tapacarí. En esos centros, el modus operandi era aislar a los niños de sus familias, separar a los hermanos entre sí, amenazar a las víctimas con la expulsión. La expulsión significaría una vergüenza para las familias, que además aseguraban en esos institutos la cobertura de los alimentos para sus hijos.
“Los internados y los colegios son una cantera donde estos abusadores se proveen de víctimas”, dice Edwin Alvarado, integrante del grupo de víctimas que ganó el juicio contra los encubridores, y secretario de la Comunidad Boliviana de Sobrevivientes.
Alvarado está convencido que fue la reciente condena de los dos provinciales lo que “envalentonó a la Fiscalía de Cochabamba”, que presionada por el ruido que generó la prensa, revivió el caso.
“Tienen que entender que aquí hay un temor por denunciar a la Iglesia Católica. Acá los curas son diocesillos caminando por la tierra a los que la gente les perdona sus pecados, sus aberraciones, sus delitos. Esto fue siempre así”, dice Alvarado. Hay pueblos en Bolivia en los que se ha naturalizado el abuso sexual por parte de los curas, continúa Alvarado. “Se naturaliza en varias familias. El hijo mayor es cura, en otros casos hay hijos no reconocidos, pero ahora se está empezando a denunciar”.
Probablemente por el efecto causado por el caso Sant’Anna, ha llegado desde el sur del país una persona con información para presentar una nueva denuncia contra tres sacerdotes. Es un tendal que no deja de crecer.
Van por los encubridores
En Tapacarí, la memoria está volviendo. El alcalde Bernardo Mamani, que en agosto desconocía el caso, ahora lo domina. Se ha reunido con las autoridades políticas y judiciales locales, todos ellos han estudiado el expediente y unieron su voz para apoyar la petición de la Comunidad Boliviana de Sobrevivientes (CBS) de recalificar el delito y pedir así la pena máxima para Sant’Anna.
En 2007, cuando fue imputado, la fiscalía le tipificó el delito de abuso deshonesto con distintos agravantes por su rol de educador y el daño psíquico generado en las víctimas. Ese delito es equivalente al que acá conocemos como atentado violento al pudor. En aquella época, no se había legislado en Bolivia el delito de violación contra niños, niñas y adolescentes, aunque sí podría habérsele estipulado el delito de violación.
Alvarado, junto a sus compañeros, analizó los testimonios de los niños y no duda que las víctimas “gritaron violación”. “En un mundo rural, campesino, de niños que apenas hablan el español, no iban a decir a los técnicos ‘me ha violado’, pero sus relatos sí lo evidencian”.
En Bolivia, el abuso deshonesto tiene una pena de seis años y la de violación de 20 que, más agravantes, pueden llegar a los 30 años. Eso buscan. En su cometido, los representantes de la CBS se reunieron con el fiscal de la causa, Jair Mérida Murillo, y con la Defensoría, quienes se habrían comprometido a solicitar la recalificación apenas comience el juicio oral. El País intentó varias veces localizar al fiscal para confirmar este dato, pero no lo consiguió.
Mientras tanto, unos días atrás, el 29 de octubre, se realizó una segunda audiencia en la que Sant’Anna se presentó con una nueva defensora, también del servicio público. La abogada señaló que la información proporcionada por Bolivia no es clara en cuanto a la edad actual de las víctimas, por eso solicitó las fechas de nacimiento de quienes brindaron los testimonios, lo que permitió abrir la causa. El fin es confirmar si, según la legislación boliviana, que difiere bastante de la local, cuentan con la edad para que el delito no prescriba. Además se pidió que se afine la fecha de vigencia de la ley procesal que dispone el caso de las prescripciones especiales.
Una vez que es notificada la Justicia de Bolivia, tiene 45 días para responder. Si no lo hace, se tiene por desistida la solicitud de extradición, explicó el juez.
La instancia duró apenas 15 minutos.
Sant’Anna escuchó en silencio.
A modo de cierre, le dijo el juez:
—En 45 días más o menos, la situación está resuelta. Cuando respondan, habrá una nueva audiencia y ahí lo debatimos con usted, su defensa y la fiscalía y tomo la decisión de si se va o no se va para Bolivia.
—Muy bien, gracias —soltó el excura, con la voz temblorosa.
Unos días atrás, la CBS visitó Tapacarí. Se reunió con las autoridades. Buscaron a alguno de los entonces niños que después de contar a las autoridades lo que les pasó, callaron. Alvarado conoce el peso de ese silencio. Él mismo calló primero por cinco años, la primera vez que fue abusado en el colegio. Se quedó, para no avergonzar a sus padres. Y después masticó la rabia, tanto dolor, por 35 años más.
Cree que encontraron a una de las víctimas. “La supimos leer, como solo las víctimas de estos delitos sabemos leernos”, dice el hombre. No sabe si se presentará al juicio. De todas formas, la cantidad y la calidad de los testimonios recogidos y custodiados por la Justicia deberían ser prueba suficiente para condenar a Sant’Anna y tal vez a algunos de sus posibles encubridores, o quienes le hubieran ayudado a huir. Esta vía de investigación fue planteada en una conferencia de prensa por el fiscal de Cochabamba, Osvaldo Tejerina.
En Tapacarí, ese pueblo cuyo nombre se traduce como “nido de hombres”, la Iglesia Católica ha ido perdiendo su poder. Dos años atrás le comunicaron al alcalde que no contaban con financiamiento y se retiraron de la administración del internado Gelmi y de otros servicios. Es el municipio el que sostiene el instituto donde se educan y alojan 80 niños. “Ya no hay monjas, ni curas allí”.
Hay menos católicos pero más evangélicos. Mientras la catedral sigue siendo concurrida los fines de semana, en el pueblo se han multiplicado los templos.
Ha cambiado el paisaje desde aquel 2005 en que llegó Sant’Anna, con 36 años. En una foto antigua, que la tenaz prensa boliviana rescató de algún archivo para ponerle rostro al villano de esta historia, luce así: la cabellera rubia, el gesto amable, la mirada celeste, vivaz. Parece un hombre confiable, el padre Juanjo; el “padrecito” que con sus dotes futbolísticos cautivó a los niños, que luego de un tiempo habrían conocido su otra cara, y cada día en el internado deseaban que no llegara la noche.
“Guardé el secreto por 40 años”
Al caso del sacerdote español Alfonso Pedrajas se le agregan varios otros denunciados, una colección terrible de abusos sexuales cometidos principalmente por religiosos extranjeros, que en algunos casos llegaban a Bolivia con antecedentes de delitos sexuales cometidos en Europa. Analizando los casos, la Comunidad Boliviana de Sobrevivientes detectó que la mayor parte cometió los abusos en internados y en colegios. “Para los abusadores, una característica positiva de un internado es que el niño está lejos de sus padres: no tiene a quién quejarse. Lo segundo que hemos encontrado en todos los casos es que los abusadores aíslan al niño de su familia. Cuando vienen los padres les dicen: no tienes que venir, tienes que dejarlo crecer, no puedes estarlo visitando y ¡pam! se cortan las visitas. Tú durante cinco años terminas odiando a tus padres porque no te visitaron y más tarde te enteras que fue el director, el abusador, el que les dijo no vengan porque el niño tiene que crecer solo, tiene que reformarse. Entonces, eso incrementa su condición de vulnerabilidad, el estar alejado de tu familia, y por supuesto ser pobre. Y luego, como parte del modus operandi universal, hallamos la amenaza de expulsión. En mi caso, llegué desde un poblado como el mejor estudiante, era un orgullo para mi padre, un niño pobre llegar a un internado que va a tener todo, tres alimentos al día. Cuando fui abusado, para evitarles la vergüenza, me callé. Guardé el secreto durante 40 años”, cuenta Edwin Alvarado.
 
 
 
 
GUERRA CONTRA EL NARCOTERRORISMO: EL PARADIGMA QUE CAMBIA LA GEOPOLÍTICA
 
En el siglo XXI el narcotráfico es fuente fundamental del terrorismo de Estado para sostener las dictaduras
 
Infobae de Argentina (https://n9.cl/0gpsrr)
 
El narcoterrorismo es “el terrorismo vinculado con el tráfico de drogas del que obtiene su financiación” y en el siglo XXI es la forma de agresión más cruel contra los pueblos de las Américas. El narcoterrorismo ha tomado control de países en Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia, y de estados o territorios dentro de México, Colombia y Argentina, detentando el poder y suplantando la política. En esta crisis, Estados Unidos ha establecido como elemento de su política exterior la guerra contra el narcoterrorismo, un paradigma que cambia la geopolítica en la región y el mundo.
El narcoterrorismo que en el siglo pasado describía la alianza entre el narcotráfico y grupos insurgentes o guerrilleros como las FARC, el ELN, M-19 en Colombia, Sendero Luminoso y el MRTA en Perú, y más, ha pasado en el siglo XXI a la toma del poder político y el control de gobiernos nacionales y locales. Con el salvataje que hizo en 1999 Hugo Chávez de la dictadura de Fidel Castro en Cuba, se organizó el narcoterrorismo para detentar indefinidamente el poder en Cuba y Venezuela y expandirse en el modelo cubano.
El narcotráfico es fuente de financiamiento de la dictadura de Cuba que en los 80s se estableció como el primer narcoestado de las Américas con la asociación de los Castro con los narcotraficantes Pablo Escobar de Colombia y Roberto Suarez de Bolivia. En el siglo XXI el narcotráfico es fuente fundamental del terrorismo de Estado para sostener las dictaduras y la agresión permanente a las democracias.
La geopolítica estudia “cómo se desarrolla la soberanía política sobre el espacio geográfico y las relaciones internacionales referentes a la ocupación territorial, sus límites, fronteras y recursos”.
La “guerra contra las drogas” fue un paradigma a partir del presidente Richard Nixon en 1971; el presidente Ronald Reagan “centralizó y sistematizó el ataque contra toda la cadena de drogas desde los productores a los distribuidores y usuarios, empezando a atacar el problema desde la fuente”; la política exterior de Estados Unidos se convirtió en política interamericana de guerra contra el narcotráfico en la Primera Cumbre de las Américas de 1994 con importantes resultados.
El “Plan Colombia” fue el último éxito de la guerra contra el narcotráfico, pero realidad objetiva prueba que “la lucha contra el narcotráfico fracasa cuando los narcos toman el poder” y esto fue lo que sucedió con el empoderamiento del llamado socialismo del siglo 21 —mascarón político del narcoterrorismo— que expandiendo Cuba instaló narcoestados en Venezuela con Chávez y Maduro, Ecuador con Correa, Bolivia con Morales y Arce, y Nicaragua con Ortega y Murillo.
El narcoterrorismo adquirió la condición de “sujeto de derecho internacional” con el control de gobiernos que a su vez controlaron Latinoamérica, siendo su momento de mayor poder el reconocimiento que el presidente Barack Obama otorgó al jefe del narcoterrorismo el dictador Raúl Castro en la Cumbre de las Américas de Panamá en Abril de 2015.
La expansión del narcoterrorismo se produjo además con influencia en elecciones y control de gobiernos en países democráticos por medio de financiamiento y sostenimiento de candidatos como los Kirchner en Argentina, Lugo en Paraguay, Humala en Perú, López Obrador y Sheinbaum en México, Petro en Colombia, Lula en Brasil, Castro en Honduras, y más, autores de la “ola de legitimación y pretendida legalización del narcoterrorismo” bajo narrativa del supuesto fracaso de la lucha contra el narcotráfico, la pacificación del terrorismo y la legalización de las drogas.
Los cultivos de coca ilegal y producción de cocaína en Colombia, Perú y Bolivia se incrementaron, Venezuela se convirtió en el “hub de la cocaína” con el “cartel de los soles” bajo alias de “revolución bolivariana”, y agregaron el fentanilo con México y China para atacar a EEUU y la región. Además del control narcoterrorista de Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua, controlan territorios en México con carteles que dominan estados completos, en Colombia con las FARC y el ELN, y en Argentina donde la prensa y estudios señalan provincias controladas o portaviones del narcotráfico.
La búsqueda de los centros de mando del narcoterrorismo conducen a las dictaduras de Cuba y Venezuela y sus satélites de Nicaragua y Bolivia, que además de ser narcoestados ejercen terrorismo interno o “terrorismo de Estado”, y donde se entrena, promueve, exporta y protege terrorismo internacional.
Estas constataciones han creado el nuevo paradigma de la “guerra contra el narcoterrorismo” en la que EEUU ejecuta la “Operación Lanza del Sur” como “misión que defiende nuestra patria, expulsa a los narcoterroristas de nuestro hemisferio y protege nuestra patria de las drogas que están matando nuestra gente. El hemisferio occidental es la vecindad de EEUU y la protegeremos”. EEUU ha llamado a las democracias de las Américas a unirse mediante “sanciones financieras, asistencia en seguridad, uso de tecnologías de vigilancia, desarticular el blanqueo de capitales”.

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