Monday, November 10, 2025

PAZ NOMBRA SU PRIMER GABINETE EN BOLIVIA SIN LÍDERES SOCIALES Y RESPALDADO POR EMPRESARIOS

El nuevo presidente deja fuera del Ejecutivo a las organizaciones sindicales y campesinas, mientras empodera a exfuncionarios de los años 90 y a sectores vinculados con la exportación.

Los dirigentes campesinos y líderes sindicales han dado paso a empresarios y curtidos funcionarios públicos. El recién asumido presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, anunció este domingo su primer gabinete ministerial, que prescinde de los sectores y organizaciones sociales que gobernaron el país durante las dos últimas décadas. Predominan, más bien, los perfiles vinculados a los exportadores agrícolas de gran escala y a antiguos políticos de la llamada etapa neoliberal en Bolivia (1985-2006). “Seguramente algunos dirán ‘¿dónde están los sectores?’. Durante 20 años se los representó. Yo quiero preguntar dónde están el gas y el litio”, defendió el presidente, en un acto celebrado en el Palacio Quemado de La Paz.
Paz designó 15 ministros, cuatro menos que la anterior gestión de Luis Arce (2020-2025), del Movimiento al Socialismo (MAS). El recorte ha sido menor de lo que se especulaba, pero fueron sacrificadas carteras de peso como las de Medio Ambiente o Minería. El presidente aseguró que hizo la selección en base a la “meritocracia” y priorizando un perfil técnico; sin embargo, existen otros denominadores comunes, como el guiño al sector privado y la reincorporación de exministros conservadores.
Así lo sostiene el jefe de redacción del diario boliviano Opinión, Santiago Espinoza: “La cartera de Educación era históricamente como un botín del magisterio urbano-rural, un sector muy politizado. Ahora vemos una mujer [Beatriz García] que no viene de ahí; de hecho, es administradora de empresas vinculada a procesos de empoderamiento”. Desde el Gobierno de la Revolución Nacional de 1952, las asociaciones obreras y mineras han formado parte, de manera discontinua, del Ejecutivo boliviano como estrategia para resolver conflictos sociales. El expresidente aimara y cofundador del MAS, Evo Morales (2006-2019), recuperó esa relación para catapultarse y mantenerse en la silla presidencial.
En los últimos años, carteras como Trabajo, Desarrollo Rural o Cultura estuvieron ocupadas por representantes de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas Indígenas Bartolina Sisa, la Confederación Sindical de Comunidades Interculturales o la Confederación Sindical de Trabajadores Campesinos, organizaciones que han desaparecido del nuevo equipo de Gobierno. “Podrías justificar su ausencia en términos técnicos, pero en términos políticos es un riesgo, porque la capacidad de negociación y de interlocución con sectores demandantes será crítica. Es algo que ya está institucionalizado en Bolivia: no se puede gobernar sin tener un pie en la calle. Las organizaciones sociales están muy empoderadas”, comenta Espinoza.
Paz argumenta que ha prescindido de ese respaldo porque la “metodología” de Morales y Arce para escoger sus gabinetes “no dio resultado”. Culpa a esos gobiernos del peor crecimiento económico registrado por Bolivia durante este siglo y de la inflación de dos dígitos provocada por la escasez de dólares. Además, varios ministros sindicalistas estuvieron involucrados en polémicas y casos de corrupción. El nuevo jefe de Estado ha decidido apostar por representantes de grupos que considera capaces de paliar la crisis en el corto y mediano plazo, como la agroindustria.
El flamante ministro de Desarrollo Productivo, Óscar Justiniano, fue hasta hace poco presidente de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz, capital económica del país. El de Planificación del Desarrollo, José Romero, presidió la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo, mientras que el de Obras Públicas, Mauricio Zamora, es dueño de negocios vinculados a la viticultura y la hostelería. Paz les encomendó seguir las cuatro líneas que promete para su mandato: “apertura al mundo, capitalismo para todos, acabar con el Estado tranca e iniciar un nuevo Estado desde las autonomías regionales”.
Bolivia, señaló el presidente, “está a punto de recibir una ingente cantidad de recursos del exterior, y la voluntad de inversión depende de nosotros: debemos dar acceso a los bolivianos a esos dólares e inversiones”.
El docente y doctor en Filosofía Política Óscar Gracia asegura que la meritocracia a la que alude Paz es un valor político asociado a los gobiernos de centroderecha. “El perfil tecnocrático del gabinete habla de un retorno a las formas más tradicionales de la burocracia estatal. El MAS apostaba antes por la lealtad política y por un sentido simbólico”.
En esa vuelta a las antiguas formas de gobernar, principalmente las de la etapa neoliberal, se inscriben algunos de los nombres más influyentes del gabinete. El ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, ocupó distintos cargos ministeriales entre 1991 y 2002, mientras que el de Gobierno (Seguridad), Marco Antonio Oviedo, fue secretario del Interior durante el mandato de Jaime Paz Zamora (1989-1993), padre del actual mandatario, quien no ha dudado en brindarle sus antiguas armas. El País de España (https://n9.cl/zhusf)
 
 
 
 
 
RODRIGO PAZ OPTA POR TECNÓCRATAS Y DEJA DE LADO A SINDICALISTAS PARA SACAR A BOLIVIA DE LA CRISIS
 
Independent en Español (https://n9.cl/aum4h4)
 
El flamante presidente boliviano, el centroderechista Rodrigo Paz, optó por un gabinete tecnócrata y menos político con fuerte énfasis en la economía al designar el domingo a su equipo de 14 ministros, entre ellos tres mujeres, a quienes encargó su máxima: “Llevar Bolivia el mundo y traer el mundo a Bolivia”.
La cancillería quedó a cargo de Fernando Aramayo con poco recorrido en la diplomacia, pero amplia trayectoria en organismos internacionales. Trabajó para el Programa de Naciones para el Desarrollo, mientras que el equipo económico será comandado por el economista José Gabriel Espinoza, analista y exdirector del Banco Central quien estará apoyado por el ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, economista de amplia trayectoria pública y en organismos financieros internacionales.
Paz, de 58 años, ganador de los comicios, asumió el sábado con el desafío de abrir una nueva era política en Bolivia tras casi 20 años de hegemonía socialista y dijo en su juramentación que heredó “un país devastado y cansado” por peor crisis económica en 40 años, con una dura escasez de combustibles que afecta la producción agropecuaria disparando los precios de los alimentos.
“Estamos apostando por la meritocracia y la eficiencia”, explicó el mandatario al señalar que en los casi 20 años de gobierno del Movimiento al Socialismo de Evo Morales (2006-2019) y Luis Arce (2020-2025) se privilegió a los sindicados y movimientos sociales en la conducción de ministerios. "Yo quiero preguntar dónde está el gas natural que nos prometieron. Estamos peor", señaló.
Dijo que impulsará una “gran acuerdo nacional” con el Legislativo y las organizaciones sociales para perfilar un plan de desarrollo de amplia apertura económica a las inversiones extranjeras.
Paz ha prometido retirar paulatinamente la subvención a los carburantes que se importan a precios internacionales y se venden a precio subvencionado en el mercado local y se espera para esta semana sus primeros ajustes económicos. Dijo que en seis meses aprobará “cambios normativos” para abrir la economía tras la política estatista que primó en la gestión anterior.
Una de las primeras medidas de Paz ha sido distanciarse del bloque del ALBA —que Bolivia integra con Cuba, Nicaragua y Venezuela— y se acercó a Estados Unidos, del que su país estaba distanciado tras la expulsión del embajador estadounidense en 2008 durante el gobierno de Morales.
El subsecretario estadounidense Christopher Landau, quien llegó a la investidura de Paz, dijo el domingo que se abrió “una nueva era en las relaciones” bilaterales y pronto se normalizarán las relaciones diplomáticas con el intercambio de embajadores.
Como otro gesto simbólico, Paz tomó protesta a sus ministros y utilizó en los actos de juramento el “palacio quemado”, una casona del siglo XVIII que fue la sede principal del Ejecutivo desde siempre hasta la llegada de Morales que mandó a construir al lado un opulento edificio que fue la sede de su gobierno y el de Arce.
 
 
 
 
 
EL CONTRADICTORIO REGRESO DE LA ÉLITE
 
Diario Red de Uruguay (https://n9.cl/c0k92p)
 
El sábado 8 de noviembre se celebró la investidura de Rodrigo Paz Pereira como presidente y de Edmand Lara Montaño como vicepresidente de Bolivia. La ceremonia marcó oficialmente el fin de casi dos décadas de gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) y el inicio de una nueva etapa política. Fue un ritual cargado de señales contradictorias: guiños al bloque popular y gestos de reinstauración de la vieja élite tradicional.
Un acto de alto protocolo con señales de exclusión
La ceremonia tuvo lugar en el Palacio Legislativo; participaron delegaciones internacionales y miles de invitados locales entre ellos muchos de la élite social boliviana. El traje, la corbata, la ausencia de ponchos indígenas y cascos mineros constituyeron un claro cambio estético respecto al ceremonial de los gobiernos del MAS. No se observaron los rituales andinos que antes formaban parte del protocolo y en cambio prevalecieron los signos occidental-republicanos, en particular el crucifijo y la Biblia puestos sobre la mesa del juramento, luego de ser reinstalados para la ocasión.
Paz juró con la fórmula "Dios, patria y familia: ¡Sí, juro!". Ya había lanzado este lema en la campaña. Con él se ha presentado como una figura que encarna estabilidad y valores tradicionales y que se contrapone a un Evo Morales “casado con el pueblo” y con acusaciones de estupro, o a un mujeriego Luis Arce, esto es, a las dos figuras ahora declinantes de la izquierda boliviana. 
La familia completa del presidente –su esposa, sus hijos, hermanos, tíos, primos y su padre, el expresidente Jaime Paz Zamora– estuvo visible en el acto, lo que reforzó el mensaje ya señalado. 
Mitin en vez de posesión
Paz diagnosticó que la nación que heredaba: "El país que recibimos está devastado; nos dejan una economía quebrada, con las reservas internacionales más bajas en 30 años; nos dejan inflación, escasez, deuda, desconfianza".  Y por eso recriminó directamente a sus antecesores: "¿Qué carajo hicieron con tanta bonanza? ¿Por qué hay gente, familias que no tienen qué comer hoy, si éramos tan ricos con tanto gas y con el litio como futuro?" Incluso dio nombres: Evo, ¿dónde está el gas? Arce, ¿dónde está el litio?" Llamó a estos antecesores “traidores” al pueblo boliviano.
Una novedad del discurso del nuevo presidente fue la incorporación del tema del federalismo, del que no había hablado de su campaña. Este cambio discursivo genera sospechas de un rediseño de su estrategia política, que se basó en el apoyo de La Paz, la capital occidental del país, durante la campaña, y ahora coquetea con Santa Cruz, una región oriental, la más próspera y conservadora del país, la sede de la alta burguesía boliviana.  
Paz reiteró el llamado a la unidad, pero lo matizó al plantear que se cobrara las cuentas a los exfuncionarios del MAS. 
Su discurso, más que de posesión, fue uno de cierre de campaña; de esos que pueden ser inconexos y llenos de frases hechas… No pareció el inicio de un mandato técnico-institucional, y no presentó el plan para salir de la crisis económica. No necesariamente se trató de un error. Quizá respondió derechamente al estilo de gestión del nuevo presidente, que siempre ha sido un político de habilidad táctica antes que profundo o consistente. 
Edmand Lara entra en escena
Edmand Lara, el vicepresidente, produjo el contrapunto. Juró su cargo vestido con traje de gala de la Policía, institución a la que perteneció, pero de la que fue expulsado, según él porque la denunció por corrupción. Fue el primer policía en llegar a una de las principales responsabilidades políticas bolivianas de la historia. “Siempre quise ser policía, y salí de ahí porque había mucha gente poderosa haciendo cosas malas y yo lo denuncié”, señaló. Con este gesto y otros buscó conectar con los sectores populares, a los que representa, porque en Bolivia los policías no forman parte de la élite y por su propia biografía. 
Porque, en realidad, Lara es un hijo del proceso dirigido por el MAS: primer profesional de la familia, orgulloso de sus raíces populares, miembro de una clase media en ascenso que no quiere descender y cuyos problemas identifica bien porque los ha vivido. 
Al comienzo de su alocución, en la etapa de los saludos, envió un cariño especial al mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, que no estaba presente. Esta referencia a Bukele ha sido sostenida por Lara durante toda su campaña: “Queremos seguridad; lo que ha hecho el presidente Bukele en El Salvador, tenemos que hacerlo en el país”, expresó en más de una oportunidad.
El discurso de Lara tras su juramento se pareció más a los usuales del MAS en el pasado porque saludó a los pueblos indígenas y prometió que “ninguna organización social será discriminada”. En los hechos, sin embargo, el acto no fue muy acogedor --ni estética ni prácticamente-- para los representantes populares, que con algunas excepciones brillaron por su ausencia. 
Alto perfil diplomático y social, y exclusión simbólica
El acto tuvo un alto perfil diplomático y social. Sin ser concluyente a este respecto, presentó indicios que apuntan a la restauración de la vieja élite política. Llegaron los presidentes Javier Milei, Daniel Noboa, Gabriel Boric, Santiago Peña y Yamandú Orsi, lo que fue celebrado por Paz, quien afirmó que “Bolivia volvió al mundo”, atribuyendo a la etapa del MAS un aislacionismo que en realidad no existió. Eso sí, ahora Bolivia volverá a tener un embajador de Estados Unidos, un personaje inexistente los veinte años previos. 
La ausencia de ponchos y abarcas, de cascos de mineros, de una representación de la Central Obrera Boliviana, y la fuerte participación de la élite social y económica del país, evidenciaron que el poder boliviano ha cambiado de manos no solo en términos políticos, sino también de clase. Pese a que quienes votaron a Paz-Lara fueron mayoritariamente los sectores plebeyos y rurales del occidente del país, parece que ellos no gobernarán, sino –a través del presidente Paz- lo harán, paradójicamente, los grupos sociales que perdieron las elecciones. 
Contradicciones de campaña y señales de viraje
Durante la segunda vuelta, Paz había evitado criticar directamente a Evo Morales, con el fin de atraer al electorado de este, que se había materializado en un 19% de voto nulo.En el acto de investidura, pasó a atacar al expresidente: nadie puede estar por encima de la ley, dijo, en alusión al proceso legal que Morales elude refugiándose en su bastión del Chapare. Lo que Paz se guardó durante la disputa electoral lo liberó en el momento de la victoria. Por lo visto, Morales celebró en vano los resultados de la primera vuelta electoral que favorecieron a Paz y, al mismo tiempo, derrotaron a Andrónico Rodríguez, quien otrora fuera su delfín. Se vengó de la insubordinación de este, pero al mismo tiempo prácticamente eliminó a la izquierda boliviana del mapa. 
En la campaña electoral, Paz no habló mucho de la expresidenta Jeanine Añez, acusada principal de las masacres de Sacaba y Senkata en noviembre de 2019, porque esto hubiera provocado una reacción en El Alto, la ciudad plebeya que le dio la victoria.Sin embargo, tras las elecciones, el Poder Judicial, como siempre pasa en Bolivia, dio una señal de subordinación al poder político y liberó a Añez anulando la sentencia de diez años que purgaba en un penal de La Paz; además, todo esto justo a tiempo para que asistiera a la investidura. Paz, por cierto, no se opuso ni a la liberación ni a que asistiera al acto. 
También se había comprometido a no acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero pocos días después de ganar las elecciones viajó a Estados Unidos y se reunió con personeros del gobierno de Trump y, el lector ya habrá adivinado, del FMI. 
Para más inri, su gabinete no proviene del bloque social que impulsó a Lara y que finalmente les dio la victoria electoral, sino de la élite blanca empresarial y tecnocrática pre-MAS. En este momento no es posible cuantificar la inquietud que esto causará entre los sectores excluidos. 
¿Revancha?
La contradicción es nítida: un presidente con un discurso antimasista y antiizquierdista de manual (“la ideología no se come”, vociferó en su jura) y un vicepresidente que denuncia a ciertos poderes y simboliza al pueblo. 
El presidente ha hablado de “hacer justicia” con los del MAS, de “no permitir que la traición quede impune”. El vicepresidente ha dicho “no discriminaremos”, “las organizaciones sociales serán bienvenidas”. 
Estamos ante un águila bifronte. Ahora toca ver cuál de los dos rostros dominará: el de la continuidad con renovación o el de la restauración; el de la pacificación o el de la revancha. Por supuesto, Paz es quien detenta el poder formal y por eso marcará el ritmo del nuevo Ejecutivo. Lara podría apelar a sus bases, pero es incierto que se atreva a hacerlo o, en cambio, prefiera adaptarse, resignado, al “nuevo tiempo”. 
 
 
 
 
 
EXPEDIENTE CONFIDENCIAL / PAZ EN BOLIVIA
 
El Sol de Tijuana, México (https://acortar.link/pOB4TJ)
 
Si alguien quiere saber cómo acabará México cuando Morena se haya llevado todo el dinero y hasta su trasero, basta con que voltee a ver a Bolivia, donde el pasado sábado, tras veinte años del Movimiento al Socialismo, el MAS, asumió un presidente decente: Rodrigo Paz.
El MAS se devoró, literalmente, a Bolivia. Esa banda socialista capitaneada por Evo Morales, primero, y Luis Arce, sucesor y enemigo después, saqueó al país andino, lo dejó famélico.
Paz tuvo un discurso de investidura puntual y directo. A los socialistas que se apoderaron del poder por casi dos décadas, les espetó: “Nos dejan con la peor crisis en cuarenta años, una deuda de 40 mil millones de dólares, mercados vacíos y salarios insuficientes”.
Y dejó claro que no habrá olvido y menos perdón: “Nos traicionaron, y la traición se paga en Bolivia, porque es el precio que recae sobre los más humildes. Y nosotros defenderemos a los más humildes”.
“¿Qué carajos hicieron con tanta bonanza? ¿Dónde está el bendito mar de gas que nos prometieron? “¿Dónde está el mar de gas? ¿Dónde está el litio?”, cuestionó.
Todas esas preguntas encuentran respuesta en un dato que dio Paz ayer: el MAS se gastó ¡100 mil millones de dólares! Primero, se acabó 60 mil millones procedentes de la venta de gas. Luego, pidieron prestados otros 40 mil millones que, por supuesto, no pagaron.
“La platita tiene que ser para hospitales, para colegios, para el trabajo y no para la farra de políticos”, agregó el mandatario en su mensaje.
La herencia del MAS es devastadora: reservas internacionales en su punto más bajo en 30 años, déficit fiscal superior a 10 mil millones de dólares y empresas públicas hundidas. Haga de cuenta un lopezportillato corregido y aumentado en versión sudamericana.
El cuadro más emblemático de esa insolvencia en la que dejó el MAS a Bolivia tiene su tristísima acuarela en las filas de vehículos que intentan, por horas, cargar gasolina, porque no hay. Como en Cuba. No cabe duda que el virus socialista siempre deja los mismos síntomas donde infecta.
Paz ha prometido que el abasto de combustibles se regularizará paulatinamente.
Y resumió la lección aprendida por los bolivianos, a la mala, en una frase: “La ideología no te da de comer. Lo que te da de comer es el empleo, la producción, el crecimiento”.
El final del socialismo siempre es el mismo, por más que ahora existan muchos medios, ‘influencers’ y “periodistas”, queriendo vendernos una realidad inexistente. Pero el socialismo nunca, jamás, tiene un final feliz.
El camino siempre es el mismo: siembra rencor en las capas más empobrecidas de la sociedad, prometiendo ser su “justiciero” y “repartir mejor la riqueza”. En realidad, nunca hace eso. La riqueza es para la nomenklatura socialista y a los pobres les dan migajas con las que compran sus votos. Cuando se acaban esas migajas, la gente reacciona, pero ya es tarde: es porque se acabó todo y esos vivales se largan.
A Bolivia la saquearon los socialistas como el prófugo de Evo y su compinche Mesa, junto a sus socios internacionales. Cuando le sacaron todo el jugo a la naranja y quedó una cáscara amarga, se largaron esos socios, Evo huyó a la montaña y Mesa, a inicios de semana, llegó al cinismo de afirmar, en uno de sus últimos mensajes, que el “modelo” del MAS seguía siendo viable, solamente necesitaban más préstamos. Tantita madre
Los narcos de cuello blanco, tipo corredores de bolsa, especuladores y banqueros lava dinero, se fueron de Bolivia cuando tuvieron dos naranjas más jugosas: Colombia y México. No soltaron Ecuador -al que andan queriendo recuperar el hampón de Correa y los suyos- y Bolivia porque sí, los soltaron porque ya no los necesitan, cuando aquí y en tierras colombianas hay carne fresca para esos lobos.
Sin ese apoyo, Evo y Mesa se pelearon, y los miembros de su partido, siempre ratas de alcantarilla, saltaron del barco como lo que son, porque todo político va donde haya hueso y dinero. El MAS ya no lo tenía, ni lo iba a tener. Ahí fue cuando se presentó la división, la derrota y la posibilidad de Bolivia de escapar de sus captores.
Lo definió el presidente Paz de forma impecable: “Se acabó el secuestro; Bolivia vuelve a nacer”.
Y si, se acabó el secuestro del pueblo boliviano, pero el de México apenas comienza. Quién sabe si acabe y cuándo y cómo acabe
OLIMPIA: Peligroso que la presidenta haya amagado al diario Reforma, de línea crítica a Morena, con aplicarle la Ley Olimpia por haber publicado las imágenes del acoso que vivió en días pasados al caminar por la calle, cuando esas imágenes fueron divulgadas por muchos medios ¿Por qué, entonces, solamente el reclamo a Reforma? Sheinbaum exigió una disculpa y Reforma se la tuvo que dar ante ese amago. Peligrosísimo, porque demuestra que las leyes creadas para proteger a las mujeres de la violencia, están siendo usadas, una y otra vez, incluso contra otras mujeres (ahí está Karla Estrella), para silenciar a medios, periodistas y ciudadan@s crític@s del morenismo. Mientras, las mujeres que viven en el mundo real y no en un palacio, siguen sin ver claro eso del “llegamos todas”. Pues todas las morenistas será. Para muestra, un terrible botón: Kimberly Hilary Moya González ¿Dónde está?
 
 
 
 
 
BOLIVIA. EL UNIFORME Y LA PATRIA HERIDA
 
Pressenza de Italia (https://n9.cl/pyh90)
 
En Bolivia el poder vuelve a jurar rodeado de símbolos que dividen más que unen. El vicepresidente Edmand Lara, ex capitán de la policía, ha decidido asumir su cargo vestido con uniforme de gala, y este no es un detalle menor.
En un país donde las heridas entre militares, pueblos originarios y movimientos sociales siguen abiertas, ese uniforme no representa solo una trayectoria personal sino un mensaje político. El gesto resume un clima que atraviesa buena parte del continente, donde las botas vuelven a sonar más fuerte que las palabras.
Lara sabe lo que hace.
Conoce el peso del símbolo y la historia de los uniformes en Bolivia. El país ha vivido golpes, dictaduras y masacres en nombre del orden. Por eso, aparecer con una chaqueta verde y condecoraciones no es una simple elección estética y sí es una declaración de fuerza en un tiempo donde la legitimidad política se mide más por la capacidad de control que por la confianza ciudadana.
El mensaje detrás del traje
Bolivia no está bien, pero las botas a través de su historia no han arreglado a Bolivia. Los índices de pobreza suben, la minería se estanca, las exportaciones de gas se reducen y el descontento social se expande desde El Alto hasta Santa Cruz. La economía informal sostiene a más del 70% de la población.
El racismo, la corrupción y el desencanto con la política son parte del paisaje diario. En ese contexto, un vicepresidente vestido de militar es un recordatorio de quién tiene realmente el poder y el mensaje es claro. El poder no está en el voto sino en la disciplina, no en la palabra sino en la orden.
Para los pueblos indígenas que protagonizaron la historia reciente del país, esa imagen es un retroceso. Evoca las décadas en que las comunidades eran tratadas como amenaza interna. El uniforme que hoy luce Lara se parece demasiado al que entraba a las minas, a las aldeas y a las universidades con balas y no con diálogo. El poder que no escucha vuelve a uniformarse.
Un país en disputa
Bolivia es un país fracturado. La tensión entre regiones, entre clases, entre visiones de país, ha regresado con fuerza. El nuevo gobierno intenta mostrarse como moderado y pragmático, pero el tono del vicepresidente indica otra dirección. El discurso del orden se impone sobre el de la inclusión. La democracia vuelve a tener miedo de sus propios ciudadanos. En este escenario, Estados Unidos observa…
Trump tiene una visión clara del hemisferio. En su mapa geopolítico, Bolivia no es un socio ni un aliado: es una ficha. Un territorio con litio, gas y reservas de agua. Un país pequeño en poder militar pero grande en recursos estratégicos.
La imagen de un vicepresidente uniformado no pasa inadvertida en Washington. Habla de control interno, de estabilidad autoritaria y de un posible alineamiento con la agenda de seguridad continental que posiblemente busca frenar la influencia de China y Rusia en América del Sur.
La guerra invisible
La nueva política de seguridad en Bolivia se disfraza de modernización institucional. Pero detrás de ese discurso asoma la vieja doctrina del enemigo interno. Lara jura su cargo con uniforme porque necesita representar poder, porque el país carece de rumbo económico y porque el gobierno necesita mostrar firmeza ante una población agotada. No hay política social sin autoridad, repite el discurso oficial, pero en Bolivia esa frase tiene historia de sangre.
El verdadero desafío del nuevo gobierno no será mantener el orden sino reconstruir la confianza. Las comunidades originarias, los sindicatos mineros y los jóvenes urbanos no quieren guerra, quieren oportunidades. El riesgo es que el gobierno confunda silencio con paz. Los uniformes imponen silencio, pero no generan justicia. Cada vez que la autoridad decide vestirse de guerra, el pueblo recuerda que la democracia también puede morir de uniformidad.
El poder de la forma
Un uniforme no se elige al azar. Es una piel política. Lara se viste de verde olivo para mostrar que el poder civil puede mimetizarse con el poder armado. Para muchos ciudadanos ese gesto significa orgullo y disciplina. Para otros es una advertencia. En sociedades heridas por la violencia, la forma es fondo.
Y cuando el fondo es la incertidumbre, los símbolos se vuelven más peligrosos que las palabras. El nuevo gobierno tiene la oportunidad de demostrar que su promesa de estabilidad no significa represión. Pero la señal inaugural no es alentadora. Bolivia necesita modernidad, transparencia, educación y soberanía tecnológica, no un desfile militar en el Palacio Quemado.
El país requiere un liderazgo civil capaz de unir a una nación cansada de ser laboratorio de poder ajeno. El uniforme de Lara no simboliza unidad, sino mando.
Entre el pasado y el futuro
Los pueblos que han sufrido represión no olvidan los colores de quien los oprimió. Por eso, un vicepresidente vestido de militar no representa renovación sino nostalgia autoritaria. Bolivia tiene derecho a reinventarse, pero no bajo el peso de las botas. Cada generación debe elegir qué imagen quiere dejarle a la siguiente.
Si la primera imagen de un nuevo gobierno es un uniforme, la democracia comienza coja. El mundo mira con atención. Trump y los halcones de Washington ven en ese uniforme una señal de orden. Los pueblos latinoamericanos lo miran como una advertencia. El continente sabe lo que viene cuando los civiles se disfrazan de soldados. Bolivia puede resistir otra crisis económica, pero no otra crisis moral. La democracia no necesita uniforme, necesita conciencia.
Y la verdadera patria no se viste de guerra, se viste de pueblo…
 
 
 
 
 
UN ALIADO PARA MILEI: SINTONÍA CON EL PRESIDENTE DE BOLIVIA
 
AAAJ de Argentina  (https://n9.cl/gjec3)
 
En la Casa Rosada se celebró la llegada de Paz Pereira como una oportunidad política y simbólica. Desde su asunción en diciembre de 2023, Milei se movió en soledad dentro de un continente dominado por gobiernos progresistas o de centroizquierda. En el Mercosur, el libertario convivió con las diferencias ideológicas que mantiene con Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y Yamandú Orsi en Uruguay, y con una relación casi nula con el exmandatario boliviano Luis Arce.
La victoria del líder demócrata cristiano en Bolivia cambia ese mapa. Para Milei, se trata de un aliado potencial en la construcción de un nuevo eje regional liberal, junto a figuras como el ecuatoriano Daniel Noboa y el paraguayo Santiago Peña. Fuentes de la Cancillería argentina definieron el momento como una “reconfiguración de afinidades políticas” en América del Sur.
Durante la ceremonia en La Paz, Milei y Paz Pereira compartieron un breve diálogo en el que intercambiaron elogios y coincidencias. “Yo sé lo que estás recibiendo, te lo puedo decir por experiencia propia”, le dijo Milei al flamante mandatario, en alusión a la crisis económica heredada en ambos países. Paz Pereira respondió con humor: “Somos buenos para recibir consejos”. La escena fue celebrada por los equipos diplomáticos como una muestra de empatía política inmediata.
Una agenda común
Tanto Milei como Paz Pereira insisten en un diagnóstico económico similar: un Estado sobredimensionado, un aparato burocrático paralizado y la necesidad de atraer inversiones privadas para reactivar la producción. Ambos plantean que la salida de la crisis requiere reformas estructurales y un rediseño profundo de la relación entre Estado y mercado.
El presidente boliviano anunció una serie de medidas que buscan reorientar el rumbo económico del país: reducción gradual de subsidios a los combustibles, eliminación de trabas burocráticas, disminución de impuestos y formalización de la economía informal, que representa más del 60% de la actividad en Bolivia. Además, confirmó un acuerdo con la Corporación Andina de Fomento (CAF) por 3100 millones de dólares para impulsar la recuperación económica y fortalecer la infraestructura.
 
 
 
 
 
UNA NUEVA ERA EN BOLIVIA: ¿QUÉ DESAFÍOS ENFRENTA EL MANDATO DE RODRIGO PAZ?
 
El nuevo presidente boliviano hereda un país sumido en la escasez de dólares, combustibles y confianza, tras dos décadas de gobiernos del MAS. El mayor reto: estabilizar la economía sin romper el delicado equilibrio político.
 
Mundiario de España (https://n9.cl/jnsow)
 
Rodrigo Paz Pereira asumió este sábado la Presidencia de Bolivia con el compromiso de “recuperar la patria” y con la difícil tarea de enfrentar una crisis económica que el propio mandatario calificó como la más grave en 40 años. En su primer discurso, el líder de centroderecha prometió iniciar una “nueva era” para el país andino, tras dos décadas de gobiernos dominados por el Movimiento al Socialismo (MAS), marcadas por el auge y posterior caída meteórica del modelo estatalista.
El acto de posesión, cargado de simbolismo, mostró la urgencia del momento: mientras Paz hablaba, la televisión dividía la pantalla para mostrar la entrada de camiones cisterna con gasolina y diésel, en un intento de mitigar el desabastecimiento que ha paralizado sectores enteros del país. La escena buscó transmitir una imagen de acción inmediata frente a una crisis que afecta a todos los hogares bolivianos.
El nuevo presidente asume con un panorama complejo. Bolivia sufre una escasez de dólares que ha disparado el precio de bienes y servicios, mientras las reservas internacionales se encuentran en niveles mínimos. El déficit fiscal supera el 8 % del PIB, y las exportaciones de gas —fuente central de ingresos durante los años del “boom”— se han desplomado, reduciendo drásticamente el margen de maniobra del Estado.
La crisis energética, visible en las largas filas para conseguir combustible, es apenas un síntoma de un deterioro más profundo. Empresas e importadores enfrentan serias dificultades para acceder a divisas, y el país ha registrado su primera recesión desde 1986, con una contracción del 2,4 % en el primer semestre del año.
“Basta de ideologías que no te dan de comer”
En un discurso breve, enérgico y dirigido directamente a la población, Paz no dudó en responsabilizar a los expresidentes Evo Morales y Luis Arce por lo que llamó “la devastación de la economía nacional”. “¿Dónde está el mar de gas que prometieron? ¿Dónde está el litio?”, lanzó desde el estrado, evocando las promesas incumplidas de industrialización y prosperidad del MAS.
El nuevo mandatario acusó a los gobiernos anteriores de “malgastar 60.000 millones de dólares” provenientes de la nacionalización del gas y de haber “secuestrado la voluntad del pueblo con ideologías que no te dan de comer”. Su propuesta, resumida en la consigna de “capitalismo popular”, busca dinamizar la economía formal mediante créditos accesibles, reducción de aranceles e incentivos a la inversión privada, sin renunciar al gasto social.
Paz llega al poder tras forjar alianzas amplias en el Parlamento, lo que le permitió asegurar mayorías en ambas cámaras y dar una señal de estabilidad política. El nuevo presidente apuesta por un “gran pacto nacional” que le permita avanzar en las reformas económicas y en la reducción del tamaño del Estado, al que calificó de “obeso y trancado”.
El mandatario subrayó que su gobierno buscará reconciliación, pero no impunidad. “Van a responder a la patria”, dijo en alusión a los exmandatarios del MAS, aunque evitó mencionar posibles medidas judiciales.
Un escenario político redefinido
La asunción de Paz marca un punto de inflexión en la política boliviana. La ausencia de Evo Morales y Luis Arce en la ceremonia simbolizó el fin de un ciclo. En contraste, la liberación reciente de la expresidenta Jeanine Áñez —presa durante casi cinco años— y su presencia en la ceremonia reflejaron la intención del nuevo gobierno de cerrar heridas del pasado reciente.
El evento contó con una amplia representación internacional, desde mandatarios sudamericanos como Javier Milei y Gabriel Boric hasta el enviado de Estados Unidos, Christopher Landau, y delegaciones de la Unión Europea y China. La pluralidad de invitados sugiere que Paz busca reposicionar a Bolivia en el tablero diplomático regional, bajo el lema “Bolivia vuelve al mundo y el mundo vuelve a Bolivia”.
El margen de maniobra del nuevo gobierno será estrecho. Resolver la escasez de combustibles y dólares requerirá medidas urgentes que podrían poner a prueba su promesa de no acudir al Fondo Monetario Internacional. “No voy a pedir plata al FMI. En Bolivia, si no roban, alcanza”, reiteró Paz en su discurso, apelando a la austeridad administrativa y al combate a la corrupción como pilares de su gestión.
Mientras tanto, la población espera resultados concretos. La inflación, aunque moderada, presiona el coste de vida, y las reservas energéticas del país están en niveles críticos. La estabilidad política dependerá en buena medida de la rapidez con que el gobierno logre aliviar la escasez y recuperar la confianza de los mercados.
Rodrigo Paz inicia su mandato con el reto de demostrar que el cambio político puede traducirse en recuperación económica. Su apuesta por un modelo de mercado con rostro social pretende marcar distancia tanto del intervencionismo del MAS como del neoliberalismo clásico.
En un país marcado por la polarización y la fragilidad institucional, su promesa de reconciliación nacional y eficiencia económica será puesta a prueba desde el primer día. La “nueva Bolivia” que Paz promete empieza bajo la sombra de una crisis, pero también con la expectativa de un nuevo rumbo tras dos décadas de hegemonía política.
 
 
 
 
 
BOLIVIA, DEL MIEDO AL MAS A LA RECONSTRUCCIÓN DE LA REPÚBLICA
El desafío más importante de Rodrigo Paz es mantener todo el sistema criminal que Cuba y Venezuela han montado en Bolivia, u optar por restituir los elementos centrales de la democracia
 
Panam Post de Panamá (https://n9.cl/vy38aa)
 
Bolivia arrancó la primera semana de noviembre 2025 con dos hitos muy importantes: 1) un renovado parlamento y 2) un nuevo poder ejecutivo a cargo de Rodrigo Paz. Llegamos a este punto después de un intento de permanencia indefinida en el poder por parte del cocalero Morales; de un gobierno de transición fallado de Jeanine Añez; de una desastrosa gestión de Arce Catacora, y de unas elecciones inéditas, que incluían una segunda vuelta.
«El voto útil» o «es lo menos malo» eran opciones sostenidas en el miedo al masismo. Después de todo, las personas aterradas siempre claman por salvadores. Sin embargo, esa etapa ya quedó atrás. De hecho, intentar sostener esa narrativa, en especial, en sectores urbanos de clase media y media alta, fue una de las causas del fracaso de Tuto Quiroga en el balotaje del 18 de octubre.
Rodrigo Paz, que arrancó la campaña muy atrás en las encuestas, resultó ganador de ambas rondas electorales. Pero, más que ganar el proceso eleccionario, su desafío más importante es otro: mantener todo el sistema criminal que Cuba y Venezuela han montado en Bolivia, u optar por restituir los elementos centrales de la democracia. Al respecto, Carlos Sánchez Berzain, en una entrevista a Infobae, afirma: La causa de la crisis en Bolivia es la destrucción institucional a partir de la constitución del estado plurinacional y todos los atropellos que eso genera. Que la crisis económica, la ausencia de dólar, el vaciamiento de los recursos del estado, el entreguismo de los recursos naturales, el hecho de que Bolivia sea un narcoestado, el hecho de que Bolivia sea una base de Irán y de Cuba, la falta de diésel y gasolina, el camino de la pobreza, la miseria. Todo eso está determinado por un sistema que hay que eliminar recuperando la república. Y entonces se puede hablar de política económica. Y la política económica obviamente está marcada por el rumbo del mundo, que quiere decir respeto a la propiedad privada, inversión, tecnología, capacidad de los bolivianos que la tienen, transparencia, lucha contra la corrupción y obviamente alejarse del narcotráfico y del narcoestado.
Es decir, el presidente Rodrigo Paz puede ser aquel hombre que recupere la republica o, simplemente, el cuarto jefe del narcoestado. Esa decisión está en sus manos, pero también se requiere mucha responsabilidad ciudadana, pues la ciudadanía tiene una enorme tarea pendiente: reconstruir los partidos políticos.
Los partidos políticos son importantes por tres cosas: 1) doctrina y educación política, remedio contra la improvisación, la compra de candidaturas y el transfugio, 2) oferta de políticas públicas y modelo de gestión del Estado, cosas hoy ausentes en frentes como LIBRE o Comunidad Ciudadana, y 3) representación ante el poder, elemento fundamental para frenar las ambiciones totalitarias.
Por azares del destino, y su propia pelea interna, el MAS dejó el poder luego de 20 años. Eso nos abrió una oportunidad a quienes aspiramos a la carrera política y a nuestro proyecto, por cierto, muy ambicioso: poner a Bolivia en la ruta de un mundo capitalista, globalizado y en revolución tecnológica. En conclusión, es hora de pasar a la acción.
 
 
 
 
 
EL MAS LE ABRIÓ LA PUERTA A LA DERECHA
 
Periodismo de Izquierda de Argentina (https://n9.cl/k0j1a)
 
Rodrigo Paz Pereira, de 57 años y senador derechista fue electo presidente de Bolivia con el 54,55% de los votos, tras una campaña en la que se presentó como un dirigente moderado y cercano a la ciudadanía. Hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, su historia combina linaje político, formación internacional y una vida atravesada por el exilio y la militancia. Formado como economista y licenciado en Relaciones Internacionales, obtuvo una maestría en Gestión económica y se presentó durante toda la campaña como una alternativa al ultraderechista Jorge Quiroga, y apostó a un mensaje más moderado, de proximidad con la gente, priorizando el diálogo y la reconstrucción institucional. Su discurso apeló a una transición ordenada, capaz de reunir apoyos de distintos sectores, incluso de antiguos votantes del Movimiento al Socialismo (MAS), que buscaban un cambio sin fracturas radicales.
Con su elección, Bolivia inicia una nueva etapa en la que Paz promete reconciliación nacional, crecimiento sostenible y apertura al diálogo, para hacer pasar el ajuste antipopular que inevitablemente intentará aplicar.La elección marca, además, el punto final de dos décadas de gobierno del MAS, liderado por Evo Morales y ratifica una vez más, que la impotencia de los progresismos le abre la puerta a la derecha.
El resultado expresa un rechazo no solo al Movimiento al Socialismo (MAS) y al gobierno de Arce (sucesor de Morales), sino también a los viejos personeros neoliberales. Ese rechazo se expresó impulsando la figura del capitán Lara, elegido vicepresidente, un excapitán que fue despedido de la policía, y dado de baja por denunciar casos de corrupción de los altos mandos. Eso le granjeó simpatías populares porque se transita un momento en el que el grueso de la población tiene una profunda desconfianza del aparato judicial y de los aparatos represivos del Estado como la policía y las fuerzas armadas. Lara logró capitalizar ese descontento popular no solo con el gobierno, sino con las formaciones de la vieja derecha.
Además, la campaña electoral que llevaron adelante Paz y Lara tuvo algunas particularidades que vale la pena mencionar: Primero, el centro de su campaña no estuvo en el ajuste que prometen todas las fórmulas de la derecha de América latina. Es decir, aunque evidentemente tuvieron que referirse a que hay que hacer reforma del Estado, que hay que achicar el Estado, etcétera, lo cierto es que para lograr el apoyo de vastos sectores populares, particularmente en el altiplano, lo tuvieron que hacer sobre la base de prometer aumentos salariales, aumentos de jubilación y el mantenimiento de los bonos que fueron instaurados por el Evismo, los bonos sociales, promesas que más temprano que tarde incumplirán inexorablemente producto de la crisis de la economía boliviana.Segundo, hicieron una campaña más conservadora y menos renovadora, diciendo vamos a preservar esto, vamos a preservar lo otro, lo cual hay que ver que pasara si no lo cumple.
Tercero y este es un dato interesante, mientras prácticamente todos los candidatos apostaron a las redes sociales como mecanismo para potenciar la campaña electoral, Rodrigo Paz, apostó a prescindir de las redes y a concentrar su campaña en un trabajo territorial, de buscar acuerdos, de hablar de manera directa con las comunidades campesinas y los sectores populares del altiplano.Mientras todo el mundo estaba apostando a las redes sociales, la formula electa apostó a algo que era la vieja forma de hacer política, ir a buscar el contacto directo, hombre a hombre, persona con persona y tratar de ver qué acuerdos se pueden hacer, qué promesas se pueden hacer y a partir de ahí logró conquistar gran parte de la base electoral del MAS. Y podríamos agregar un último elemento para poder explicar el triunfo de Paz y de Lara. Uno o dos días antes de las elecciones, Evo Morales en una reunión de dirigentes de su fracción en el Chapare y ante las dudas que formulaban varios dirigentes de votar nulo, Evo presionado respondió planteando que, si uno no quería votar nulo, podía votar por el capitán Lara que iba a hacer campaña contra la corrupción, etcétera.
Las elecciones mostraron la crisis profunda del proyecto político de Evo Morales, que en su momento generó muchas discusiones, mucha polémica en la izquierda. Después de 20 años de sucesivos gobiernos del MAS, incluyendo en el medio una crisis nunca del todo aclarada en el 2019 se llega a esta crisis.
La hegemonía del MAS estuvo ya fuertemente cuestionada desde el golpe del 2019. La crisis se abrió con la guerra del agua y una serie de levantamientos nacionales que se prolongaron durante años y se cerró también con las acciones callejeras, en este caso de las fuerzas armadas y las policías en noviembre del 2019.
Ya esos acontecimientos pusieron de relieve el fracaso del proyecto progresista. Es decir, en un inicio, estamos hablando de hace dos décadas atrás, tanto Álvaro García Linera, Evo Morales, y todo el estado mayor del Movimiento al Socialismo de ese momento, afirmaban como objetivo político avanzar en la superación de taras históricas de la sociedad boliviana, como era la exclusión de la participación política y de la participación en el aparato estatal de grandes mayorías indígenas, principalmente Aimaras, Quechuas y Tupi-guaraníes. Entonces el proyecto del Estado Mayor del MAS era ir avanzando en una serie de reformas constitucionales, institucionales, de carácter democrático inclusivo, que permitieran ir superando todo esto, como por ejemplo, el racismo orgánico estructural que vive y que tiene la sociedad boliviana.
El 2019 puso de relieve que todos esos objetivos no solo no se habían cumplido, sino que estaban lejísimos de cumplirse. Por el contrario, se profundizó un proyecto crecientemente autoritario de la mano del gobierno de Arce, que fue barriendo y desmontando las concesiones democráticas que se fueron estableciendo en los 20 años anteriores. Tampoco funcionó la lógica de convencer a las clases dominantes de ser más solidarios. Tanto Arce, como antes Morales basaron toda la política nacional en un intento de llegar a acuerdos y consensos con los sectores agroindustriales mineros para estas reformas.
La crisis del MAS se hizo aún más explicita cuando Arce y Morales se enfrentaron fuertemente por el liderazgo de un partido ya francamente en retroceso y enfrentado con numerosos sectores populares. Estas razones son algunas de las que nos permiten explicar el triunfo de Paz y Lara apoyados en la base electoral fundamentalmente del MAS.
El Nuevo Gobierno enfrenta un escenario complicado. Hay una crisis económica que no ofrece salidas en el marco del capitalismo boliviano, una inflación que está cada vez creciendo más y una situación en la que los sectores populares continúan agitándose. No estamos hablando de sectores populares que vienen de derrotas sistemáticas o que vienen de sufrir grandes derrotas, sino todo lo contrario. Hablamos de un movimiento de masas que superó la crisis del 2019 y es ese movimiento de masas el que está empezando a movilizarse nuevamente hoy producto de la crisis económica y de la crisis política. Ese movimiento de masas es el que le dio gran parte de la votación a Paz y Lara. Entonces, eso es un problema, es una contradicción que el nuevo gobierno tendrá que enfrentar porque es muy difícil llevar adelante un plan de ajuste contra una base social que acaba de llevarlo al gobierno sobre la base de promesas electorales que no va a poder cumplir.
Por eso es que en este escenario es indispensable el reagrupamiento y organización de los revolucionarios para dar una pelea definitiva al capitalismo boliviano, la construcción de una alternativa de clase, revolucionaria, anticapitalista y socialista es imperiosa en Bolivia, y desde la Liga Internacional Socialista comprometemos nuestros esfuerzos detrás de ese objetivo impostergable.
 
 
 
 
 
LA URGENCIA E IMPORTANCIA DE DESMONTAR EL NARCOESTADO EN BOLIVIA
 
El país es área de protección de narcotraficantes y terroristas; operan en el territorio carteles y grupos mafiosos de todo el mundo
 
Infobae de Argentina (https://n9.cl/seweq)
 
Por Carlos Sánchez Berzain.- El establecimiento y soporte de las dictaduras del socialismo del siglo 21 en las Américas ha convertido a Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia en narcoestados y la mayor amenaza contra la vida y la seguridad de las democracias. La suplantación de la política por el narcotráfico avanza buscando la creación de una subcultura para legitimar y legalizar el crimen. En los últimos 22 años Bolivia pasó de ser el país más eficiente y exitoso en la lucha contra el narcotráfico a un narcoestado que urge desmontar por interés de la región y del mundo.
Penetrada por el narcotráfico Bolivia recuperó la democracia el 10 de octubre de 1982 con la presidencia de Hernán Siles Suazo, pero fue el 19 de julio de 1988 que el presidente Víctor Paz Estenssoro promulgó la “Ley del régimen de la coca y sustancias controladas” o “Ley 1008” en la que se establecen los cuatro elementos de esta política: “la prevención, la erradicación de coca ilegal, la interdicción y el desarrollo alternativo”. Esta ley y su aplicación se convirtieron el “Política de Estado”.
En Agosto de 1993 Bolivia tenía alrededor de 60.000 hectáreas de cultivos de coca ilegal base de la producción de la cocaína; la zona del trópico de Cochabamba o Chapare era una zona bajo control de los cultivadores ilegales de coca bajo mando de Evo Morales sobre la que el Estado había perdido control; la política se veía afectada por las acusaciones de narco vínculos. Diez años después, en Octubre de 2003 -cuando se produjo el golpe de estado- Bolivia tenía solo 3.000 hectáreas de coca ilegal. La política de “coca ilegal cero” había dejado al narcotráfico sin materia prima. El narcoestado ha llevado a Bolivia a tener hoy alrededor de 100.000 hectáreas de coca ilegal.
El 17 de Octubre de 2003 derrocaron al presidente Sánchez de Lozada quien había venido advirtiendo públicamente que las reiteradas conspiraciones e intentos de golpe de estado y de asesinato en su contra estaban dirigidos a la construcción de una “dictadura/narcoestado”. Al día siguiente del derrocamiento, Carlos Mesa, el vicepresidente felón devenido en presidente, Evo Morales y los conspiradores, se reunieron en El Alto y aprobaron la “Agenda de Octubre” estableciendo su programa: “asamblea constituyente, nacionalización del gas, protección del cultivo de la coca, enjuiciamiento de los derrocados…y más”.
Con el golpe del 17 de octubre de 2003 empezó la construcción de la dictadura/narcoestado, que avanzó cuando Evo Morales desconoció los convenios internacionales antinarcóticos el 2008 expulsando a la DEA y al Embajador de Estados Unidos, que se institucionalizó cuando suplantaron la Constitución de la República por el estado plurinacional, y se consolidó con la “ley general de la coca” 906 de 8 de marzo de 2017 que suplanta la ley 1008.
El gobierno de este narcoestado -con leyes que institucionalizan la protección al narcotráfico y al terrorismo- es el que ha sido entregado al presidente Rodrigo Paz Pereira. La Bolivia que recibe Paz es un narcoestado plurinacional con constitución, leyes y estructura diseñados y operando para la promoción y protección del crimen, el narcotráfico, el terrorismo y la impunidad. Hasta aquí ha salido el dictador pero no la dictadura. El presidente Rodrigo Paz asumió el gobierno pero no tiene aún el poder que permanece en manos de la dictadura/narcoestado.
La realidad objetiva es gravísima. Evo Morales y su grupo delictivo controlan como zona libre para el narco el trópico de Cochabamba, el país es área de protección de narcotraficantes y terroristas, operan en el territorio carteles y grupos mafiosos de todo el mundo, el grupo más importante de productores de coca y de cocaína tiene condición de partido político -el Movimiento al socialismo MAS- que controla la mayor parte de los municipios y gobernaciones del país, el sistema de justicia depende del régimen que instaló el narcoestado, los narcotraficantes que han tenido funciones públicas empezando por Evo Morales gozan de impunidad, el crimen está sindicalizado, y más.
El desmontaje del narcoestado debe seguir los tres pasos imprescindibles de la transición de la dictadura a la democracia: 1.- eliminar la estructura jurídica del narcoestado; 2.- no impunidad, procesando, capturando y extraditando a los narcotraficantes y narco vinculados empezando por Evo Morales; y 3.- ilegalizar los instrumentos que el narcotráfico usa para ser parte de la política, como el MAS y organizaciones denominadas sociales o sindicales del sistema narco.
La ejecución de estos tres ejes solo es posible con el respaldo del pueblo que hoy existe, con autoridades competentes, con una Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico idónea, y la imprescindible cooperación internacional que supone el retorno de la DEA en los términos y alcances de los convenios vigentes hasta 2008 desconocidos por Evo Morales. Bolivia sabe cómo luchar y derrotar al narcotráfico, ya lo hizo entre 1993 y 2003 y fue modelo para las Américas.
 
 
 
 
PERÚ DICE QUE EL GOBIERNO DE RODRIGO PAZ «MARCA FIN DE AÑOS DE SOCIALISMO Y OSCURANTISMO» EN BOLIVIA
 
Agencia EFE de España (https://n9.cl/3a6u0)
 
El primer ministro de Perú, Ernesto Álvarez, afirmó que el Gobierno del flamante presidente boliviano, Rodrigo Paz, marca «el fin de los años de socialismo y oscurantismo en Bolivia», país con el que espera fortalecer las relaciones bilaterales.
«Hemos tenido la oportunidad de presenciar la juramentación del presidente (Paz) que marca una etapa de inicio de la democracia y del fin de los años de socialismo y oscurantismo en Bolivia», señaló Álvarez en un video difundido este domingo por la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM).
En la grabación, el primer ministro peruano aparece en un salón del Palacio Quemado, en La Paz, donde indica que queda «la sede del gobierno histórico de Bolivia».
«Abrazamos todos los peruanos al país hermano de Bolivia y le deseamos éxitos en la gestión de su nuevo presidente», agregó Álvarez, cuyo video finaliza con una serie de fotografías de las reuniones que sostuvo con Paz y otros asistentes a la toma de mando en Bolivia.
El acercamiento entre Perú y el nuevo Gobierno de Bolivia
Este sábado, Álvarez informó que los gobiernos de Perú y Bolivia realizan coordinaciones para que en «las próximas semanas» se celebre una cita cumbre entre los presidentes José Jerí y Rodrigo Paz.
Álvarez encabezó la representación de Perú en la toma de mando de Paz, con quien sostuvo una audiencia, acompañado por el vicecanciller peruano, Félix Denegri.
En la cita, las autoridades de ambos países «coincidieron en reimpulsar las relaciones bilaterales y elevar el diálogo político al más alto nivel, a fin de consolidar una agenda de trabajo conjunto» en favor de sus pueblos.
Así las cosas, la PCM aseguró que la presencia de Álvarez en la investidura de Paz abre «una etapa de mayor cooperación con Bolivia» y que el Gobierno de Perú «le desea el mayor de los éxitos en su gestión, reafirma su compromiso con la relación bilateral y la agenda común en desarrollo e integración fronteriza, seguridad, facilitación del comercio y conectividad».
 
 
 
 
 
OPERACIÓN “ESCUDO GUARANÍ”: PARAGUAY INTENSIFICA EL CONTROL EN LA ZONA DE FRONTERA
 
El gobierno paraguayo lanzó la Operación “Escudo Guaraní”, con más de cuatro mil efectivos desplegados en las zonas fronterizas con Brasil, Argentina y Bolivia, para reforzar el combate contra el crimen organizado y el terrorismo en la región.
 
La Voz de Cataratas (https://n9.cl/9dw2p7)
 
El gobierno de Paraguay puso en marcha la Operación Escudo Guaraní, un esfuerzo conjunto para combatir organizaciones criminales transnacionales que operan en las regiones fronterizas con Brasil, Argentina y Bolivia.
Según informó el Ministerio de Defensa paraguayo, la operación movilizará alrededor de cuatro mil efectivos militares, junto a la participación de la Policía Nacional del Paraguay y la Secretaría Nacional Antidrogas (SENAD).
El ministro de Defensa, Óscar González, señaló que “diseñamos esta iniciativa estratégica para reforzar el combate a las amenazas generadas por el crimen organizado transnacional y por organizaciones terroristas que pueden afectar nuestra seguridad interna”.
En la zona de frontera con Brasil, los departamentos de Amambay, Canindeyú y Alto Paraná serán áreas de alta movilización militar. En la frontera con Argentina, el despliegue comprenderá los departamentos de Itapúa, Misiones (Paraguay) y Ñeembucú.
El anuncio se registra en un contexto donde el país ha considerado a grupos como Primer Comando da Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV) como organizaciones terroristas, además de la ya existente clasificación del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP) y sus disidencias como tales.
El operativo representa un paso significativo en la región de la triple frontera (Argentina-Brasil-Paraguay), y plantea un nuevo escenario de patrullaje y control sobre las rutas de paso delictivas, así como un mayor protagonismo de las autoridades paraguayas en el ámbito de seguridad regional.
 
 
 
 
 
AUMENTA EL USO DE BUQUES MERCANTES PARA EL TRÁFICO DE COCAÍNA, ADVIERTEN AUTORIDADES MARÍTIMAS
 
América del Sur sería el epicentro del contrabando por lo que se recomienda reforzar controles portuarios.
 
Mundo Marítimo de Chile (https://n9.cl/2nzwc)
 
El último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) señala que 2023 fue un año récord para el mercado mundial de la cocaína. La producción alcanzó unas 3.708 toneladas, un incremento de aproximadamente un tercio respecto al año anterior, impulsado principalmente por la expansión de los cultivos ilícitos de hoja de coca en Colombia. En contraste, la superficie cultivada en Bolivia se mantuvo estable y Perú registró una ligera reducción.
De acuerdo con el informe revisado por Gard, los principales flujos de tráfico de cocaína continúan saliendo de los países andinos hacia América del Norte y Europa, tanto de forma directa como a través de África Occidental y Central. Sin embargo, la UNODC advierte que el aumento de decomisos y del consumo detectado mediante análisis de aguas residuales indica un crecimiento significativo del flujo hacia Europa, superior al observado en Norteamérica, además de una reciente expansión hacia Asia.
En contraste con la tendencia de la cocaína, la producción y transporte de opio y heroína provenientes de Afganistán se mantienen en su nivel más bajo desde 2001. La producción en Myanmar también cayó un 8%. No obstante, el organismo advierte sobre el riesgo de que los opioides sintéticos, como el fentanilo, sustituyan parcialmente la heroína, debido a su rápida expansión global.
Buques comerciales, bajo riesgo creciente
La UNODC y fuentes como Gard, han alertado sobre el uso creciente de naves comerciales para el contrabando de drogas, a menudo sin conocimiento de las tripulaciones. Los narcóticos pueden ocultarse en contenedores —incluso en las paredes o suelos—, en cargas a granel o adheridos a la estructura externa del buque.
Autoridades portuarias han reportado casos de traficantes disfrazados de funcionarios o estibadores que colocan sellos falsos en contenedores ya inspeccionados. También se han detectado drogas ocultas por buzos en el timón o casco de las naves. Estas prácticas suponen riesgos operativos, legales y personales para las tripulaciones.
Áreas de alto riesgo y medidas preventivas
Los principales puntos críticos para el tráfico marítimo de cocaína incluyen Colombia, Ecuador, Perú, México, Brasil y Venezuela. Cambios en las rutas o intensificación de las operaciones militares antidrogas pueden desviar las actividades hacia buques mercantes.
De acuerdo con el Código Internacional para la Protección de Buques e Instalaciones Portuarias (ISPS), las navieras y las autoridades portuarias deben garantizar la seguridad de sus operaciones. Entre las recomendaciones a los operadores destacan:
•          Realizar una evaluación de riesgos específica antes de ingresar a puertos considerados vulnerables.
•          Limitar el acceso al buque y mantener puntos de entrada controlados.
•          Registrar a todas las personas y paquetes que suban a bordo.
•          Mantener vigilancia permanente y revisar grabaciones de CCTV.
•          Iluminar las áreas externas y adyacentes al buque durante la noche.
•          Notificar a las autoridades locales y al agente portuario ante cualquier actividad sospechosa.
Tras finalizar las operaciones de carga, se aconseja efectuar una inspección completa del buque, incluso bajo la línea de flotación, con el apoyo de perros detectores o equipos de buceo certificados.
Tratamiento de la tripulación durante investigaciones
El informe también destaca las preocupaciones sobre el trato a la Gente de Mar detenida tras hallazgos de drogas a bordo. La Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF) ha denunciado que, en varios casos, las tripulaciones son retenidas durante largos periodos, aun cuando no existen pruebas de su implicación.
En respuesta, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la OMI aprobaron en noviembre de 2024 unas directrices sobre el trato justo de los marinos detenidos en conexión con delitos presuntos, basadas en principios de derechos humanos y debido proceso.
Las directrices recomiendan a los Estados portuarios evitar detenciones arbitrarias y facilitar la repatriación sin costos una vez concluida la investigación. Los Estados de Abanderamiento y armadores deben brindar asistencia legal y asegurar el cumplimiento de los contratos laborales, mientras que los tripulantes deben conocer sus derechos y procedimientos de defensa.
Prevención como estrategia clave
Gard recuerda que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz frente al riesgo de contrabando. Los decomisos de drogas generan demoras prolongadas, pérdidas financieras, sanciones y daños reputacionales para los armadores, además de consecuencias psicológicas para los tripulantes.
 
 
 
 
 
SIGUE LLOVIENDO COCAÍNA EN SALTA DESDE AVIONETAS DESECHADAS EN ESTADOS UNIDOS
 
La ruta blanca tiene cientos de aeronaves con matrículas recicladas en Bolivia y pilotos captados por el narcotráfico. Hay un descontrol total en los cielos y más de 270 pistas ilegales desde las que se filtran grandes cargamentos.
 
Jujuy al Momento de Argentina (https://n9.cl/qb5fx)
 
El caso de la avioneta siniestrada el martes último en la zona de Horcones, Rosario de la Frontera, volvió a poner en evidencia el corredor aéreo del narcotráfico que atraviesa el norte argentino. Dentro de la aeronave, cuya matrícula boliviana fue intencionalmente raída, se hallaron 136 kilos de cocaína. Al día siguiente, con información aportada por los primeros dos detenidos de los cinco que están imputados desde el viernes, se recuperaron otros 228 kilos. Estaban enterrados en un campo de Antillas, a 70 kilómetros del potrero donde el Cessna impactó contra un VW Gol que marcaba la pista, tras un accidentado aterrizaje que terminó con el automóvil destruido y calcinado.
Fue el segundo siniestro de este tipo en dos años y uno más de una larga lista que se remonta hasta 2008. El incidente más reciente fue el de otra avioneta que apareció incendiada en la zona de Misión La Paz, cerca de la frontera de Rivadavia con Paraguay, sin tripulantes ni rastros del cargamento presumido en ese frustrado narcovuelo. Lo concreto es que la "lluvia blanca" o "bombardeo de droga" sigue siendo una constante en el vulnerable espacio aéreo de Salta.
Las avionetas con las que se filtran grandes cargamentos de cocaína al país son, en su inmensa mayoría, aeronaves con más de 30 años de uso importadas desde La Florida (Estados Unidos) a Santa Cruz de la Sierra. En Bolivia reciclaron sus matrículas y las adaptaron para cargar hasta 500 kilos de droga. En los últimos 17 años el narcotráfico perdió decenas de aeronaves en el norte argentino, pero por cada una hay al menos otras diez alistadas para trasponer la frontera de Salta a baja altura y hacer llover cocaína en fincas situadas al sur de la ruta nacional 16, límite de su autonomía de combustible. De vez en cuando, alguna termina siniestrada o incautada en campos de Anta o Rosario de la Frontera por averías o aterrizajes fallidos en pistas clandestinas.
El accidente de Horcones no fue el primero ni el último. En noviembre de 2014 otra avioneta se estrelló en finca San Severo, Anta, luego de arrojar 250 kilos de cocaína. Aquel vuelo era piloteado por Erick Osman Méndez Donoso, un instructor boliviano con condena pendiente en su país. Como él, decenas de jóvenes pilotos formados en 15 academias de Santa Cruz de la Sierra y Trinidad perdieron la vida o su libertad.
De registros de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) de Bolivia se desprende que solo entre 2012 y 2014 el gobierno del vecino autorizó la importación de más de 200 aeronaves desde La Florida, muchas descartadas en Estados Unidos con más de 30 años de antigüedad. Más de la mitad de esas avionetas terminó desviada al narcotráfico y siguen volando con una absoluta falta de control operacional en aeródromos y pistas clandestinas.
Con herramientas satelitales, solo en los departamentos de Beni, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra, la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico (Felcn) geolocalizó entre 2018 y 2023 más de 440 pistas aéreas ilegales. A muchas se las mostró inutilizadas con detonaciones explosivas, pero aquellas intervenciones no pasaron de un golpe efectista que aplacó cuestionamientos internacionales. Hoy Bolivia tiene al menos 270 pistas clandestinas activas bajo un cielo "convertido en un corredor aéreo de cocaína", como definió el diario El Deber en un detallado informe periodístico.
Cruces de los registros de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) de Bolivia con elementos reunidos en legajos investigativos de la Unidad Fiscal Federal de Salta y expedientes de los juzgados federales de la jurisdicción relacionados con la "lluvia blanca", muestran que siete de cada diez narcoavionetas accidentadas o incautadas en el norte argentino en los últimos 15 años tenían matrículas recicladas en Santa Cruz de la Sierra o Beni. Otras ingresaron desde Paraguay y una decena fue robada en aeroclubes de distintas provincias argentinas.
La desmesurada cantidad de escuelas de pilotos civiles que tiene Santa Cruz de la Sierra y Trinidad son parte de la trama criminal. Solo en torno al aeropuerto El Trompillo funcionan actualmente 12 academias en las que se forman decenas de jóvenes oriundos de Bolivia, Colombia, Perú y Brasil. Los cursos cuestan entre 30 y 40 mil dólares, y los pilotos egresan con una licencia privada. Algunos la obtienen con apenas 17 años de edad y apenas después de graduados son incorporados por redes narcos.
El negocio del crimen organizado se nutre también del descontrol en la provisión del combustible aeronáutico. En aeropuertos bolivianos entre 500 y 600 mil litros de av-gas son despachados cada mes sin un adecuado sistema de trazabilidad. Ese combustible alimenta tanto a vuelos civiles como a las narcoavionetas que cruzan la frontera norte de Argentina, en un espacio aéreo con escasa vigilancia.
El 6 de julio de 2015, en un solo procedimiento fuerzas de seguridad de Paraguay, incautaron diez avionetas que se utilizaban para traficar drogas hacia el litoral argentino. Todas esas antiguas aeronaves -como ocurre en Bolivia- habían sido importadas desde La Florida (Estados Unidos) como material aéreo en desuso y habilitadas irregularmente en Asunción y otras ciudades paraguayas con documentación fraguada y la complicidad de funcionarios públicos. 

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