PAZ NOMBRA SU PRIMER GABINETE EN BOLIVIA SIN LÍDERES SOCIALES Y RESPALDADO POR EMPRESARIOS
El
nuevo presidente deja fuera del Ejecutivo a las organizaciones sindicales y
campesinas, mientras empodera a exfuncionarios de los años 90 y a sectores
vinculados con la exportación.Los
dirigentes campesinos y líderes sindicales han dado paso a empresarios y
curtidos funcionarios públicos. El recién asumido presidente de Bolivia,
Rodrigo Paz, anunció este domingo su primer gabinete ministerial, que prescinde
de los sectores y organizaciones sociales que gobernaron el país durante las
dos últimas décadas. Predominan, más bien, los perfiles vinculados a los
exportadores agrícolas de gran escala y a antiguos políticos de la llamada
etapa neoliberal en Bolivia (1985-2006). “Seguramente algunos dirán ‘¿dónde
están los sectores?’. Durante 20 años se los representó. Yo quiero preguntar
dónde están el gas y el litio”, defendió el presidente, en un acto celebrado en
el Palacio Quemado de La Paz.
Paz
designó 15 ministros, cuatro menos que la anterior gestión de Luis Arce
(2020-2025), del Movimiento al Socialismo (MAS). El recorte ha sido menor de lo
que se especulaba, pero fueron sacrificadas carteras de peso como las de Medio
Ambiente o Minería. El presidente aseguró que hizo la selección en base a la
“meritocracia” y priorizando un perfil técnico; sin embargo, existen otros
denominadores comunes, como el guiño al sector privado y la reincorporación de
exministros conservadores.
Así
lo sostiene el jefe de redacción del diario boliviano Opinión, Santiago
Espinoza: “La cartera de Educación era históricamente como un botín del
magisterio urbano-rural, un sector muy politizado. Ahora vemos una mujer
[Beatriz García] que no viene de ahí; de hecho, es administradora de empresas
vinculada a procesos de empoderamiento”. Desde el Gobierno de la Revolución
Nacional de 1952, las asociaciones obreras y mineras han formado parte, de
manera discontinua, del Ejecutivo boliviano como estrategia para resolver
conflictos sociales. El expresidente aimara y cofundador del MAS, Evo Morales
(2006-2019), recuperó esa relación para catapultarse y mantenerse en la silla
presidencial.
En
los últimos años, carteras como Trabajo, Desarrollo Rural o Cultura estuvieron
ocupadas por representantes de la Confederación Nacional de Mujeres Campesinas
Indígenas Bartolina Sisa, la Confederación Sindical de Comunidades
Interculturales o la Confederación Sindical de Trabajadores Campesinos,
organizaciones que han desaparecido del nuevo equipo de Gobierno. “Podrías
justificar su ausencia en términos técnicos, pero en términos políticos es un
riesgo, porque la capacidad de negociación y de interlocución con sectores
demandantes será crítica. Es algo que ya está institucionalizado en Bolivia: no
se puede gobernar sin tener un pie en la calle. Las organizaciones sociales
están muy empoderadas”, comenta Espinoza.
Paz
argumenta que ha prescindido de ese respaldo porque la “metodología” de Morales
y Arce para escoger sus gabinetes “no dio resultado”. Culpa a esos gobiernos
del peor crecimiento económico registrado por Bolivia durante este siglo y de
la inflación de dos dígitos provocada por la escasez de dólares. Además, varios
ministros sindicalistas estuvieron involucrados en polémicas y casos de
corrupción. El nuevo jefe de Estado ha decidido apostar por representantes de
grupos que considera capaces de paliar la crisis en el corto y mediano plazo,
como la agroindustria.
El
flamante ministro de Desarrollo Productivo, Óscar Justiniano, fue hasta hace
poco presidente de la Federación de Empresarios Privados de Santa Cruz, capital
económica del país. El de Planificación del Desarrollo, José Romero, presidió
la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo, mientras que el de Obras
Públicas, Mauricio Zamora, es dueño de negocios vinculados a la viticultura y
la hostelería. Paz les encomendó seguir las cuatro líneas que promete para su
mandato: “apertura al mundo, capitalismo para todos, acabar con el Estado
tranca e iniciar un nuevo Estado desde las autonomías regionales”.
Bolivia,
señaló el presidente, “está a punto de recibir una ingente cantidad de recursos
del exterior, y la voluntad de inversión depende de nosotros: debemos dar
acceso a los bolivianos a esos dólares e inversiones”.
El
docente y doctor en Filosofía Política Óscar Gracia asegura que la meritocracia
a la que alude Paz es un valor político asociado a los gobiernos de
centroderecha. “El perfil tecnocrático del gabinete habla de un retorno a las
formas más tradicionales de la burocracia estatal. El MAS apostaba antes por la
lealtad política y por un sentido simbólico”.
En
esa vuelta a las antiguas formas de gobernar, principalmente las de la etapa
neoliberal, se inscriben algunos de los nombres más influyentes del gabinete.
El ministro de la Presidencia, José Luis Lupo, ocupó distintos cargos
ministeriales entre 1991 y 2002, mientras que el de Gobierno (Seguridad), Marco
Antonio Oviedo, fue secretario del Interior durante el mandato de Jaime Paz
Zamora (1989-1993), padre del actual mandatario, quien no ha dudado en
brindarle sus antiguas armas. El País de España (https://n9.cl/zhusf)
RODRIGO
PAZ OPTA POR TECNÓCRATAS Y DEJA DE LADO A SINDICALISTAS PARA SACAR A BOLIVIA DE
LA CRISIS
Independent
en Español (https://n9.cl/aum4h4)
El
flamante presidente boliviano, el centroderechista Rodrigo Paz, optó por un
gabinete tecnócrata y menos político con fuerte énfasis en la economía al
designar el domingo a su equipo de 14 ministros, entre ellos tres mujeres, a
quienes encargó su máxima: “Llevar Bolivia el mundo y traer el mundo a
Bolivia”.
La
cancillería quedó a cargo de Fernando Aramayo con poco recorrido en la
diplomacia, pero amplia trayectoria en organismos internacionales. Trabajó para
el Programa de Naciones para el Desarrollo, mientras que el equipo económico
será comandado por el economista José Gabriel Espinoza, analista y exdirector
del Banco Central quien estará apoyado por el ministro de la Presidencia, José
Luis Lupo, economista de amplia trayectoria pública y en organismos financieros
internacionales.
Paz,
de 58 años, ganador de los comicios, asumió el sábado con el desafío de abrir
una nueva era política en Bolivia tras casi 20 años de hegemonía socialista y
dijo en su juramentación que heredó “un país devastado y cansado” por peor
crisis económica en 40 años, con una dura escasez de combustibles que afecta la
producción agropecuaria disparando los precios de los alimentos.
“Estamos
apostando por la meritocracia y la eficiencia”, explicó el mandatario al
señalar que en los casi 20 años de gobierno del Movimiento al Socialismo de Evo
Morales (2006-2019) y Luis Arce (2020-2025) se privilegió a los sindicados y
movimientos sociales en la conducción de ministerios. "Yo quiero preguntar
dónde está el gas natural que nos prometieron. Estamos peor", señaló.
Dijo
que impulsará una “gran acuerdo nacional” con el Legislativo y las
organizaciones sociales para perfilar un plan de desarrollo de amplia apertura
económica a las inversiones extranjeras.
Paz
ha prometido retirar paulatinamente la subvención a los carburantes que se
importan a precios internacionales y se venden a precio subvencionado en el
mercado local y se espera para esta semana sus primeros ajustes económicos.
Dijo que en seis meses aprobará “cambios normativos” para abrir la economía
tras la política estatista que primó en la gestión anterior.
Una
de las primeras medidas de Paz ha sido distanciarse del bloque del ALBA —que
Bolivia integra con Cuba, Nicaragua y Venezuela— y se acercó a Estados Unidos,
del que su país estaba distanciado tras la expulsión del embajador
estadounidense en 2008 durante el gobierno de Morales.
El
subsecretario estadounidense Christopher Landau, quien llegó a la investidura
de Paz, dijo el domingo que se abrió “una nueva era en las relaciones”
bilaterales y pronto se normalizarán las relaciones diplomáticas con el
intercambio de embajadores.
Como
otro gesto simbólico, Paz tomó protesta a sus ministros y utilizó en los actos
de juramento el “palacio quemado”, una casona del siglo XVIII que fue la sede
principal del Ejecutivo desde siempre hasta la llegada de Morales que mandó a
construir al lado un opulento edificio que fue la sede de su gobierno y el de
Arce.
EL
CONTRADICTORIO REGRESO DE LA ÉLITE
Diario
Red de Uruguay (https://n9.cl/c0k92p)
El
sábado 8 de noviembre se celebró la investidura de Rodrigo Paz Pereira como
presidente y de Edmand Lara Montaño como vicepresidente de Bolivia. La
ceremonia marcó oficialmente el fin de casi dos décadas de gobierno del
Movimiento al Socialismo (MAS) y el inicio de una nueva etapa política. Fue un
ritual cargado de señales contradictorias: guiños al bloque popular y gestos de
reinstauración de la vieja élite tradicional.
Un
acto de alto protocolo con señales de exclusión
La
ceremonia tuvo lugar en el Palacio Legislativo; participaron delegaciones
internacionales y miles de invitados locales entre ellos muchos de la élite
social boliviana. El traje, la corbata, la ausencia de ponchos indígenas y
cascos mineros constituyeron un claro cambio estético respecto al ceremonial de
los gobiernos del MAS. No se observaron los rituales andinos que antes formaban
parte del protocolo y en cambio prevalecieron los signos
occidental-republicanos, en particular el crucifijo y la Biblia puestos sobre
la mesa del juramento, luego de ser reinstalados para la ocasión.
Paz
juró con la fórmula "Dios, patria y familia: ¡Sí, juro!". Ya había
lanzado este lema en la campaña. Con él se ha presentado como una figura que
encarna estabilidad y valores tradicionales y que se contrapone a un Evo
Morales “casado con el pueblo” y con acusaciones de estupro, o a un mujeriego
Luis Arce, esto es, a las dos figuras ahora declinantes de la izquierda
boliviana.
La
familia completa del presidente –su esposa, sus hijos, hermanos, tíos, primos y
su padre, el expresidente Jaime Paz Zamora– estuvo visible en el acto, lo que
reforzó el mensaje ya señalado.
Mitin
en vez de posesión
Paz
diagnosticó que la nación que heredaba: "El país que recibimos está
devastado; nos dejan una economía quebrada, con las reservas internacionales
más bajas en 30 años; nos dejan inflación, escasez, deuda, desconfianza". Y por eso
recriminó directamente a sus antecesores:
"¿Qué carajo
hicieron con tanta bonanza? ¿Por qué
hay gente, familias que no tienen qué comer hoy, si
éramos tan ricos con tanto gas y con el
litio como futuro?" Incluso dio nombres: “Evo, ¿dónde
está el gas? Arce, ¿dónde
está el litio?" Llamó a estos
antecesores “traidores” al pueblo boliviano.
Una
novedad del discurso del nuevo presidente fue la incorporación del tema del
federalismo, del que no había hablado de su campaña. Este cambio discursivo
genera sospechas de un rediseño de su estrategia política, que se basó en el
apoyo de La Paz, la capital occidental del país, durante la campaña, y ahora
coquetea con Santa Cruz, una región oriental, la más próspera y conservadora
del país, la sede de la alta burguesía boliviana.
Paz
reiteró el llamado a la unidad, pero lo matizó al plantear que se cobrara las
cuentas a los exfuncionarios del MAS.
Su
discurso, más que de posesión, fue uno de cierre de campaña; de esos que pueden
ser inconexos y llenos de frases hechas… No pareció el inicio de un mandato
técnico-institucional, y no presentó el plan para salir de la crisis económica.
No necesariamente se trató de un error. Quizá respondió derechamente al estilo
de gestión del nuevo presidente, que siempre ha sido un político de habilidad
táctica antes que profundo o consistente.
Edmand
Lara entra en escena
Edmand
Lara, el vicepresidente, produjo el contrapunto. Juró su cargo vestido con
traje de gala de la Policía, institución a la que perteneció, pero de la que
fue expulsado, según él porque la denunció por corrupción. Fue el primer
policía en llegar a una de las principales responsabilidades políticas
bolivianas de la historia. “Siempre quise ser policía, y salí de ahí porque
había mucha gente poderosa haciendo cosas malas y yo lo denuncié”, señaló. Con
este gesto y otros buscó conectar con los sectores populares, a los que
representa, porque en Bolivia los policías no forman parte de la élite y por su
propia biografía.
Porque,
en realidad, Lara es un hijo del proceso dirigido por el MAS: primer
profesional de la familia, orgulloso de sus raíces populares, miembro de una
clase media en ascenso que no quiere descender y cuyos problemas identifica
bien porque los ha vivido.
Al
comienzo de su alocución, en la etapa de los saludos, envió un cariño especial
al mandatario de El Salvador, Nayib Bukele, que no estaba presente. Esta
referencia a Bukele ha sido sostenida por Lara durante toda su campaña:
“Queremos seguridad; lo que ha hecho el presidente Bukele en El Salvador,
tenemos que hacerlo en el país”, expresó en más de una oportunidad.
El
discurso de Lara tras su juramento se pareció más a los usuales del MAS en el
pasado porque saludó a los pueblos indígenas y prometió que “ninguna
organización social será discriminada”. En los hechos, sin embargo, el acto no
fue muy acogedor --ni estética ni prácticamente-- para los representantes
populares, que con algunas excepciones brillaron por su ausencia.
Alto
perfil diplomático y social, y exclusión simbólica
El
acto tuvo un alto perfil diplomático y social. Sin ser concluyente a este
respecto, presentó indicios que apuntan a la restauración de la vieja élite
política. Llegaron los presidentes Javier Milei, Daniel Noboa, Gabriel Boric,
Santiago Peña y Yamandú Orsi, lo que fue celebrado por Paz, quien afirmó que
“Bolivia volvió al mundo”, atribuyendo a la etapa del MAS un aislacionismo que
en realidad no existió. Eso sí, ahora Bolivia volverá a tener un embajador de
Estados Unidos, un personaje inexistente los veinte años previos.
La
ausencia de ponchos y abarcas, de cascos de mineros, de una representación de
la Central Obrera Boliviana, y la fuerte participación de la élite social y
económica del país, evidenciaron que el poder boliviano ha cambiado de manos no
solo en términos políticos, sino también de clase. Pese a que quienes votaron a
Paz-Lara fueron mayoritariamente los sectores plebeyos y rurales del occidente
del país, parece que ellos no gobernarán, sino –a través del presidente Paz- lo
harán, paradójicamente, los grupos sociales que perdieron las elecciones.
Contradicciones
de campaña y señales de viraje
Durante
la segunda vuelta, Paz había evitado criticar directamente a Evo Morales, con
el fin de atraer al electorado de este, que se había materializado en un 19% de
voto nulo. En el acto de
investidura, pasó a atacar al expresidente: “nadie
puede estar por encima de la ley”, dijo, en
alusión al proceso legal que Morales elude
refugiándose en su bastión
del Chapare. Lo que Paz se guardó durante la
disputa electoral lo liberó en el momento
de la victoria. Por lo visto, Morales celebró en vano los
resultados de la primera vuelta electoral que favorecieron a Paz y, al mismo
tiempo, derrotaron a Andrónico Rodríguez, quien otrora fuera su delfín. Se
vengó de la insubordinación de este, pero al mismo tiempo prácticamente eliminó
a la izquierda boliviana del mapa.
En
la campaña electoral, Paz no habló mucho de la expresidenta Jeanine Añez,
acusada principal de las masacres de Sacaba y Senkata en noviembre de 2019,
porque esto hubiera provocado una reacción en El Alto, la ciudad plebeya que le
dio la victoria. Sin embargo,
tras las elecciones, el Poder Judicial, como siempre pasa en Bolivia, dio una
señal de subordinación
al poder político y liberó
a Añez anulando la sentencia de diez años
que purgaba en un penal de La Paz; además, todo esto
justo a tiempo para que asistiera a la investidura. Paz, por cierto, no se
opuso ni a la liberación ni a que asistiera al acto.
También
se había comprometido a no acudir al Fondo Monetario Internacional (FMI), pero
pocos días después de ganar las elecciones viajó a Estados Unidos y se reunió
con personeros del gobierno de Trump y, el lector ya habrá adivinado, del FMI.
Para
más inri, su gabinete no proviene del bloque social que impulsó a Lara y que
finalmente les dio la victoria electoral, sino de la élite blanca empresarial y
tecnocrática pre-MAS. En este momento no es posible cuantificar la inquietud
que esto causará entre los sectores excluidos.
¿Revancha?
La
contradicción es nítida: un presidente con un discurso antimasista y
antiizquierdista de manual (“la ideología no se come”, vociferó en su jura) y
un vicepresidente que denuncia a ciertos poderes y simboliza al pueblo.
El
presidente ha hablado de “hacer justicia” con los del MAS, de “no permitir que
la traición quede impune”. El vicepresidente ha dicho “no discriminaremos”,
“las organizaciones sociales serán bienvenidas”.
Estamos
ante un águila bifronte. Ahora toca ver cuál de los dos rostros dominará: el de
la continuidad con renovación o el de la restauración; el de la pacificación o
el de la revancha. Por supuesto, Paz es quien detenta el poder formal y por eso
marcará el ritmo del nuevo Ejecutivo. Lara podría apelar a sus bases, pero es
incierto que se atreva a hacerlo o, en cambio, prefiera adaptarse, resignado,
al “nuevo tiempo”.
EXPEDIENTE
CONFIDENCIAL / PAZ EN BOLIVIA
El
Sol de Tijuana, México (https://acortar.link/pOB4TJ)
Si
alguien quiere saber cómo acabará México cuando Morena se haya llevado todo el
dinero y hasta su trasero, basta con que voltee a ver a Bolivia, donde el
pasado sábado, tras veinte años del Movimiento al Socialismo, el MAS, asumió un
presidente decente: Rodrigo Paz.
El
MAS se devoró, literalmente, a Bolivia. Esa banda socialista capitaneada por
Evo Morales, primero, y Luis Arce, sucesor y enemigo después, saqueó al país
andino, lo dejó famélico.
Paz
tuvo un discurso de investidura puntual y directo. A los socialistas que se
apoderaron del poder por casi dos décadas, les espetó: “Nos dejan con la peor
crisis en cuarenta años, una deuda de 40 mil millones de dólares, mercados
vacíos y salarios insuficientes”.
Y
dejó claro que no habrá olvido y menos perdón: “Nos traicionaron, y la traición
se paga en Bolivia, porque es el precio que recae sobre los más humildes. Y
nosotros defenderemos a los más humildes”.
“¿Qué
carajos hicieron con tanta bonanza? ¿Dónde está el bendito mar de gas que nos
prometieron? “¿Dónde está el mar de gas? ¿Dónde está el litio?”, cuestionó.
Todas
esas preguntas encuentran respuesta en un dato que dio Paz ayer: el MAS se
gastó ¡100 mil millones de dólares! Primero, se acabó 60 mil millones
procedentes de la venta de gas. Luego, pidieron prestados otros 40 mil millones
que, por supuesto, no pagaron.
“La
platita tiene que ser para hospitales, para colegios, para el trabajo y no para
la farra de políticos”, agregó el mandatario en su mensaje.
La
herencia del MAS es devastadora: reservas internacionales en su punto más bajo
en 30 años, déficit fiscal superior a 10 mil millones de dólares y empresas
públicas hundidas. Haga de cuenta un lopezportillato corregido y aumentado en
versión sudamericana.
El
cuadro más emblemático de esa insolvencia en la que dejó el MAS a Bolivia tiene
su tristísima acuarela en las filas de vehículos que intentan, por horas,
cargar gasolina, porque no hay. Como en Cuba. No cabe duda que el virus
socialista siempre deja los mismos síntomas donde infecta.
Paz
ha prometido que el abasto de combustibles se regularizará paulatinamente.
Y
resumió la lección aprendida por los bolivianos, a la mala, en una frase: “La
ideología no te da de comer. Lo que te da de comer es el empleo, la producción,
el crecimiento”.
El
final del socialismo siempre es el mismo, por más que ahora existan muchos
medios, ‘influencers’ y “periodistas”, queriendo vendernos una realidad
inexistente. Pero el socialismo nunca, jamás, tiene un final feliz.
El
camino siempre es el mismo: siembra rencor en las capas más empobrecidas de la
sociedad, prometiendo ser su “justiciero” y “repartir mejor la riqueza”. En
realidad, nunca hace eso. La riqueza es para la nomenklatura socialista y a los
pobres les dan migajas con las que compran sus votos. Cuando se acaban esas
migajas, la gente reacciona, pero ya es tarde: es porque se acabó todo y esos
vivales se largan.
A
Bolivia la saquearon los socialistas como el prófugo de Evo y su compinche
Mesa, junto a sus socios internacionales. Cuando le sacaron todo el jugo a la
naranja y quedó una cáscara amarga, se largaron esos socios, Evo huyó a la
montaña y Mesa, a inicios de semana, llegó al cinismo de afirmar, en uno de sus
últimos mensajes, que el “modelo” del MAS seguía siendo viable, solamente
necesitaban más préstamos. Tantita madre
Los
narcos de cuello blanco, tipo corredores de bolsa, especuladores y banqueros
lava dinero, se fueron de Bolivia cuando tuvieron dos naranjas más jugosas:
Colombia y México. No soltaron Ecuador -al que andan queriendo recuperar el
hampón de Correa y los suyos- y Bolivia porque sí, los soltaron porque ya no
los necesitan, cuando aquí y en tierras colombianas hay carne fresca para esos
lobos.
Sin
ese apoyo, Evo y Mesa se pelearon, y los miembros de su partido, siempre ratas
de alcantarilla, saltaron del barco como lo que son, porque todo político va
donde haya hueso y dinero. El MAS ya no lo tenía, ni lo iba a tener. Ahí fue
cuando se presentó la división, la derrota y la posibilidad de Bolivia de
escapar de sus captores.
Lo
definió el presidente Paz de forma impecable: “Se acabó el secuestro; Bolivia
vuelve a nacer”.
Y
si, se acabó el secuestro del pueblo boliviano, pero el de México apenas
comienza. Quién sabe si acabe y cuándo y cómo acabe
OLIMPIA:
Peligroso que la presidenta haya amagado al diario Reforma, de línea crítica a
Morena, con aplicarle la Ley Olimpia por haber publicado las imágenes del acoso
que vivió en días pasados al caminar por la calle, cuando esas imágenes fueron
divulgadas por muchos medios ¿Por qué, entonces, solamente el reclamo a
Reforma? Sheinbaum exigió una disculpa y Reforma se la tuvo que dar ante ese
amago. Peligrosísimo, porque demuestra que las leyes creadas para proteger a
las mujeres de la violencia, están siendo usadas, una y otra vez, incluso
contra otras mujeres (ahí está Karla Estrella), para silenciar a medios,
periodistas y ciudadan@s crític@s del morenismo. Mientras, las mujeres que
viven en el mundo real y no en un palacio, siguen sin ver claro eso del
“llegamos todas”. Pues todas las morenistas será. Para muestra, un terrible
botón: Kimberly Hilary Moya González ¿Dónde está?
BOLIVIA.
EL UNIFORME Y LA PATRIA HERIDA
Pressenza
de Italia (https://n9.cl/pyh90)
En
Bolivia el poder vuelve a jurar rodeado de símbolos que dividen más que unen.
El vicepresidente Edmand Lara, ex capitán de la policía, ha decidido asumir su
cargo vestido con uniforme de gala, y este no es un detalle menor.
En
un país donde las heridas entre militares, pueblos originarios y movimientos
sociales siguen abiertas, ese uniforme no representa solo una trayectoria
personal sino un mensaje político. El gesto resume un clima que atraviesa buena
parte del continente, donde las botas vuelven a sonar más fuerte que las
palabras.
Lara
sabe lo que hace.
Conoce
el peso del símbolo y la historia de los uniformes en Bolivia. El país ha
vivido golpes, dictaduras y masacres en nombre del orden. Por eso, aparecer con
una chaqueta verde y condecoraciones no es una simple elección estética y sí es
una declaración de fuerza en un tiempo donde la legitimidad política se mide
más por la capacidad de control que por la confianza ciudadana.
El
mensaje detrás del traje
Bolivia
no está bien, pero las botas a través de su historia no han arreglado a
Bolivia. Los índices de pobreza suben, la minería se estanca, las exportaciones
de gas se reducen y el descontento social se expande desde El Alto hasta Santa
Cruz. La economía informal sostiene a más del 70% de la población.
El
racismo, la corrupción y el desencanto con la política son parte del paisaje
diario. En ese contexto, un vicepresidente vestido de militar es un
recordatorio de quién tiene realmente el poder y el mensaje es claro. El poder
no está en el voto sino en la disciplina, no en la palabra sino en la orden.
Para
los pueblos indígenas que protagonizaron la historia reciente del país, esa
imagen es un retroceso. Evoca las décadas en que las comunidades eran tratadas
como amenaza interna. El uniforme que hoy luce Lara se parece demasiado al que
entraba a las minas, a las aldeas y a las universidades con balas y no con
diálogo. El poder que no escucha vuelve a uniformarse.
Un
país en disputa
Bolivia
es un país fracturado. La tensión entre regiones, entre clases, entre visiones
de país, ha regresado con fuerza. El nuevo gobierno intenta mostrarse como
moderado y pragmático, pero el tono del vicepresidente indica otra dirección.
El discurso del orden se impone sobre el de la inclusión. La democracia vuelve
a tener miedo de sus propios ciudadanos. En este escenario, Estados Unidos
observa…
Trump
tiene una visión clara del hemisferio. En su mapa geopolítico, Bolivia no es un
socio ni un aliado: es una ficha. Un territorio con litio, gas y reservas de
agua. Un país pequeño en poder militar pero grande en recursos estratégicos.
La
imagen de un vicepresidente uniformado no pasa inadvertida en Washington. Habla
de control interno, de estabilidad autoritaria y de un posible alineamiento con
la agenda de seguridad continental que posiblemente busca frenar la influencia
de China y Rusia en América del Sur.
La
guerra invisible
La
nueva política de seguridad en Bolivia se disfraza de modernización
institucional. Pero detrás de ese discurso asoma la vieja doctrina del enemigo
interno. Lara jura su cargo con uniforme porque necesita representar poder,
porque el país carece de rumbo económico y porque el gobierno necesita mostrar
firmeza ante una población agotada. No hay política social sin autoridad,
repite el discurso oficial, pero en Bolivia esa frase tiene historia de sangre.
El
verdadero desafío del nuevo gobierno no será mantener el orden sino reconstruir
la confianza. Las comunidades originarias, los sindicatos mineros y los jóvenes
urbanos no quieren guerra, quieren oportunidades. El riesgo es que el gobierno
confunda silencio con paz. Los uniformes imponen silencio, pero no generan
justicia. Cada vez que la autoridad decide vestirse de guerra, el pueblo
recuerda que la democracia también puede morir de uniformidad.
El
poder de la forma
Un
uniforme no se elige al azar. Es una piel política. Lara se viste de verde
olivo para mostrar que el poder civil puede mimetizarse con el poder armado.
Para muchos ciudadanos ese gesto significa orgullo y disciplina. Para otros es
una advertencia. En sociedades heridas por la violencia, la forma es fondo.
Y
cuando el fondo es la incertidumbre, los símbolos se vuelven más peligrosos que
las palabras. El nuevo gobierno tiene la oportunidad de demostrar que su
promesa de estabilidad no significa represión. Pero la señal inaugural no es
alentadora. Bolivia necesita modernidad, transparencia, educación y soberanía
tecnológica, no un desfile militar en el Palacio Quemado.
El
país requiere un liderazgo civil capaz de unir a una nación cansada de ser
laboratorio de poder ajeno. El uniforme de Lara no simboliza unidad, sino
mando.
Entre
el pasado y el futuro
Los
pueblos que han sufrido represión no olvidan los colores de quien los oprimió.
Por eso, un vicepresidente vestido de militar no representa renovación sino
nostalgia autoritaria. Bolivia tiene derecho a reinventarse, pero no bajo el
peso de las botas. Cada generación debe elegir qué imagen quiere dejarle a la
siguiente.
Si
la primera imagen de un nuevo gobierno es un uniforme, la democracia comienza
coja. El mundo mira con atención. Trump y los halcones de Washington ven en ese
uniforme una señal de orden. Los pueblos latinoamericanos lo miran como una
advertencia. El continente sabe lo que viene cuando los civiles se disfrazan de
soldados. Bolivia puede resistir otra crisis económica, pero no otra crisis
moral. La democracia no necesita uniforme, necesita conciencia.
Y
la verdadera patria no se viste de guerra, se viste de pueblo…
UN
ALIADO PARA MILEI: SINTONÍA CON EL PRESIDENTE DE BOLIVIA
AAAJ
de Argentina (https://n9.cl/gjec3)
En
la Casa Rosada se celebró la llegada de Paz Pereira como una oportunidad
política y simbólica. Desde su asunción en diciembre de 2023, Milei se movió en
soledad dentro de un continente dominado por gobiernos progresistas o de
centroizquierda. En el Mercosur, el libertario convivió con las diferencias
ideológicas que mantiene con Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil y Yamandú Orsi
en Uruguay, y con una relación casi nula con el exmandatario boliviano Luis
Arce.
La
victoria del líder demócrata cristiano en Bolivia cambia ese mapa. Para Milei,
se trata de un aliado potencial en la construcción de un nuevo eje regional
liberal, junto a figuras como el ecuatoriano Daniel Noboa y el paraguayo
Santiago Peña. Fuentes de la Cancillería argentina definieron el momento como
una “reconfiguración de afinidades políticas” en América del Sur.
Durante
la ceremonia en La Paz, Milei y Paz Pereira compartieron un breve diálogo en el
que intercambiaron elogios y coincidencias. “Yo sé lo que estás recibiendo, te
lo puedo decir por experiencia propia”, le dijo Milei al flamante mandatario,
en alusión a la crisis económica heredada en ambos países. Paz Pereira
respondió con humor: “Somos buenos para recibir consejos”. La escena fue
celebrada por los equipos diplomáticos como una muestra de empatía política
inmediata.
Una
agenda común
Tanto
Milei como Paz Pereira insisten en un diagnóstico económico similar: un Estado
sobredimensionado, un aparato burocrático paralizado y la necesidad de atraer
inversiones privadas para reactivar la producción. Ambos plantean que la salida
de la crisis requiere reformas estructurales y un rediseño profundo de la
relación entre Estado y mercado.
El
presidente boliviano anunció una serie de medidas que buscan reorientar el
rumbo económico del país: reducción gradual de subsidios a los combustibles,
eliminación de trabas burocráticas, disminución de impuestos y formalización de
la economía informal, que representa más del 60% de la actividad en Bolivia.
Además, confirmó un acuerdo con la Corporación Andina de Fomento (CAF) por 3100
millones de dólares para impulsar la recuperación económica y fortalecer la
infraestructura.
UNA
NUEVA ERA EN BOLIVIA: ¿QUÉ DESAFÍOS ENFRENTA EL MANDATO DE RODRIGO PAZ?
El
nuevo presidente boliviano hereda un país sumido en la escasez de dólares,
combustibles y confianza, tras dos décadas de gobiernos del MAS. El mayor reto:
estabilizar la economía sin romper el delicado equilibrio político.
Mundiario
de España (https://n9.cl/jnsow)
Rodrigo
Paz Pereira asumió este sábado la Presidencia de Bolivia con el compromiso de
“recuperar la patria” y con la difícil tarea de enfrentar una crisis económica
que el propio mandatario calificó como la más grave en 40 años. En su primer
discurso, el líder de centroderecha prometió iniciar una “nueva era” para el
país andino, tras dos décadas de gobiernos dominados por el Movimiento al
Socialismo (MAS), marcadas por el auge y posterior caída meteórica del modelo
estatalista.
El
acto de posesión, cargado de simbolismo, mostró la urgencia del momento:
mientras Paz hablaba, la televisión dividía la pantalla para mostrar la entrada
de camiones cisterna con gasolina y diésel, en un intento de mitigar el
desabastecimiento que ha paralizado sectores enteros del país. La escena buscó
transmitir una imagen de acción inmediata frente a una crisis que afecta a
todos los hogares bolivianos.
El
nuevo presidente asume con un panorama complejo. Bolivia sufre una escasez de
dólares que ha disparado el precio de bienes y servicios, mientras las reservas
internacionales se encuentran en niveles mínimos. El déficit fiscal supera el 8
% del PIB, y las exportaciones de gas —fuente central de ingresos durante los
años del “boom”— se han desplomado, reduciendo drásticamente el margen de
maniobra del Estado.
La
crisis energética, visible en las largas filas para conseguir combustible, es
apenas un síntoma de un deterioro más profundo. Empresas e importadores
enfrentan serias dificultades para acceder a divisas, y el país ha registrado
su primera recesión desde 1986, con una contracción del 2,4 % en el primer
semestre del año.
“Basta
de ideologías que no te dan de comer”
En
un discurso breve, enérgico y dirigido directamente a la población, Paz no dudó
en responsabilizar a los expresidentes Evo Morales y Luis Arce por lo que llamó
“la devastación de la economía nacional”. “¿Dónde está el mar de gas que
prometieron? ¿Dónde está el litio?”, lanzó desde el estrado, evocando las
promesas incumplidas de industrialización y prosperidad del MAS.
El
nuevo mandatario acusó a los gobiernos anteriores de “malgastar 60.000 millones
de dólares” provenientes de la nacionalización del gas y de haber “secuestrado
la voluntad del pueblo con ideologías que no te dan de comer”. Su propuesta,
resumida en la consigna de “capitalismo popular”, busca dinamizar la economía
formal mediante créditos accesibles, reducción de aranceles e incentivos a la
inversión privada, sin renunciar al gasto social.
Paz
llega al poder tras forjar alianzas amplias en el Parlamento, lo que le
permitió asegurar mayorías en ambas cámaras y dar una señal de estabilidad
política. El nuevo presidente apuesta por un “gran pacto nacional” que le
permita avanzar en las reformas económicas y en la reducción del tamaño del
Estado, al que calificó de “obeso y trancado”.
El
mandatario subrayó que su gobierno buscará reconciliación, pero no impunidad.
“Van a responder a la patria”, dijo en alusión a los exmandatarios del MAS,
aunque evitó mencionar posibles medidas judiciales.
Un
escenario político redefinido
La
asunción de Paz marca un punto de inflexión en la política boliviana. La
ausencia de Evo Morales y Luis Arce en la ceremonia simbolizó el fin de un
ciclo. En contraste, la liberación reciente de la expresidenta Jeanine Áñez
—presa durante casi cinco años— y su presencia en la ceremonia reflejaron la
intención del nuevo gobierno de cerrar heridas del pasado reciente.
El
evento contó con una amplia representación internacional, desde mandatarios
sudamericanos como Javier Milei y Gabriel Boric hasta el enviado de Estados
Unidos, Christopher Landau, y delegaciones de la Unión Europea y China. La
pluralidad de invitados sugiere que Paz busca reposicionar a Bolivia en el
tablero diplomático regional, bajo el lema “Bolivia vuelve al mundo y el mundo
vuelve a Bolivia”.
El
margen de maniobra del nuevo gobierno será estrecho. Resolver la escasez de
combustibles y dólares requerirá medidas urgentes que podrían poner a prueba su
promesa de no acudir al Fondo Monetario Internacional. “No voy a pedir plata al
FMI. En Bolivia, si no roban, alcanza”, reiteró Paz en su discurso, apelando a
la austeridad administrativa y al combate a la corrupción como pilares de su
gestión.
Mientras
tanto, la población espera resultados concretos. La inflación, aunque moderada,
presiona el coste de vida, y las reservas energéticas del país están en niveles
críticos. La estabilidad política dependerá en buena medida de la rapidez con
que el gobierno logre aliviar la escasez y recuperar la confianza de los
mercados.
Rodrigo
Paz inicia su mandato con el reto de demostrar que el cambio político puede
traducirse en recuperación económica. Su apuesta por un modelo de mercado con
rostro social pretende marcar distancia tanto del intervencionismo del MAS como
del neoliberalismo clásico.
En
un país marcado por la polarización y la fragilidad institucional, su promesa
de reconciliación nacional y eficiencia económica será puesta a prueba desde el
primer día. La “nueva Bolivia” que Paz promete empieza bajo la sombra de una
crisis, pero también con la expectativa de un nuevo rumbo tras dos décadas de
hegemonía política.
BOLIVIA,
DEL MIEDO AL MAS A LA RECONSTRUCCIÓN DE LA REPÚBLICA
El
desafío más importante de Rodrigo Paz es mantener todo el sistema criminal que
Cuba y Venezuela han montado en Bolivia, u optar por restituir los elementos
centrales de la democracia
Panam
Post de Panamá (https://n9.cl/vy38aa)
Bolivia
arrancó la primera semana de noviembre 2025 con dos hitos muy importantes: 1)
un renovado parlamento y 2) un nuevo poder ejecutivo a cargo de Rodrigo Paz.
Llegamos a este punto después de un intento de permanencia indefinida en el
poder por parte del cocalero Morales; de un gobierno de transición fallado de
Jeanine Añez; de una desastrosa gestión de Arce Catacora, y de unas elecciones
inéditas, que incluían una segunda vuelta.
«El
voto útil» o «es lo menos malo» eran opciones sostenidas en el miedo al
masismo. Después de todo, las personas aterradas siempre claman por salvadores.
Sin embargo, esa etapa ya quedó atrás. De hecho, intentar sostener esa
narrativa, en especial, en sectores urbanos de clase media y media alta, fue
una de las causas del fracaso de Tuto Quiroga en el balotaje del 18 de octubre.
Rodrigo
Paz, que arrancó la campaña muy atrás en las encuestas, resultó ganador de
ambas rondas electorales. Pero, más que ganar el proceso eleccionario, su
desafío más importante es otro: mantener todo el sistema criminal que Cuba y
Venezuela han montado en Bolivia, u optar por restituir los elementos centrales
de la democracia. Al respecto, Carlos Sánchez Berzain, en una entrevista a
Infobae, afirma: La causa de la crisis en Bolivia es la destrucción
institucional a partir de la constitución del estado plurinacional y todos los
atropellos que eso genera. Que la crisis económica, la ausencia de dólar, el
vaciamiento de los recursos del estado, el entreguismo de los recursos
naturales, el hecho de que Bolivia sea un narcoestado, el hecho de que Bolivia
sea una base de Irán y de Cuba, la falta de diésel y gasolina, el camino de la
pobreza, la miseria. Todo eso está determinado por un sistema que hay que
eliminar recuperando la república. Y entonces se puede hablar de política
económica. Y la política económica obviamente está marcada por el rumbo del
mundo, que quiere decir respeto a la propiedad privada, inversión, tecnología,
capacidad de los bolivianos que la tienen, transparencia, lucha contra la
corrupción y obviamente alejarse del narcotráfico y del narcoestado.
Es
decir, el presidente Rodrigo Paz puede ser aquel hombre que recupere la
republica o, simplemente, el cuarto jefe del narcoestado. Esa decisión está en
sus manos, pero también se requiere mucha responsabilidad ciudadana, pues la
ciudadanía tiene una enorme tarea pendiente: reconstruir los partidos
políticos.
Los
partidos políticos son importantes por tres cosas: 1) doctrina y educación
política, remedio contra la improvisación, la compra de candidaturas y el
transfugio, 2) oferta de políticas públicas y modelo de gestión del Estado,
cosas hoy ausentes en frentes como LIBRE o Comunidad Ciudadana, y 3)
representación ante el poder, elemento fundamental para frenar las ambiciones
totalitarias.
Por
azares del destino, y su propia pelea interna, el MAS dejó el poder luego de 20
años. Eso nos abrió una oportunidad a quienes aspiramos a la carrera política y
a nuestro proyecto, por cierto, muy ambicioso: poner a Bolivia en la ruta de un
mundo capitalista, globalizado y en revolución tecnológica. En conclusión, es
hora de pasar a la acción.
EL
MAS LE ABRIÓ LA PUERTA A LA DERECHA
Periodismo
de Izquierda de Argentina (https://n9.cl/k0j1a)
Rodrigo
Paz Pereira, de 57 años y senador derechista fue electo presidente de Bolivia
con el 54,55% de los votos, tras una campaña en la que se
presentó como un dirigente moderado y cercano
a la ciudadanía. Hijo del expresidente Jaime Paz
Zamora, su historia combina linaje político, formación
internacional y una vida atravesada por el exilio y la militancia. Formado como
economista y licenciado en Relaciones Internacionales, obtuvo una maestría
en Gestión económica y se
presentó durante toda la campaña
como una alternativa al ultraderechista Jorge Quiroga, y apostó a un mensaje
más moderado, de proximidad con la gente, priorizando el diálogo y la
reconstrucción institucional. Su discurso apeló a una transición ordenada,
capaz de reunir apoyos de distintos sectores, incluso de antiguos votantes del
Movimiento al Socialismo (MAS), que buscaban un cambio sin fracturas radicales.
Con
su elección, Bolivia inicia una nueva etapa en la que Paz promete
reconciliación nacional, crecimiento sostenible y apertura al diálogo, para
hacer pasar el ajuste antipopular que inevitablemente intentará aplicar.La
elección marca, además, el punto final de dos décadas de gobierno del MAS,
liderado por Evo Morales y ratifica una vez más, que la impotencia de los
progresismos le abre la puerta a la derecha.
El
resultado expresa un rechazo no solo al Movimiento al Socialismo (MAS) y al
gobierno de Arce (sucesor de Morales), sino también a los viejos personeros
neoliberales. Ese rechazo se expresó impulsando la figura del capitán Lara,
elegido vicepresidente, un excapitán que fue despedido de la policía, y dado de
baja por denunciar casos de corrupción de los altos mandos. Eso le granjeó
simpatías populares porque se transita un momento en el que el grueso de la
población tiene una profunda desconfianza del aparato judicial y de los
aparatos represivos del Estado como la policía y las fuerzas armadas. Lara
logró capitalizar ese descontento popular no solo con el gobierno, sino con las
formaciones de la vieja derecha.
Además,
la campaña electoral que llevaron adelante Paz y Lara tuvo algunas
particularidades que vale la pena mencionar: Primero, el centro de su campaña
no estuvo en el ajuste que prometen todas las fórmulas de la derecha de América
latina. Es decir, aunque evidentemente tuvieron que referirse a que hay que
hacer reforma del Estado, que hay que achicar el Estado, etcétera, lo cierto es
que para lograr el apoyo de vastos sectores populares, particularmente en el
altiplano, lo tuvieron que hacer sobre la base de prometer aumentos salariales,
aumentos de jubilación y el mantenimiento de los bonos que fueron instaurados
por el Evismo, los bonos sociales, promesas que más temprano que tarde
incumplirán inexorablemente producto de la crisis de la economía boliviana.Segundo,
hicieron una campaña más conservadora y menos renovadora, diciendo vamos a
preservar esto, vamos a preservar lo otro, lo cual hay que ver que pasara si no
lo cumple.
Tercero
y este es un dato interesante, mientras prácticamente todos los candidatos
apostaron a las redes sociales como mecanismo para potenciar la campaña
electoral, Rodrigo Paz, apostó a prescindir de las redes y a concentrar su
campaña en un trabajo territorial, de buscar acuerdos, de hablar de manera
directa con las comunidades campesinas y los sectores populares del
altiplano.Mientras todo el mundo estaba apostando a las redes sociales, la
formula electa apostó a algo que era la vieja forma de hacer política, ir a
buscar el contacto directo, hombre a hombre, persona con persona y tratar de
ver qué acuerdos se pueden hacer, qué promesas se pueden hacer y a partir de
ahí logró conquistar gran parte de la base electoral del MAS. Y podríamos
agregar un último elemento para poder explicar el triunfo de Paz y de Lara. Uno
o dos días antes de las elecciones, Evo Morales en una reunión de dirigentes de
su fracción en el Chapare y ante las dudas que formulaban varios dirigentes de
votar nulo, Evo presionado respondió planteando que, si uno no quería votar
nulo, podía votar por el capitán Lara que iba a hacer campaña contra la
corrupción, etcétera.
Las
elecciones mostraron la crisis profunda del proyecto político de Evo Morales,
que en su momento generó muchas discusiones, mucha polémica en la izquierda.
Después de 20 años de sucesivos gobiernos del MAS, incluyendo en el medio una
crisis nunca del todo aclarada en el 2019 se llega a esta crisis.
La
hegemonía del MAS estuvo ya fuertemente cuestionada desde el golpe del 2019. La
crisis se abrió con la guerra del agua y una serie de levantamientos nacionales
que se prolongaron durante años y se cerró también con las acciones callejeras,
en este caso de las fuerzas armadas y las policías en noviembre del 2019.
Ya
esos acontecimientos pusieron de relieve el fracaso del proyecto progresista.
Es decir, en un inicio, estamos hablando de hace dos décadas atrás, tanto
Álvaro García Linera, Evo Morales, y todo el estado mayor del Movimiento al
Socialismo de ese momento, afirmaban como objetivo político avanzar en la
superación de taras históricas de la sociedad boliviana, como era la exclusión
de la participación política y de la participación en el aparato estatal de
grandes mayorías indígenas, principalmente Aimaras, Quechuas y Tupi-guaraníes.
Entonces el proyecto del Estado Mayor del MAS era ir avanzando en una serie de
reformas constitucionales, institucionales, de carácter democrático inclusivo,
que permitieran ir superando todo esto, como por ejemplo, el racismo orgánico
estructural que vive y que tiene la sociedad boliviana.
El
2019 puso de relieve que todos esos objetivos no solo no se habían cumplido,
sino que estaban lejísimos de cumplirse. Por el contrario, se profundizó un
proyecto crecientemente autoritario de la mano del gobierno de Arce, que fue
barriendo y desmontando las concesiones democráticas que se fueron
estableciendo en los 20 años anteriores. Tampoco funcionó la lógica de
convencer a las clases dominantes de ser más solidarios. Tanto Arce, como antes
Morales basaron toda la política nacional en un intento de llegar a acuerdos y
consensos con los sectores agroindustriales mineros para estas reformas.
La
crisis del MAS se hizo aún más explicita cuando Arce y Morales se enfrentaron
fuertemente por el liderazgo de un partido ya francamente en retroceso y
enfrentado con numerosos sectores populares. Estas razones son algunas de las
que nos permiten explicar el triunfo de Paz y Lara apoyados en la base
electoral fundamentalmente del MAS.
El
Nuevo Gobierno enfrenta un escenario complicado. Hay una crisis económica que
no ofrece salidas en el marco del capitalismo boliviano, una inflación que está
cada vez creciendo más y una situación en la que los sectores populares
continúan agitándose. No estamos hablando de sectores populares que vienen de
derrotas sistemáticas o que vienen de sufrir grandes derrotas, sino todo lo
contrario. Hablamos de un movimiento de masas que superó la crisis del 2019 y
es ese movimiento de masas el que está empezando a movilizarse nuevamente hoy
producto de la crisis económica y de la crisis política. Ese movimiento de
masas es el que le dio gran parte de la votación a Paz y Lara. Entonces, eso es
un problema, es una contradicción que el nuevo gobierno tendrá que enfrentar
porque es muy difícil llevar adelante un plan de ajuste contra una base social
que acaba de llevarlo al gobierno sobre la base de promesas electorales que no
va a poder cumplir.
Por
eso es que en este escenario es indispensable el reagrupamiento y organización
de los revolucionarios para dar una pelea definitiva al capitalismo boliviano,
la construcción de una alternativa de clase, revolucionaria, anticapitalista y
socialista es imperiosa en Bolivia, y desde la Liga Internacional Socialista
comprometemos nuestros esfuerzos detrás de ese objetivo impostergable.
LA
URGENCIA E IMPORTANCIA DE DESMONTAR EL NARCOESTADO EN BOLIVIA
El
país es área de protección de narcotraficantes y terroristas; operan en el
territorio carteles y grupos mafiosos de todo el mundo
Infobae
de Argentina (https://n9.cl/seweq)
Por
Carlos Sánchez Berzain.- El establecimiento y soporte de las dictaduras del
socialismo del siglo 21 en las Américas ha convertido a Cuba, Venezuela,
Nicaragua y Bolivia en narcoestados y la mayor amenaza contra la vida y la
seguridad de las democracias. La suplantación de la política por el
narcotráfico avanza buscando la creación de una subcultura para legitimar y
legalizar el crimen. En los últimos 22 años Bolivia pasó de ser el país más
eficiente y exitoso en la lucha contra el narcotráfico a un narcoestado que
urge desmontar por interés de la región y del mundo.
Penetrada
por el narcotráfico Bolivia recuperó la democracia el 10 de octubre de 1982 con
la presidencia de Hernán Siles Suazo, pero fue el 19 de julio de 1988 que el
presidente Víctor Paz Estenssoro promulgó la “Ley del régimen de la coca y
sustancias controladas” o “Ley 1008” en la que se establecen los cuatro
elementos de esta política: “la prevención, la erradicación de coca ilegal, la
interdicción y el desarrollo alternativo”. Esta ley y su aplicación se
convirtieron el “Política de Estado”.
En
Agosto de 1993 Bolivia tenía alrededor de 60.000 hectáreas de cultivos de coca
ilegal base de la producción de la cocaína; la zona del trópico de Cochabamba o
Chapare era una zona bajo control de los cultivadores ilegales de coca bajo
mando de Evo Morales sobre la que el Estado había perdido control; la política
se veía afectada por las acusaciones de narco vínculos. Diez años después, en
Octubre de 2003 -cuando se produjo el golpe de estado- Bolivia tenía solo 3.000
hectáreas de coca ilegal. La política de “coca ilegal cero” había dejado al
narcotráfico sin materia prima. El narcoestado ha llevado a Bolivia a tener hoy
alrededor de 100.000 hectáreas de coca ilegal.
El
17 de Octubre de 2003 derrocaron al presidente Sánchez de Lozada quien había
venido advirtiendo públicamente que las reiteradas conspiraciones e intentos de
golpe de estado y de asesinato en su contra estaban dirigidos a la construcción
de una “dictadura/narcoestado”. Al día siguiente del derrocamiento, Carlos
Mesa, el vicepresidente felón devenido en presidente, Evo Morales y los
conspiradores, se reunieron en El Alto y aprobaron la “Agenda de Octubre”
estableciendo su programa: “asamblea constituyente, nacionalización del gas,
protección del cultivo de la coca, enjuiciamiento de los derrocados…y más”.
Con
el golpe del 17 de octubre de 2003 empezó la construcción de la
dictadura/narcoestado, que avanzó cuando Evo Morales desconoció los convenios
internacionales antinarcóticos el 2008 expulsando a la DEA y al Embajador de
Estados Unidos, que se institucionalizó cuando suplantaron la Constitución de
la República por el estado plurinacional, y se consolidó con la “ley general de
la coca” 906 de 8 de marzo de 2017 que suplanta la ley 1008.
El
gobierno de este narcoestado -con leyes que institucionalizan la protección al
narcotráfico y al terrorismo- es el que ha sido entregado al presidente Rodrigo
Paz Pereira. La Bolivia que recibe Paz es un narcoestado plurinacional con
constitución, leyes y estructura diseñados y operando para la promoción y
protección del crimen, el narcotráfico, el terrorismo y la impunidad. Hasta
aquí ha salido el dictador pero no la dictadura. El presidente Rodrigo Paz
asumió el gobierno pero no tiene aún el poder que permanece en manos de la
dictadura/narcoestado.
La
realidad objetiva es gravísima. Evo Morales y su grupo delictivo controlan como
zona libre para el narco el trópico de Cochabamba, el país es área de
protección de narcotraficantes y terroristas, operan en el territorio carteles
y grupos mafiosos de todo el mundo, el grupo más importante de productores de
coca y de cocaína tiene condición de partido político -el Movimiento al
socialismo MAS- que controla la mayor parte de los municipios y gobernaciones
del país, el sistema de justicia depende del régimen que instaló el
narcoestado, los narcotraficantes que han tenido funciones públicas empezando
por Evo Morales gozan de impunidad, el crimen está sindicalizado, y más.
El
desmontaje del narcoestado debe seguir los tres pasos imprescindibles de la
transición de la dictadura a la democracia: 1.- eliminar la estructura jurídica
del narcoestado; 2.- no impunidad, procesando, capturando y extraditando a los
narcotraficantes y narco vinculados empezando por Evo Morales; y 3.- ilegalizar
los instrumentos que el narcotráfico usa para ser parte de la política, como el
MAS y organizaciones denominadas sociales o sindicales del sistema narco.
La
ejecución de estos tres ejes solo es posible con el respaldo del pueblo que hoy
existe, con autoridades competentes, con una Fuerza Especial de Lucha contra el
Narcotráfico idónea, y la imprescindible cooperación internacional que supone
el retorno de la DEA en los términos y alcances de los convenios vigentes hasta
2008 desconocidos por Evo Morales. Bolivia sabe cómo luchar y derrotar al
narcotráfico, ya lo hizo entre 1993 y 2003 y fue modelo para las Américas.
PERÚ
DICE QUE EL GOBIERNO DE RODRIGO PAZ «MARCA FIN DE AÑOS DE SOCIALISMO Y
OSCURANTISMO» EN BOLIVIA
Agencia
EFE de España (https://n9.cl/3a6u0)
El
primer ministro de Perú, Ernesto Álvarez, afirmó que el Gobierno del flamante
presidente boliviano, Rodrigo Paz, marca «el fin de los años de socialismo y
oscurantismo en Bolivia», país con el que espera fortalecer las relaciones
bilaterales.
«Hemos
tenido la oportunidad de presenciar la juramentación del presidente (Paz) que
marca una etapa de inicio de la democracia y del fin de los años de socialismo
y oscurantismo en Bolivia», señaló Álvarez en un video difundido este domingo
por la Presidencia del Consejo de Ministros (PCM).
En
la grabación, el primer ministro peruano aparece en un salón del Palacio
Quemado, en La Paz, donde indica que queda «la sede del gobierno histórico de
Bolivia».
«Abrazamos
todos los peruanos al país hermano de Bolivia y le deseamos éxitos en la
gestión de su nuevo presidente», agregó Álvarez, cuyo video finaliza con una
serie de fotografías de las reuniones que sostuvo con Paz y otros asistentes a
la toma de mando en Bolivia.
El
acercamiento entre Perú y el nuevo Gobierno de Bolivia
Este
sábado, Álvarez informó que los gobiernos de Perú y Bolivia realizan
coordinaciones para que en «las próximas semanas» se celebre una cita cumbre
entre los presidentes José Jerí y Rodrigo Paz.
Álvarez
encabezó la representación de Perú en la toma de mando de Paz, con quien
sostuvo una audiencia, acompañado por el vicecanciller peruano, Félix Denegri.
En
la cita, las autoridades de ambos países «coincidieron en reimpulsar las
relaciones bilaterales y elevar el diálogo político al más alto nivel, a fin de
consolidar una agenda de trabajo conjunto» en favor de sus pueblos.
Así
las cosas, la PCM aseguró que la presencia de Álvarez en la investidura de Paz
abre «una etapa de mayor cooperación con Bolivia» y que el Gobierno de Perú «le
desea el mayor de los éxitos en su gestión, reafirma su compromiso con la
relación bilateral y la agenda común en desarrollo e integración fronteriza,
seguridad, facilitación del comercio y conectividad».
OPERACIÓN
“ESCUDO GUARANÍ”: PARAGUAY INTENSIFICA EL CONTROL EN LA ZONA DE FRONTERA
El
gobierno paraguayo lanzó la Operación “Escudo Guaraní”, con más de cuatro mil
efectivos desplegados en las zonas fronterizas con Brasil, Argentina y Bolivia,
para reforzar el combate contra el crimen organizado y el terrorismo en la
región.
La
Voz de Cataratas (https://n9.cl/9dw2p7)
El
gobierno de Paraguay puso en marcha la Operación Escudo Guaraní, un esfuerzo
conjunto para combatir organizaciones criminales transnacionales que operan en
las regiones fronterizas con Brasil, Argentina y Bolivia.
Según
informó el Ministerio de Defensa paraguayo, la operación movilizará alrededor
de cuatro mil efectivos militares, junto a la participación de la Policía
Nacional del Paraguay y la Secretaría Nacional Antidrogas (SENAD).
El
ministro de Defensa, Óscar González, señaló que “diseñamos esta iniciativa
estratégica para reforzar el combate a las amenazas generadas por el crimen
organizado transnacional y por organizaciones terroristas que pueden afectar
nuestra seguridad interna”.
En
la zona de frontera con Brasil, los departamentos de Amambay, Canindeyú y Alto
Paraná serán áreas de alta movilización militar. En la frontera con Argentina,
el despliegue comprenderá los departamentos de Itapúa, Misiones (Paraguay) y
Ñeembucú.
El
anuncio se registra en un contexto donde el país ha considerado a grupos como
Primer Comando da Capital (PCC) y Comando Vermelho (CV) como organizaciones
terroristas, además de la ya existente clasificación del Ejército del Pueblo
Paraguayo (EPP) y sus disidencias como tales.
El
operativo representa un paso significativo en la región de la triple frontera
(Argentina-Brasil-Paraguay), y plantea un nuevo escenario de patrullaje y
control sobre las rutas de paso delictivas, así como un mayor protagonismo de
las autoridades paraguayas en el ámbito de seguridad regional.
AUMENTA
EL USO DE BUQUES MERCANTES PARA EL TRÁFICO DE COCAÍNA, ADVIERTEN AUTORIDADES
MARÍTIMAS
América
del Sur sería el epicentro del contrabando por lo que se recomienda reforzar
controles portuarios.
Mundo
Marítimo de Chile (https://n9.cl/2nzwc)
El
último informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito
(UNODC) señala que 2023 fue un año récord para el mercado mundial de la
cocaína. La producción alcanzó unas 3.708 toneladas, un incremento de
aproximadamente un tercio respecto al año anterior, impulsado principalmente
por la expansión de los cultivos ilícitos de hoja de coca en Colombia. En
contraste, la superficie cultivada en Bolivia se mantuvo estable y Perú
registró una ligera reducción.
De
acuerdo con el informe revisado por Gard, los principales flujos de tráfico de
cocaína continúan saliendo de los países andinos hacia América del Norte y
Europa, tanto de forma directa como a través de África Occidental y Central.
Sin embargo, la UNODC advierte que el aumento de decomisos y del consumo
detectado mediante análisis de aguas residuales indica un crecimiento
significativo del flujo hacia Europa, superior al observado en Norteamérica,
además de una reciente expansión hacia Asia.
En
contraste con la tendencia de la cocaína, la producción y transporte de opio y
heroína provenientes de Afganistán se mantienen en su nivel más bajo desde
2001. La producción en Myanmar también cayó un 8%. No obstante, el organismo
advierte sobre el riesgo de que los opioides sintéticos, como el fentanilo,
sustituyan parcialmente la heroína, debido a su rápida expansión global.
Buques
comerciales, bajo riesgo creciente
La
UNODC y fuentes como Gard, han alertado sobre el uso creciente de naves
comerciales para el contrabando de drogas, a menudo sin conocimiento de las
tripulaciones. Los narcóticos pueden ocultarse en contenedores —incluso en las
paredes o suelos—, en cargas a granel o adheridos a la estructura externa del
buque.
Autoridades
portuarias han reportado casos de traficantes disfrazados de funcionarios o
estibadores que colocan sellos falsos en contenedores ya inspeccionados.
También se han detectado drogas ocultas por buzos en el timón o casco de las
naves. Estas prácticas suponen riesgos operativos, legales y personales para
las tripulaciones.
Áreas
de alto riesgo y medidas preventivas
Los
principales puntos críticos para el tráfico marítimo de cocaína incluyen
Colombia, Ecuador, Perú, México, Brasil y Venezuela. Cambios en las rutas o
intensificación de las operaciones militares antidrogas pueden desviar las
actividades hacia buques mercantes.
De
acuerdo con el Código Internacional para la Protección de Buques e
Instalaciones Portuarias (ISPS), las navieras y las autoridades portuarias
deben garantizar la seguridad de sus operaciones. Entre las recomendaciones a
los operadores destacan:
• Realizar una evaluación de riesgos
específica antes de ingresar a puertos considerados vulnerables.
• Limitar el acceso al buque y mantener
puntos de entrada controlados.
• Registrar a todas las personas y
paquetes que suban a bordo.
• Mantener vigilancia permanente y
revisar grabaciones de CCTV.
• Iluminar las áreas externas y
adyacentes al buque durante la noche.
• Notificar a las autoridades locales y
al agente portuario ante cualquier actividad sospechosa.
Tras
finalizar las operaciones de carga, se aconseja efectuar una inspección
completa del buque, incluso bajo la línea de flotación, con el apoyo de perros
detectores o equipos de buceo certificados.
Tratamiento
de la tripulación durante investigaciones
El
informe también destaca las preocupaciones sobre el trato a la Gente de Mar
detenida tras hallazgos de drogas a bordo. La Federación Internacional de los
Trabajadores del Transporte (ITF) ha denunciado que, en varios casos, las
tripulaciones son retenidas durante largos periodos, aun cuando no existen
pruebas de su implicación.
En
respuesta, la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y la OMI aprobaron
en noviembre de 2024 unas directrices sobre el trato justo de los marinos
detenidos en conexión con delitos presuntos, basadas en principios de derechos
humanos y debido proceso.
Las
directrices recomiendan a los Estados portuarios evitar detenciones arbitrarias
y facilitar la repatriación sin costos una vez concluida la investigación. Los
Estados de Abanderamiento y armadores deben brindar asistencia legal y asegurar
el cumplimiento de los contratos laborales, mientras que los tripulantes deben
conocer sus derechos y procedimientos de defensa.
Prevención
como estrategia clave
Gard
recuerda que la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz frente al
riesgo de contrabando. Los decomisos de drogas generan demoras prolongadas,
pérdidas financieras, sanciones y daños reputacionales para los armadores,
además de consecuencias psicológicas para los tripulantes.
SIGUE
LLOVIENDO COCAÍNA EN SALTA DESDE AVIONETAS DESECHADAS EN ESTADOS UNIDOS
La
ruta blanca tiene cientos de aeronaves con matrículas recicladas en Bolivia y
pilotos captados por el narcotráfico. Hay un descontrol total en los cielos y
más de 270 pistas ilegales desde las que se filtran grandes cargamentos.
Jujuy
al Momento de Argentina (https://n9.cl/qb5fx)
El
caso de la avioneta siniestrada el martes último en la zona de Horcones,
Rosario de la Frontera, volvió a poner en evidencia el corredor aéreo del
narcotráfico que atraviesa el norte argentino. Dentro de la aeronave, cuya
matrícula boliviana fue intencionalmente raída, se hallaron 136 kilos de
cocaína. Al día siguiente, con información aportada por los primeros dos
detenidos de los cinco que están imputados desde el viernes, se recuperaron
otros 228 kilos. Estaban enterrados en un campo de Antillas, a 70 kilómetros
del potrero donde el Cessna impactó contra un VW Gol que marcaba la pista, tras
un accidentado aterrizaje que terminó con el automóvil destruido y calcinado.
Fue
el segundo siniestro de este tipo en dos años y uno más de una larga lista que
se remonta hasta 2008. El incidente más reciente fue el de otra avioneta que
apareció incendiada en la zona de Misión La Paz, cerca de la frontera de
Rivadavia con Paraguay, sin tripulantes ni rastros del cargamento presumido en
ese frustrado narcovuelo. Lo concreto es que la "lluvia blanca" o
"bombardeo de droga" sigue siendo una constante en el vulnerable
espacio aéreo de Salta.
Las
avionetas con las que se filtran grandes cargamentos de cocaína al país son, en
su inmensa mayoría, aeronaves con más de 30 años de uso importadas desde La
Florida (Estados Unidos) a Santa Cruz de la Sierra. En Bolivia reciclaron sus
matrículas y las adaptaron para cargar hasta 500 kilos de droga. En los últimos
17 años el narcotráfico perdió decenas de aeronaves en el norte argentino, pero
por cada una hay al menos otras diez alistadas para trasponer la frontera de
Salta a baja altura y hacer llover cocaína en fincas situadas al sur de la ruta
nacional 16, límite de su autonomía de combustible. De vez en cuando, alguna
termina siniestrada o incautada en campos de Anta o Rosario de la Frontera por
averías o aterrizajes fallidos en pistas clandestinas.
El
accidente de Horcones no fue el primero ni el último. En noviembre de 2014 otra
avioneta se estrelló en finca San Severo, Anta, luego de arrojar 250 kilos de
cocaína. Aquel vuelo era piloteado por Erick Osman Méndez Donoso, un instructor
boliviano con condena pendiente en su país. Como él, decenas de jóvenes pilotos
formados en 15 academias de Santa Cruz de la Sierra y Trinidad perdieron la
vida o su libertad.
De
registros de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) de Bolivia se
desprende que solo entre 2012 y 2014 el gobierno del vecino autorizó la
importación de más de 200 aeronaves desde La Florida, muchas descartadas en
Estados Unidos con más de 30 años de antigüedad. Más de la mitad de esas
avionetas terminó desviada al narcotráfico y siguen volando con una absoluta
falta de control operacional en aeródromos y pistas clandestinas.
Con
herramientas satelitales, solo en los departamentos de Beni, La Paz, Cochabamba
y Santa Cruz de la Sierra, la Fuerza Especial de Lucha contra el Narcotráfico
(Felcn) geolocalizó entre 2018 y 2023 más de 440 pistas aéreas ilegales. A
muchas se las mostró inutilizadas con detonaciones explosivas, pero aquellas
intervenciones no pasaron de un golpe efectista que aplacó cuestionamientos
internacionales. Hoy Bolivia tiene al menos 270 pistas clandestinas activas
bajo un cielo "convertido en un corredor aéreo de cocaína", como
definió el diario El Deber en un detallado informe periodístico.
Cruces
de los registros de la Dirección General de Aeronáutica Civil (DGAC) de Bolivia
con elementos reunidos en legajos investigativos de la Unidad Fiscal Federal de
Salta y expedientes de los juzgados federales de la jurisdicción relacionados
con la "lluvia blanca", muestran que siete de cada diez
narcoavionetas accidentadas o incautadas en el norte argentino en los últimos
15 años tenían matrículas recicladas en Santa Cruz de la Sierra o Beni. Otras
ingresaron desde Paraguay y una decena fue robada en aeroclubes de distintas
provincias argentinas.
La
desmesurada cantidad de escuelas de pilotos civiles que tiene Santa Cruz de la
Sierra y Trinidad son parte de la trama criminal. Solo en torno al aeropuerto
El Trompillo funcionan actualmente 12 academias en las que se forman decenas de
jóvenes oriundos de Bolivia, Colombia, Perú y Brasil. Los cursos cuestan entre
30 y 40 mil dólares, y los pilotos egresan con una licencia privada. Algunos la
obtienen con apenas 17 años de edad y apenas después de graduados son
incorporados por redes narcos.
El
negocio del crimen organizado se nutre también del descontrol en la provisión
del combustible aeronáutico. En aeropuertos bolivianos entre 500 y 600 mil
litros de av-gas son despachados cada mes sin un adecuado sistema de
trazabilidad. Ese combustible alimenta tanto a vuelos civiles como a las
narcoavionetas que cruzan la frontera norte de Argentina, en un espacio aéreo
con escasa vigilancia.
El
6 de julio de 2015, en un solo procedimiento fuerzas de seguridad de Paraguay,
incautaron diez avionetas que se utilizaban para traficar drogas hacia el
litoral argentino. Todas esas antiguas aeronaves -como ocurre en Bolivia-
habían sido importadas desde La Florida (Estados Unidos) como material aéreo en
desuso y habilitadas irregularmente en Asunción y otras ciudades paraguayas con
documentación fraguada y la complicidad de funcionarios públicos.
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